Genética e infertilidad masculina: cuándo se estudia y qué puede aportar
«Vamos a completar el estudio con unas pruebas genéticas».
Quizá has escuchado esta frase después de un seminograma o de una analítica hormonal. Hasta entonces, la conversación giraba alrededor del número de espermatozoides, su movilidad o la testosterona. Ahora aparecen nombres como cariotipo, cromosoma Y o CFTR, y resulta natural preguntarse qué pueden aportar esos análisis.
También puede sorprender que se proponga estudiar la genética cuando uno se encuentra bien y no conoce dificultades reproductivas en su familia. La explicación está en lo que se intenta averiguar: algunas causas de infertilidad afectan a procesos muy concretos, como la formación de los espermatozoides o el desarrollo de los conductos que los transportan.
Cada prueba observa una parte diferente de esa información. Comprender qué busca permite situar mejor sus resultados y conversar con el equipo clínico sobre lo que significan para ti y, cuando corresponda, para vuestra planificación reproductiva.
Idea clave:
Las pruebas genéticas pueden ayudar a identificar algunas causas de infertilidad masculina y orientar las decisiones reproductivas. Se eligen según los hallazgos de cada hombre. Su resultado necesita interpretarse junto con el seminograma, la exploración y los antecedentes: importa tanto lo que se encuentra como lo que la prueba permite estudiar.
Qué relación tienen los genes con la fertilidad masculina
Para acercarnos a estas pruebas conviene distinguir tres palabras que suelen aparecer juntas: ADN, genes y cromosomas.
El ADN contiene nuestras instrucciones biológicas. Los genes son segmentos de ese ADN que intervienen en funciones concretas, por ejemplo, proporcionando las instrucciones para fabricar una proteína. Los cromosomas son las estructuras en las que se organiza buena parte de ese material dentro de las células.
Si imaginamos unas instrucciones reunidas en varios volúmenes, una prueba puede comprobar si están todos y cómo se organizan, mientras que otra examina determinados pasajes. Esta diferencia de escala explica por qué hay pruebas que estudian cromosomas y otras que analizan genes concretos.
Formar espermatozoides requiere la participación coordinada de muchas de esas instrucciones. Las células que les dan origen deben dividirse, repartir sus cromosomas y transformarse hasta adquirir una cabeza y una cola con funciones especializadas.
Algunas alteraciones genéticas pueden dificultar ese proceso. Otras afectan al desarrollo de las estructuras que permiten transportar los espermatozoides. Por eso, el estudio genético puede tener sentido ante problemas reproductivos diferentes, aunque todos terminen manifestándose en el semen.
Genético no significa necesariamente heredado
La palabra «genético» indica que existe una relación con el material genético. «Hereditario» describe su transmisión de una generación a otra.
Una alteración puede haberse recibido de un progenitor o haber aparecido por primera vez. Además, algunas variantes pueden estar presentes en una familia sin haber causado manifestaciones reconocibles.
Por tanto, que tus padres o hermanos hayan tenido hijos no resuelve por sí solo la pregunta sobre una posible causa genética. Los antecedentes son una parte del estudio, junto con lo que se observa en tu caso.
Cuándo se solicitan pruebas genéticas
La propuesta suele surgir al relacionar los resultados del estudio de fertilidad masculina. El seminograma muestra qué espermatozoides llegan al eyaculado; la exploración y las hormonas ayudan a comprender qué puede estar ocurriendo antes.
Si hay muy pocos espermatozoides, el especialista valora si los testículos tienen dificultades para producirlos. Cuando existe azoospermia, es decir, ausencia de espermatozoides en el eyaculado tras su estudio adecuado, también necesita distinguir entre un problema de producción y uno de transporte.
La analítica hormonal masculina aporta información a esa interpretación. Por ejemplo, las señales hormonales y el tamaño de los testículos pueden orientar hacia una producción espermática reducida.
Las indicaciones varían según la prueba. Como referencia, las recomendaciones europeas sobre el estudio genético masculino contemplan el cariotipo ante azoospermia o concentraciones inferiores a cinco millones de espermatozoides por mililitro. Para las microdeleciones del cromosoma Y recomiendan estudiarlas con concentraciones de un millón o menos y considerar el análisis por debajo de cinco millones. Estas cifras se interpretan dentro de la valoración clínica y de la causa que se sospecha.
El cariotipo: observar los cromosomas en conjunto
El cariotipo permite examinar el número y la organización de los cromosomas. El resultado masculino habitual se expresa como 46,XY: 46 cromosomas, entre ellos un X y un Y.
Generalmente se realiza a partir de una extracción de sangre. El laboratorio estudia los cromosomas de células de esa muestra, sin necesidad de analizar directamente los espermatozoides.
Este detalle ayuda a entender su alcance: el cariotipo permite detectar determinadas alteraciones cromosómicas, pero no examina letra por letra todas las instrucciones del ADN.
Uno de los posibles hallazgos es un cromosoma X adicional, como ocurre habitualmente en el síndrome de Klinefelter, expresado como 47,XXY. Sus manifestaciones varían y algunos hombres reciben el diagnóstico durante el estudio de fertilidad. Puede afectar a la función testicular, por lo que conocerlo también ayuda a organizar un seguimiento de salud adecuado.
En otras ocasiones, el número de cromosomas es el esperado, pero algunos fragmentos han cambiado de posición. Una translocación equilibrada es una reorganización sin pérdida o ganancia apreciable de material genético. El hombre puede encontrarse bien, aunque esa distribución puede complicar el reparto de los cromosomas durante la formación de los espermatozoides.
El resultado necesita, por ello, una explicación individual. Identificar una reorganización cromosómica permite estudiar sus implicaciones; por sí sola, su presencia no anticipa el desenlace de cada embarazo.
Microdeleciones del cromosoma Y: cuando falta un pequeño fragmento
«Deleción» significa pérdida de un fragmento de material genético. El prefijo «micro» indica que es pequeño y necesita técnicas específicas para detectarse.
El cromosoma Y contiene regiones relacionadas con la producción de espermatozoides. Algunas se conocen como AZFa, AZFb y AZFc. La pérdida de material en ellas puede dificultar esa producción, pero sus consecuencias dependen de qué región esté afectada y de cuánto material falte.
Por eso, un cariotipo normal y una microdeleción pueden coexistir: las dos pruebas observan el material genético con distinto nivel de detalle.
La distinción entre una pérdida completa y una parcial tiene consecuencias prácticas. Cuando se confirma una deleción completa de AZFa o AZFb, las recomendaciones desaconsejan la cirugía para buscar espermatozoides por su pronóstico extremadamente desfavorable. En las deleciones de AZFc, algunos hombres conservan producción espermática y la valoración puede ser diferente.
Las recomendaciones EAA/EMQN para estudiar microdeleciones del cromosoma Y insisten en caracterizar correctamente la pérdida antes de utilizar el resultado para orientar esas decisiones. EAA y EMQN son, respectivamente, la Academia Europea de Andrología y la Red Europea de Calidad en Genética Molecular.
También puede haber implicaciones para la descendencia. Si se consigue un embarazo utilizando espermatozoides de un hombre con una microdeleción del Y, los hijos varones que hereden ese cromosoma recibirán también la deleción. Su repercusión sobre la fertilidad futura puede variar; merece explicarse específicamente durante el asesoramiento genético.
CFTR: una prueba relacionada con los conductos que transportan los espermatozoides
Los espermatozoides se forman en los testículos y después pasan al epidídimo, una estructura donde maduran. Desde allí avanzan por los conductos deferentes, que forman parte del recorrido hacia el eyaculado.
Algunos hombres nacen sin ambos conductos. Puede haber producción espermática, pero falta una parte de la vía de salida. Esta situación puede relacionarse con variantes del gen CFTR.
CFTR contiene las instrucciones para una proteína que regula el paso de determinadas sales a través de las células. Algunas combinaciones de variantes causan fibrosis quística; otras pueden manifestarse principalmente como una alteración reproductiva. Por eso, la ausencia congénita de conductos deferentes relacionada con CFTR puede descubrirse en un hombre sin las manifestaciones respiratorias o digestivas más conocidas de esa enfermedad.
Aquí resulta útil recordar que, en la mayoría de los genes, tenemos dos copias, una procedente de cada progenitor. Para interpretar las condiciones relacionadas con CFTR importa conocer las variantes presentes y cómo se combinan.
Cuando se identifican hallazgos relevantes o la ausencia de los conductos deferentes, puede estar indicado estudiar también a la pareja que aporta los ovocitos. El objetivo es valorar qué combinación podría recibir un hijo y qué consecuencias podría tener. Las recomendaciones AUA/ASRM sobre evaluación genética de la pareja recogen esta valoración. El riesgo depende de los resultados concretos de ambos.
Cuándo pueden plantearse estudios más amplios
En casos seleccionados pueden considerarse paneles que examinan varios genes o técnicas como la secuenciación del exoma. Esta última estudia muchas de las regiones del ADN que contienen instrucciones para producir proteínas.
Su utilidad está creciendo en determinados problemas de producción, forma o funcionamiento espermático. Sin embargo, analizar más información también puede generar hallazgos difíciles de interpretar. La elección necesita una pregunta clínica definida y una valoración de lo que el análisis puede aportar.
Qué puede cambiar cuando llega el resultado
La información genética puede ayudar a aclarar una causa, orientar la búsqueda de espermatozoides o valorar implicaciones para la descendencia. En algunos casos también señala aspectos de la salud del hombre que conviene seguir.
El asesoramiento genético permite reunir esas cuestiones en una conversación. El profesional explica qué se ha encontrado, cuánto se sabe sobre su significado y qué opciones pueden valorarse. También permite preguntar por las consecuencias prácticas y revisar las dudas que surgen después de leer el informe.
A veces hay que distinguir dos preguntas: si es posible conseguir espermatozoides utilizables y qué implicaciones genéticas tendría emplearlos. Resolver una no responde automáticamente a la otra.
La ICSI, por ejemplo, consiste en introducir un espermatozoide en el ovocito para facilitar la fecundación. Ese procedimiento no modifica su información genética.
Cuando existe una indicación concreta, puede valorarse estudiar los embriones obtenidos mediante fecundación in vitro. El nombre general de estas pruebas es PGT, pero hay modalidades diferentes.
El PGT-M busca una alteración concreta relacionada con una enfermedad causada por un gen. El PGT-SR estudia posibles pérdidas o ganancias de material derivadas de una reorganización cromosómica presente en uno de los progenitores. El PGT-A evalúa alteraciones en el número de cromosomas.
Las recomendaciones de ESHRE sobre estudios genéticos preimplantacionales distinguen estas finalidades. Saber qué se pretende estudiar evita pensar que cualquier análisis embrionario responde a todas las preguntas genéticas.
Antes de decidir, deben explicarse la viabilidad técnica, los límites y las alternativas. La orientación de ASRM sobre PGT-M recuerda además que el estudio embrionario no elimina toda posibilidad de error ni sustituye la conversación sobre las pruebas durante el embarazo.
Cuando las pruebas no encuentran una explicación
Un informe sin alteraciones detectadas puede ser una información útil, pero necesita leerse teniendo en cuenta qué se ha analizado. Un cariotipo normal indica que no se han identificado las alteraciones cromosómicas que esa técnica permite observar; no equivale a haber examinado todo el ADN.
Puede ocurrir que la causa quede fuera del alcance de las pruebas realizadas o que intervengan varios factores. La valoración continúa con esa información, junto con los demás resultados.
En estudios más amplios también puede aparecer una «variante de significado incierto». Se ha encontrado un cambio, pero falta evidencia para saber si influye en el problema. Por sí solo, ese hallazgo no permite atribuirle la dificultad reproductiva ni asumir que causará una enfermedad en un hijo.
La interpretación de los resultados genéticos distingue estas situaciones. En ocasiones se necesitan otros datos o una revisión posterior, cuando exista más conocimiento sobre la variante.
Por qué la fragmentación del ADN espermático es diferente
Durante una búsqueda en internet es fácil encontrar todas estas pruebas juntas. Comparten referencias al ADN, aunque estudian aspectos distintos.
La fragmentación del ADN espermático evalúa daños o roturas en el material genético de los espermatozoides de una muestra. El cariotipo, las microdeleciones y el análisis de CFTR buscan otros tipos de cambios. Sus resultados no son intercambiables.
De forma parecida, las pruebas embrionarias examinan una muestra de células del embrión con una finalidad concreta. Comprender estas diferencias ayuda a situar cada análisis dentro del estudio, sin pensar que uno de ellos ofrece una valoración completa de toda la genética reproductiva.
Entender qué se está buscando
Una solicitud de pruebas se comprende mejor cuando viene acompañada de su propósito. «¿Qué buscamos en mi caso?» y «¿qué podría cambiar según el resultado?» son preguntas que pueden orientar la conversación desde el principio.
Si el informe incorpora una palabra nueva, merece una explicación que la conecte con tu situación. Puede que aporte una causa, que ayude a elegir el siguiente paso o que deje una pregunta abierta. En cualquiera de esos escenarios, lo útil es saber qué información tenemos y cómo puede contribuir a las decisiones que vienen después.
Preguntas frecuentes
¿Estas pruebas se hacen con sangre o con semen?
El cariotipo y muchos estudios genéticos se realizan habitualmente con una muestra de sangre. Algunos análisis de ADN admiten otras muestras, según la técnica y el laboratorio. Las pruebas de fragmentación espermática, en cambio, estudian espermatozoides del semen. El centro indicará qué muestra necesita.
¿Pueden solicitarse aunque no haya antecedentes familiares de infertilidad?
Sí. Algunas alteraciones aparecen por primera vez en una persona y otras pueden estar presentes en una familia sin manifestaciones reconocidas. La indicación también depende de la exploración, el seminograma y los demás hallazgos clínicos.
¿Mi pareja necesitará las mismas pruebas?
No necesariamente. Si aparece un hallazgo con posibles implicaciones para la descendencia, puede recomendarse una valoración de la pareja. Las pruebas se eligen según esa información y no tienen por qué coincidir con todo el estudio realizado al hombre.
Sobre este contenido divulgativo
Este contenido ofrece información médica de carácter divulgativo y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el asesoramiento individual de un profesional sanitario.
La indicación y la interpretación de las pruebas genéticas corresponden al equipo clínico de reproducción, urología o andrología y, cuando proceda, genética clínica.
Autor
Francisco Carrera Sorensen
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).


