Cuando una amiga anuncia su embarazo y tú sigues esperando el tuyo
«Qué bonito verte cumplir este sueño, amiga».
Hay amistades que llevan tantos años acompañándonos que resulta difícil imaginar los grandes acontecimientos de nuestra vida sin compartirlos. Habéis celebrado cumpleaños, atravesado desengaños, imaginado futuros y mantenido conversaciones interminables sobre lo que algún día os gustaría vivir.
Quizá entre tantos proyectos también aparecía la maternidad, cuando todavía era una posibilidad lejana y hablar de hijos resultaba tan sencillo como imaginar unas vacaciones.
Y una tarde cualquiera, tu amiga te cuenta que está embarazada.
La noticia llega acompañada de una emoción que reconoces enseguida. Está feliz, casi incrédula, deseando contarte cómo se enteró, qué sintió su pareja y cuándo nacerá el bebé. Tú también te emocionas. La abrazas, le haces preguntas, te ríes con ella y empiezas a imaginarla como madre. La conoces demasiado bien para no comprender cuánto significa ese momento.
Solo que, mientras la escuchas, aparece un pensamiento que te sorprende por su delicadeza: cuánto te gustaría poder contarle tú también algo parecido.
No empaña su felicidad. Apenas es una pequeña melancolía que asoma entre las risas y que te recuerda tu propia espera. Porque tú también deseas ser madre, aunque tu camino esté resultando bastante diferente de aquel que imaginabas.
Quizá llevas meses intentando conseguir un embarazo. Puede que hayas pasado por pruebas médicas, recibido un diagnóstico inesperado o comenzado un tratamiento de reproducción asistida. Has aprendido a convivir con la incertidumbre, a interpretar resultados y a reunir paciencia cuando preferirías tener respuestas.
Tal vez todavía estés intentando recuperar la confianza después de un diagnóstico de infertilidad.
Y ahora, mientras tu amiga celebra una noticia maravillosa, tú continúas esperando la tuya.
La alegría de alguien a quien quieres
Cuando deseamos algo profundamente, es natural que nos conmueva verlo llegar a la vida de otra persona. Hay momentos en los que esa cercanía despierta recuerdos de las dificultades que hemos atravesado y otros en los que nos permite comprender con una sensibilidad especial la felicidad ajena.
Quizá antes no habrías prestado tanta atención a los detalles de un anuncio de embarazo. Ahora sabes cuánto puede significar una prueba positiva, la emoción de una primera ecografía o esa mezcla de ilusión y vértigo que acompaña al comienzo de una nueva vida.
Tu propia experiencia te ha enseñado a mirar la maternidad de una manera diferente. Has descubierto su complejidad, sus incertidumbres y cuánto puede llegar a desearse algo que, durante buena parte de nuestra vida, damos por supuesto.
Por eso te emociona tanto verla feliz.
Mientras habla, recuerdas alguna conversación antigua en la que imaginabais cómo serían vuestros hijos. Le preguntas si ya ha pensado en nombres y os reís recordando aquellos que os gustaban cuando erais más jóvenes. Durante un rato volvéis a ser las dos amigas de siempre, compartiendo confidencias, solo que ahora una de aquellas posibilidades lejanas está empezando a convertirse en realidad.
Y disfrutas sinceramente de ese momento.
No has olvidado tu deseo de ser madre, pero tampoco necesitas colocarlo entre tu amiga y su felicidad. Conoces bien el valor de lo que está viviendo y te alegra profundamente que pueda disfrutarlo.
Hay una generosidad discreta en esa manera de querer. La de ser capaces de acompañar una alegría sin convertirla en una comparación con nuestra propia vida. Una generosidad que no exige renunciar a los sentimientos personales, sino saber darles su lugar.
Dos historias que siguen creciendo
Cuando termina la conversación, quizá te quedes unos minutos pensando en todo lo que habéis hablado. Te hace sonreír imaginarla preparando la habitación del bebé o llamándote emocionada después de una ecografía. Y puede que, en esa misma tranquilidad, regreses por un instante a tus propias preocupaciones.
Tienes una consulta pendiente, un tratamiento que preparar o simplemente otro mes por delante en el que seguir intentándolo. La noticia de tu amiga no ha cambiado esas circunstancias, pero tampoco ha disminuido tu ilusión por continuar.
Con el paso de las semanas, habrá momentos que compartiréis con especial cariño. Te enseñará fotografías, te contará sus nuevas sensaciones y quizá te pida que la acompañes a comprar alguna de esas cosas diminutas que hacen tan real la llegada de un bebé.
También puede haber días en los que estés más cansada o en los que prefieras hablar de cualquier otra cosa. Las amistades verdaderas suelen encontrar espacio para esas diferencias, especialmente cuando existe la confianza necesaria para comprender lo que cada una está viviendo. A veces, el apoyo emocional durante los tratamientos de fertilidad llega precisamente de personas que no comparten nuestra experiencia, pero saben permanecer cerca con sensibilidad y afecto.
Y tú también estarás ahí cuando tu amiga tenga sus propias inquietudes. Porque el embarazo traerá alegrías, pero seguramente también preguntas, temores y días en los que necesite que alguien la escuche. Conocer de cerca el deseo de ser madre puede ayudarte a comprender algunas de esas emociones, aunque las circunstancias de ambas sean diferentes.
Mientras tanto, seguirás cuidando tu propio proyecto. Habrá decisiones que tomar, esperas que atravesar y momentos en los que necesitarás recuperar fuerzas. Continuarás haciendo lo que esté en tu mano para acercarte a ese embarazo que tanto deseas, sin dejar que la espera te aparte de las personas y de las pequeñas alegrías que forman parte de tu vida.
Quizá algún día seas tú quien la llame, emocionada, para contarle que estás embarazada. Ojalá podáis compartir también ese momento.
Pero hoy es ella quien tiene una noticia extraordinaria.
Y cuando vuelvas a verla, cuando te enseñe su barriga o te cuente que ha sentido moverse al bebé por primera vez, podrás abrazarla con la misma ternura con la que habéis compartido tantas otras cosas.
Tal vez sientas, durante un instante, el deseo de vivir algo semejante. Después volverás a escucharla, a disfrutar de su ilusión y a imaginar la nueva vida que está por llegar.
Porque mientras sigues esperando tu propia felicidad, también puedes celebrar de corazón la de alguien a quien quieres.
Y hay algo profundamente hermoso en esa manera de seguir queriendo.
Detrás de este abrazo
Durante mis años como embriólogo y director de una unidad de reproducción asistida he conocido muchas historias que me han permitido comprender hasta qué punto el deseo de tener un hijo puede transformar nuestra manera de vivir las relaciones y los acontecimientos cotidianos. También he aprendido mucho escuchando a amigos y personas cercanas que han compartido conmigo sus experiencias.
Siempre me ha conmovido la capacidad de tantas personas para conservar la generosidad, el cariño y la alegría por los demás mientras atraviesan sus propias dificultades reproductivas.
Este relato es una recreación literaria inspirada en esas vivencias humanas, no el testimonio de una persona concreta. Forma parte de mi deseo de acercar a Fertinotas aquello que también he descubierto acompañando a quienes buscan formar una familia: que la medicina reproductiva tiene una dimensión profundamente humana y que, junto a la ciencia, necesitamos comprensión, sensibilidad y pequeños gestos que nos recuerden el valor de seguir queriendo.
De ahí nacen estos abrazos.
Preguntas frecuentes
¿Es normal sentir melancolía cuando una amiga anuncia su embarazo?
Puede ocurrir, especialmente cuando llevas tiempo intentando quedarte embarazada. La noticia puede despertar recuerdos y sentimientos relacionados con tu propia espera, sin impedirte sentir una alegría sincera por tu amiga.
¿Puedo alegrarme por una amiga embarazada mientras atravieso dificultades reproductivas?
Sí. Ambas experiencias pueden convivir. El deseo de tener un hijo y las dificultades para conseguirlo no impiden necesariamente disfrutar de la felicidad de otras personas. Cada mujer vive estas situaciones de manera diferente.
¿Cómo cuidar una amistad cuando una está embarazada y la otra sigue buscando un embarazo?
La confianza, la comunicación y la sensibilidad pueden ayudar a mantener la cercanía. Compartir los momentos felices y respetar las circunstancias emocionales de cada una permite cuidar la relación sin necesidad de comparar sus experiencias.
Autor
Francisco Carrera Sorensen
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).

