Atresia folicular: entender por qué la mayoría de los folículos se detienen antes de ovular
Hay aspectos del funcionamiento del ovario que, pese a ser fundamentales, pasan desapercibidos hasta que alguien los explica con calma. La atresia folicular es uno de ellos. Detrás de este término técnico se esconde un fenómeno natural que acompaña al ovario desde antes del nacimiento y que determina cuántos folículos —y, por tanto, cuántos óvulos potenciales— llegarán a participar alguna vez en un ciclo menstrual.
Puede resultar sorprendente descubrir que la mayoría de esos folículos nunca llegará a la ovulación. Pero lejos de representar un fallo o un “desgaste”, la atresia es la forma en que el ovario regula su propio equilibrio. Es un proceso silencioso, ordenado y biológicamente necesario, que permite al órgano funcionar de manera estable durante décadas.
Comprender este mecanismo no solo ayuda a interpretar la reserva ovárica o a explicar por qué la fertilidad cambia con la edad. También permite relacionarse con el propio cuerpo con mayor serenidad, realismo y respeto. En este artículo recorremos el proceso desde su base biológica hasta la historia científica que lo explica, con un enfoque claro, didáctico y riguroso.
¿Qué es exactamente la atresia folicular?
La atresia folicular es el proceso fisiológico mediante el cual muchos folículos del ovario dejan de desarrollarse y son eliminados de manera progresiva. Cada folículo es una pequeña unidad compuesta por un ovocito inmaduro y por las células que lo rodean —principalmente las células de la granulosa y de la teca—, que lo nutren, regulan y acompañan en su maduración.
El ovario humano produce millones de folículos durante la vida fetal, pero solo puede mantener una fracción de ellos. Los demás se eliminan a través de mecanismos de muerte celular programada, sin inflamación ni daño tisular. La atresia, lejos de ser un error, es una estrategia biológica eficiente.
Por qué ocurre la atresia
La atresia no responde a la idea intuitiva de una “selección del mejor”. La biología ovárica es más compleja y, al mismo tiempo, más elegante. Para comprenderla es fundamental distinguir dos grandes etapas del desarrollo folicular.
- Fase gonadotropina-independiente: la etapa sin FSH
Durante la vida fetal y buena parte de la infancia, los folículos se desarrollan guiados por señales internas del propio ovario, sin intervención de hormonas como la FSH. En esta etapa, que incluye los estadios primordial, primario, secundario y preantral, ocurre la mayor parte de la atresia.
Muchos folículos no logran mantener la comunicación celular necesaria, no completan sus primeras fases de maduración o, simplemente, forman parte de un número inicial tan elevado que el ovario no puede sostenerlos. Su eliminación, por tanto, es un proceso fisiológico.
- Fase gonadotropina-dependiente: cuando el folículo responde a la FSH
Cuando un folículo alcanza la fase antral, puede percibir la FSH, la hormona que inicia el ciclo menstrual. A partir de aquí, la dinámica se vuelve cíclica.
Al inicio de cada ciclo, una pequeña elevación de FSH recluta a los folículos que, en ese momento concreto, se encuentran en la fase adecuada de maduración. No es una cuestión de “calidad”, sino de sincronía. De ese grupo, uno desarrollará mayor sensibilidad hormonal y se convertirá en el folículo dominante.
Los demás se atresian en cuestión de días. Así ocurre mes tras mes, durante décadas.
¿Cuántos folículos se pierden y cuándo ocurre?
Cuando se observan los números, la magnitud del proceso se vuelve evidente. Durante la vida fetal, el ovario contiene entre seis y siete millones de folículos, el máximo que tendrá en su historia. Sin embargo, esta abundancia se reduce de forma drástica incluso antes del nacimiento: al nacer, la reserva ovárica se ha ajustado a unas trescientas o cuatrocientas mil unidades.
Durante la infancia y la prepubertad, la atresia continúa de forma silenciosa. No genera síntomas, pero sigue moldeando el número de folículos que llegarán a la etapa adulta. Con la pubertad, el proceso se reorganiza siguiendo el ritmo de los ciclos menstruales: cada mes, un pequeño grupo de folículos inicia su desarrollo, y solo uno de ellos llegará a ovular. El resto desaparece por atresia.
Al final de la vida reproductiva, la atresia se acelera, hasta que el ovario deja de tener un número suficiente de folículos en condiciones de sostener ciclos ovulatorios. A lo largo de toda la vida, solo entre 300 y 500 folículos llegarán realmente a ovular.
Qué ocurre exactamente con los folículos que se atresian
Cuando un folículo entra en atresia, no “desaparece” de manera súbita. Se trata de un proceso ordenado, regulado y completamente fisiológico.
Todo comienza con un fallo en la comunicación entre el ovocito y las células de la granulosa, que son responsables de nutrirlo y regular su entorno. Al perderse esta interacción, las células de la granulosa inician apoptosis, un mecanismo de muerte celular programada que permite eliminar estructuras sin inflamación.
El ovocito, que depende por completo de estas células, también degenera de forma progresiva. Su metabolismo se detiene, su material genético se fragmenta y la estructura desaparece. Mientras esto ocurre, células del sistema inmunitario presentes en el ovario —principalmente macrófagos— eliminan los restos y remodelan el tejido, de modo que el folículo atrésico no deja cicatrices ni altera el funcionamiento ovárico.
La atresia, por tanto, no es un colapso, sino una depuración fisiológica que mantiene la salud del órgano.
Cómo se selecciona el folículo dominante
La selección del folículo que llegará a la ovulación es uno de los procesos más refinados del organismo. En cada ciclo, varios folículos antrales responden a la elevación inicial de FSH, pero pequeñas diferencias en su estado de maduración determinan que solo uno tenga la sensibilidad hormonal suficiente para continuar creciendo incluso cuando los niveles de FSH comienzan a descender.
Ese folículo dominante es el que finalmente ovula. Los demás, al no poder sostener ese ritmo, entran en atresia.
Atresia y reserva ovárica: comprender la conexión
La reserva ovárica es, en esencia, el resultado numérico de décadas de atresia. No es un depósito que pueda preservarse mediante hábitos, suplementos o estilos de vida; es una característica intrínseca del ovario humano. La edad es el factor más determinante porque refleja simplemente el tiempo que el órgano lleva sometido a esta dinámica.
Comprenderlo desde esta perspectiva permite situar la fertilidad en un marco más objetivo, sin culpabilizar ni atribuir responsabilidades personales a un proceso que es puramente biológico.
¿Puede evitarse la atresia?
No, y tampoco sería deseable hacerlo.
La atresia es parte fundamental de la fisiología ovárica: elimina folículos que no pueden continuar, regula la actividad del órgano y mantiene un equilibrio necesario para que la ovulación sea posible.
No depende del estilo de vida, del estrés ni de hábitos personales.
Lo que sabemos gracias a la ciencia: de los primeros microscopios a la biología molecular
Durante las décadas de 1960 a 1980, el investigador T.G. Baker analizó ovarios humanos mediante histología —la observación microscópica de tejidos— y demostró que el número máximo de folículos se alcanza en el feto y que la mayor parte de ellos se pierde antes del nacimiento. Este hallazgo transformó nuestra comprensión de la reserva ovárica.
En los años 70 y 80, H. Peters y K. McNatty describieron con detalle cómo se ve un folículo atrésico bajo el microscopio, identificando cambios en las células de la granulosa y la teca, así como señales de apoptosis. Sus trabajos permitieron reconocer la atresia como un proceso estructurado y no como una mera desaparición.
En el año 2000, McGee y Hsueh integraron décadas de investigación en un modelo que distingue dos fases del desarrollo folicular —una independiente y otra dependiente de la FSH— y explicaron el concepto de reclutamiento folicular y la ventana hormonal que permite la selección del dominante.
Más recientemente, estudios moleculares han desvelado los mecanismos íntimos de la atresia. En 2021, Pla y colaboradores, en un artículo publicado en Human Reproduction, analizaron el proteoma del líquido folicular de pequeños folículos antrales e identificaron señales distintivas de la atresia: alteraciones metabólicas, estrés oxidativo y activación de vías de apoptosis. Este tipo de investigaciones muestra que la atresia no es un fenómeno pasivo, sino un proceso biológicamente regulado.
Preguntas frecuentes sobre atresia folicular
¿Por qué desaparecen tantos folículos?
Porque el ovario produce más folículos de los que puede sostener y, desde la vida fetal, regula su número mediante atresia.
¿El ovocito también muere cuando un folículo se atresia?
Sí. Sin el apoyo de las células de la granulosa, el ovocito no puede sobrevivir y degenera de forma ordenada.
¿La atresia acelera la menopausia?
No. La menopausia ocurre cuando quedan pocos folículos capaces de responder a las hormonas, no por una atresia “anómala”.
¿Puede evitarse la atresia?
No. Es un proceso fisiológico necesario para el equilibrio del ovario.
¿Por qué un solo folículo llega a ovular?
Porque es el único que, en ese ciclo concreto, se encuentra en la fase exacta de maduración para responder a la FSH durante la ventana hormonal inicial.
¿La atresia duele o produce síntomas?
No. Es completamente silenciosa.
Un proceso silencioso que sostiene la fertilidad
La atresia folicular no es una anomalía ni una pérdida injustificada. Es una de las claves del funcionamiento del ovario, un proceso que regula cuántos folículos pueden continuar adelante y que permite que la ovulación se mantenga durante décadas.
Cuando entendemos este mecanismo con profundidad y claridad, la fertilidad deja de ser un misterio desconcertante y se convierte en una expresión más de la sabiduría del cuerpo. La ciencia, cuando se explica bien, no solo informa: también acompaña.
Autor
Francisco Carrera
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).
