Cómo se detecta la toxoplasmosis en la embarazada y en su bebé

Tubos de sangre y material de laboratorio para diagnóstico de toxoplasmosis en el embarazo

Cómo se detecta la toxoplasmosis en el embarazo

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Hay momentos durante el embarazo en los que una simple hoja de resultados genera más preguntas que respuestas.

Sucede, por ejemplo, cuando llegan los primeros análisis y aparecen siglas que no resultan familiares —IgG, IgM— acompañadas del nombre de una infección que quizá solo se ha escuchado de pasada, como la toxoplasmosis.

En ese instante no suele haber una idea clara de lo que significan esos valores, ni de si son buenos o malos. Lo que aparece es algo más básico: la duda. Si la infección ya se ha pasado, si existe algún riesgo, si puede tener alguna repercusión para el bebé. Y muchas veces esa duda no se resuelve mirando el resultado una segunda vez, porque el problema no está en los números, sino en que falta el contexto.

La toxoplasmosis es una infección que, en la mayoría de los casos, pasa desapercibida. No suele dar síntomas claros y, precisamente por eso, durante el embarazo su detección no se basa en lo que se siente, sino en lo que se analiza. Se detecta a través de pruebas en sangre que estudian algo muy concreto: la respuesta del organismo frente al parásito.

Aquí es donde aparecen esas siglas que, al principio, pueden parecer técnicas o difíciles de interpretar. Sin embargo, cuando se explican bien, tienen una lógica bastante clara.

Y entender esa lógica cambia por completo la forma de ver una analítica, porque deja de ser una lista de términos incomprensibles y pasa a ser una herramienta que permite situarse: saber si ha habido contacto previo con el parásito, si existe riesgo actual o si es necesario un seguimiento más estrecho.

Ese es el objetivo de este artículo: no solo explicar qué significan la IgG o la IgM, sino ayudarte a entender qué están diciendo realmente sobre tu situación.

Qué pruebas se utilizan para diagnosticar la toxoplasosis en la embarazada

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Después de la primera analítica, muchas mujeres descubren algo que no esperaban: la toxoplasmosis no se detecta por cómo una se siente.

No hay, en la mayoría de los casos, un síntoma que haga sospechar claramente la infección. No suele dar señales evidentes y, precisamente por eso, durante el embarazo no se espera a que aparezcan síntomas para investigarla. Se busca de forma activa.

La detección se realiza mediante un análisis de sangre que forma parte de los controles habituales del embarazo en muchos protocolos, especialmente al inicio.

Es una prueba sencilla, pero muy informativa, porque permite saber si el organismo ha estado en contacto con el parásito en el pasado o si existe la posibilidad de una infección reciente.

Sin embargo, este análisis no busca directamente al parásito. Lo que analiza es la respuesta del sistema inmunitario. Y ahí es donde entran en juego dos conceptos que suelen generar muchas dudas: la IgG y la IgM.

Infografía sobre diagnóstico de toxoplasmosis en el embarazo mediante análisis de sangre, IgG, IgM y PCR en líquido amniótico

Qué son la IgG y la IgM y por qué son importantes

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Cuando el organismo entra en contacto con un microorganismo, como el parásito de la toxoplasmosis, pone en marcha un sistema de defensa. Parte de esa respuesta consiste en producir unas proteínas llamadas anticuerpos.

Más allá del término técnico, lo importante es entender su función. Los anticuerpos son una forma de memoria del sistema inmunitario. Permiten saber si el cuerpo ya ha estado en contacto con ese microorganismo y, en cierta medida, cuándo ocurrió.

En el caso de la toxoplasmosis, los dos anticuerpos que se analizan son la IgG y la IgM, y cada uno aporta una información distinta.

La IgG es el anticuerpo que aparece cuando la infección ya ha pasado. No surge de forma inmediata, pero una vez presente suele permanecer en el organismo durante mucho tiempo, a veces toda la vida. Por eso, cuando una analítica muestra IgG positiva, lo que indica es que el organismo ha tenido contacto previo con el parásito.

Durante el embarazo, este dato suele ser tranquilizador, porque implica que el cuerpo reconoce al parásito y tiene cierta capacidad de respuesta frente a él.

La IgM, en cambio, tiene un comportamiento diferente. Es el anticuerpo que aparece en fases más tempranas de la infección y su presencia puede sugerir un contacto reciente o relativamente reciente. Sin embargo, aquí es donde conviene detenerse.

La IgM no es un marcador perfecto de infección actual. Puede permanecer positiva durante meses después de una infección pasada, por lo que su interpretación nunca se hace de forma aislada.

No basta con ver una IgM positiva para concluir que existe una infección reciente. Es necesario analizar el conjunto de los datos.

Cómo interpretar los resultados de toxoplasmosis en el embarazo

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Cuando se reciben los resultados, lo habitual es buscar una respuesta clara: saber si todo está bien o si hay algo que debería preocupar. Sin embargo, la interpretación de estos análisis no funciona como un “sí o no”. Lo que muestran es una combinación de datos que hay que entender en conjunto.

Cuando la IgG es positiva y la IgM es negativa, el escenario es, en general, tranquilizador. Indica que el organismo ha estado en contacto con el parásito en el pasado y ha desarrollado una respuesta inmunológica. La infección no es reciente y, en la práctica, esto implica que el riesgo durante el embarazo es muy bajo.

Cuando tanto la IgG como la IgM son negativas, la situación es distinta. No ha habido contacto previo con el parásito y, por tanto, no existe inmunidad. Esto no implica que haya infección, sino que el organismo es susceptible a un primer contacto, por lo que las medidas de prevención adquieren mayor importancia.

El escenario que genera más dudas es aquel en el que la IgM es positiva, con o sin IgG. En este caso, la presencia de IgM puede sugerir una infección reciente, pero no la confirma por sí sola. Como ya hemos visto, puede permanecer positiva durante meses después de una infección pasada, por lo que es necesario ampliar el estudio para interpretar correctamente la situación.

 

La avidez de la IgG: situar el momento de la infección

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Cuando existen dudas sobre cuándo se produjo el contacto con el parásito, se incorpora una prueba adicional: la avidez de la IgG.

Aunque el término pueda sonar técnico, la idea es sencilla. La avidez mide la fuerza con la que los anticuerpos se unen al parásito. Al inicio de la infección esa unión es más débil, y con el paso del tiempo se vuelve más fuerte.

Este concepto tiene una aplicación clínica muy concreta. En una revisión publicada en Clinical Microbiology and Infection, Garnaud y colaboradores muestran que una avidez alta en el primer trimestre permite descartar con bastante seguridad una infección reciente, mientras que una avidez baja no confirma por sí sola que la infección sea actual y debe interpretarse junto con el resto de datos.

 

Qué ocurre si hay sospecha de infección reciente

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Cuando una analítica sugiere que el contacto con el parásito podría ser reciente, el enfoque no es asumir lo peor, sino confirmar con precisión lo que está ocurriendo.

Lo habitual es repetir las pruebas o completarlas con estudios adicionales que permitan situar mejor el momento de la infección. También puede analizarse la evolución de los anticuerpos en el tiempo, ya que su comportamiento aporta información relevante.

El diagnóstico no se basa en un único resultado aislado, sino en una evaluación progresiva.

Cómo se estudia si el bebé puede estar afectado

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Si se confirma o se considera probable una infección durante el embarazo, el siguiente paso es valorar si el parásito ha podido llegar al bebé.

Es importante entender que no todas las infecciones maternas implican transmisión al feto. Para estudiarlo, se utiliza la PCR en líquido amniótico, una técnica que permite detectar directamente el material genético del parásito.

En un metaanálisis publicado en Journal of Tropical Medicine, esta prueba mostró una sensibilidad aproximada del 85% y una especificidad cercana al 99%, lo que la convierte en una herramienta muy fiable cuando está indicada.

El seguimiento se completa con ecografías que permiten valorar el desarrollo del bebé y detectar posibles signos indirectos.

 

Orientación clínica cuando hay transmisión fetal

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Cuando se confirma la transmisión, la situación requiere un seguimiento más estrecho, pero no tiene un único desenlace.

El pronóstico depende de varios factores, entre ellos el momento del embarazo en el que se produce la infección, el inicio del tratamiento y los hallazgos en las pruebas de imagen.

En una revisión publicada en Seminars in Perinatology, se describe que muchos fetos infectados pueden no presentar alteraciones visibles durante la gestación. Esto ayuda a entender que la evolución no es uniforme ni automática.

Qué hacer si tienes dudas con tu analítica

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Una analítica no es un diagnóstico por sí sola, sino una herramienta que necesita interpretarse en contexto.

Por eso, si al ver los resultados aparecen dudas, lo más útil es comentarlas con el profesional que sigue el embarazo. La misma cifra puede tener significados distintos según la situación concreta, y es ahí donde la explicación personalizada marca la diferencia.

Entender para decidir con tranquilidad

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Recibir una analítica durante el embarazo puede generar inquietud, especialmente cuando aparecen términos poco familiares.

Pero cuando se entienden, esos resultados dejan de ser una fuente de incertidumbre y pasan a ser una herramienta. Una forma de saber dónde estás, qué significa lo que aparece en el informe y qué pasos, si es que son necesarios, conviene dar a continuación.

Porque, en el embarazo, muchas veces lo que más tranquilidad aporta no es tener más datos, sino entender bien los que ya están ahí.

Preguntas frecuentes sobre diagnóstico de toxoplasmosis en el embarazo

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¿Si tengo IgG positiva debo preocuparme?

No. En la mayoría de los casos, una IgG positiva indica que el contacto con el parásito se produjo en el pasado y que el organismo ha desarrollado una respuesta inmunológica. Durante el embarazo, este dato suele ser tranquilizador, porque implica que el cuerpo ya reconoce al parásito y dispone de cierta capacidad de respuesta frente a él.

 

¿Una IgM positiva significa que tengo una infección reciente?

No necesariamente. La IgM es un marcador que puede aparecer en fases tempranas de la infección, pero también puede permanecer positiva durante meses después de haberla pasado. Por eso, su interpretación nunca se hace de forma aislada y siempre requiere valorar el conjunto de los resultados.

 

¿Se repiten los análisis de toxoplasmosis durante el embarazo?

Depende del resultado inicial. Cuando no existe inmunidad previa, es decir, cuando la IgG es negativa, lo habitual es repetir los análisis a lo largo del embarazo para detectar un posible contacto reciente. Este seguimiento permite actuar de forma precoz si fuera necesario.

 

¿La toxoplasmosis siempre afecta al bebé?

No. La transmisión al feto no ocurre en todos los casos. Incluso cuando la madre adquiere la infección durante el embarazo, el paso del parásito al bebé depende de varios factores, entre ellos el momento de la gestación y la evolución del proceso.

 

¿Las pruebas para estudiar al bebé se realizan siempre?

No. Solo se plantean cuando existe una sospecha fundada de infección reciente durante el embarazo. En ese contexto, se utilizan técnicas específicas para valorar si ha habido transmisión, pero no forman parte del estudio rutinario.

 

¿Debo interpretar los resultados por mi cuenta?

No es lo más recomendable. Aunque la información sea accesible, los resultados de una analítica tienen matices que dependen del contexto individual. Comentarlos con el profesional que sigue el embarazo permite interpretarlos con precisión y evitar conclusiones erróneas

Autor

Francisco A. Carrera S.

Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).

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