Vitrificación de óvulos: lo que nos enseñan 15 años de experiencia real
Cuando una mujer congela sus óvulos, guarda algo más que células: guarda posibilidades. Sueños. Opciones futuras que, tal vez, le permitan decidir más adelante cuándo, cómo y si desea ser madre.
Pero la gran pregunta siempre ha estado ahí: ¿qué pasa realmente con esos óvulos congelados? ¿Funcionan? ¿Ofrecen una oportunidad real o solo una promesa lejana?
Un estudio reciente publicado en Reproductive BioMedicine Online (2025) nos ayuda a responder estas preguntas con datos concretos, reales, nacidos de 15 años de seguimiento en la vida real.
Vamos a descubrirlo juntos.
De vitrificar a volver: la historia que los números cuentan
En medicina reproductiva, cada historia es única. Pero cuando cientos de casos se documentan y se analizan con rigor, lo que emerge es algo poderoso: conocimiento que puede acompañar mejor a quienes hoy se plantean preservar su fertilidad.
El equipo de la London Women’s Clinic revisó 332 ciclos de desvitrificación realizados en 299 pacientes, a partir de los 3182 ciclos de vitrificación que habían realizado entre 2008 y 2022.
En esencia, querían saber:
¿Qué sucede años después, cuando una mujer regresa a buscar en sus óvulos vitrificados la oportunidad de un embarazo?
Este análisis ofrece respuestas basadas en la vida real, no en hipótesis.
¿Qué revelaron los datos?
Los resultados reflejan lo que la ciencia y la experiencia clínica ya intuían… pero ahora con cifras sólidas:
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Cuando los óvulos se vitrificaron antes de los 35 años, la tasa de nacidos vivos por embrión transferido fue del 31%.
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Entre los 35 y los 39 años, esa tasa cayó al 20%.
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Y en mujeres de 40 años o más, bajó hasta el 10%.
Si miramos la tasa acumulada de nacidos vivos por paciente, los números también acompañan esta tendencia:
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59% de éxito si se vitrificó antes de los 35.
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34% entre 35 y 39.
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Solo 11% a partir de los 40 años.
Estos datos no solo hablan de vitrificación: son un recordatorio amable de la importancia del factor edad en fertilidad.
(¿Te interesa saber más sobre cómo influye la edad? Puedes descubrirlo aquí.)
El impacto del PGT-A: cuando conocer mejora las opciones
Algo muy interesante que observaron fue el papel del diagnóstico genético preimplantacional (PGT-A).
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Cuando los embriones fueron analizados genéticamente antes de la transferencia, la tasa de éxito se duplicó:
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40% de nacidos vivos en embriones analizados,
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frente a 21% en embriones no analizados.
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Esto tiene todo el sentido: al identificar embriones genéticamente normales, se maximiza la probabilidad de embarazo y se minimizan riesgos de fallos o pérdidas tempranas.
Si quieres saber más sobre cómo funciona el PGT-A y su papel en reproducción asistida, te lo contamos en otro artículo de Fertinotas.
¿Y qué pasa con quienes no regresaron?
Un dato que podría llamar la atención: el 86% de las mujeres que vitrificaron sus óvulos no regresaron a usarlos.
¿Fracaso de la técnica? Para nada.
Porque vitrificar no es una promesa de uso, es una herramienta de libertad.
Muchas mujeres encontraron pareja y concibieron de forma natural.
Otras cambiaron sus proyectos de vida.
Y algunas simplemente no necesitaron esos óvulos.
Y ese es precisamente el verdadero valor de la vitrificación: permitir decidir.
No imponer un destino, sino ofrecer opciones.
Porque preservar la fertilidad no es una obligación. Es una oportunidad de elegir con libertad.
Lo que esta experiencia nos enseña
Este gran estudio británico confirma algo que ya sabíamos, pero que merece ser recordado:
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La vitrificación de óvulos funciona. Es una herramienta eficaz y predecible, especialmente cuando se realiza antes de los 35 años y bajo protocolos de alta calidad.
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El PGT-A, aplicado de forma ética y adecuada, puede mejorar significativamente las tasas de éxito.
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El control del embarazo, una vez conseguido, sigue siendo tan importante como su inicio. Y eso es otro viaje que acompañamos en Fertinotas (puedes leer más sobre seguimiento del embarazo aquí).
Y sobre todo:
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Los datos rigurosos, los seguimientos honestos y el conocimiento compartido son los que realmente mejoran la medicina reproductiva.
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No las promesas vacías. No los mensajes triunfalistas. Sino la ciencia explicada con responsabilidad.
En resumen
La vitrificación de óvulos no es una garantía.
Pero sí es una herramienta real, eficaz y esperanzadora cuando se ofrece y se entiende correctamente.
Hoy, gracias a estudios como este, podemos seguir acompañando a quienes desean preservar su fertilidad con honestidad, ciencia y empatía.
Porque cada posibilidad preservada es, ante todo, una puerta abierta a la libertad de elegir.
Autor
Francisco Carrera
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).
