Calidad ovocitaria: qué significa y por qué no se mide como la reserva ovárica
«Puede que el problema esté en la calidad de los óvulos».
La respuesta no cabe en una cifra. La llamada calidad ovocitaria reúne distintas capacidades biológicas y no existe un análisis de sangre, una ecografía o una prueba de laboratorio que permita conocerlas todas antes de utilizar el ovocito.
La edad, la reserva ovárica y lo sucedido durante una FIV aportan información, pero cada dato ilumina una parte diferente de la historia. Ninguno permite dividir todos los ovocitos en dos grupos sencillos: los buenos y los malos.
Idea clave:
La reserva ovárica informa principalmente sobre la cantidad de folículos disponibles y sobre la respuesta que cabe esperar ante una estimulación.
La calidad ovocitaria, en cambio, se refiere a la capacidad del ovocito para madurar, participar en la fecundación y contribuir al desarrollo del embrión. No existe una prueba única que permita medirla por completo.
Qué significa realmente calidad ovocitaria
El ovocito necesita completar su maduración, distribuir adecuadamente sus cromosomas y responder a la entrada del espermatozoide. Después de la fecundación debe aportar al embrión buena parte de la maquinaria celular necesaria para iniciar sus primeras divisiones.
En este proceso participan su material genético, las proteínas y sustancias almacenadas durante la maduración y numerosas estructuras celulares. Entre ellas se encuentran las mitocondrias, encargadas de producir buena parte de la energía que necesita una célula tan grande y especializada.
Cuando todas estas funciones se consideran en conjunto, los especialistas pueden hablar de competencia ovocitaria: la capacidad del ovocito para participar en la formación de un embrión con posibilidades de continuar su desarrollo.
Sin embargo, la competencia tampoco puede observarse directamente ni resumirse en una puntuación universal. Algunos aspectos solo se conocen de forma indirecta. Otros comienzan a hacerse visibles cuando el ovocito madura, se fecunda o da lugar a un embrión. Incluso entonces, el resultado no depende únicamente de él.
Comprender qué es un ovocito y cómo llega a convertirse en una célula preparada para la fecundación permite apreciar mejor esta complejidad. No estamos ante una célula pasiva que espera al espermatozoide, sino ante una estructura biológica que se ha preparado durante meses para completar un proceso extremadamente preciso.
Reserva ovárica y calidad ovocitaria no significan lo mismo
La reserva ovárica puede ayudar a anticipar si será posible obtener pocos, varios o muchos ovocitos. Esta información resulta especialmente útil para planificar un tratamiento, ajustar la medicación y hablar con realismo sobre el número de oportunidades que podría ofrecer un ciclo.
Pero cantidad y competencia no son equivalentes.
Tener una reserva reducida puede significar que existen menos folículos disponibles y que podrían recuperarse menos ovocitos. No demuestra que todos ellos tengan alteraciones cromosómicas ni que ninguno pueda formar un embrión viable.
La relación tampoco funciona al revés. Una reserva dentro de los valores esperados puede facilitar la obtención de más ovocitos, pero no garantiza que todos vayan a madurar, fecundarse o formar un embrión capaz de implantar.
La cantidad importa porque modifica el número de oportunidades. Conocer el potencial de cada una es una cuestión diferente.
Por qué la AMH no puede medir la calidad de los ovocitos
La AMH se produce principalmente en los folículos pequeños que están creciendo en los ovarios. Su concentración ayuda a estimar el tamaño de esa población y la respuesta que podría obtenerse si se realiza una estimulación.
No examina los ovocitos que hay dentro de los folículos. Tampoco muestra sus cromosomas, su funcionamiento interno ni su capacidad para participar en la formación de un embrión.
La Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva (ASRM), organización científica especializada en medicina reproductiva, considera que la AMH y el recuento folicular son buenos indicadores de la cantidad de ovocitos que puede obtenerse, pero tienen una capacidad limitada para predecir de forma independiente el embarazo o el nacimiento. La propia orientación de la ASRM sobre las pruebas de reserva ovárica insiste en que una AMH extremadamente baja no debería utilizarse por sí sola para excluir a una mujer de una FIV.
Una AMH baja puede anticipar que se obtendrán pocos ovocitos. Esto puede reducir la probabilidad acumulada de encontrar uno capaz de dar lugar a un embrión viable, especialmente cuando se combina con otros factores. La dificultad procede en parte de contar con menos oportunidades, no de haber demostrado que todos los ovocitos disponibles sean de mala calidad.
Del mismo modo, una AMH alta no protege frente a las alteraciones cromosómicas ni garantiza un embarazo. Puede indicar una población folicular mayor o anticipar una respuesta intensa a la estimulación, pero no convierte cada ovocito en competente.
La edad aporta probabilidades, no certezas individuales
Los ovocitos permanecen durante años en una pausa biológica antes de completar su maduración. Con el paso del tiempo, los mecanismos encargados de ordenar y separar los cromosomas pueden perder precisión. Como consecuencia, aumenta la frecuencia de ovocitos y embriones con un número cromosómico diferente del esperado.
Esto ayuda a explicar por qué con la edad puede disminuir la probabilidad de embarazo y aumentar el riesgo de pérdida gestacional. Sin embargo, hablamos de probabilidades poblacionales, no de una frontera exacta ni de una transformación repentina.
No existe un cumpleaños a partir del cual todos los ovocitos cambien de categoría. Dos mujeres de la misma edad pueden presentar situaciones reproductivas diferentes y los ovocitos obtenidos de una misma mujer tampoco tienen necesariamente el mismo potencial.
La edad no identifica cuál llegará a formar un embrión viable. Lo que hace es modificar las probabilidades con las que se inicia la búsqueda.
Esta diferencia adquiere especial importancia cuando se está valorando cuál puede ser el mejor momento para vitrificar ovocitos. La vitrificación no permite seleccionar previamente los ovocitos con mayor competencia, pero conserva ovocitos con la edad biológica del momento en que fueron obtenidos.
Hablar de edad tampoco debería convertirse en una forma de culpa. El envejecimiento reproductivo forma parte de la biología humana. No es consecuencia de haber descansado poco, trabajado demasiado o tomado una decisión equivocada en un momento anterior de la vida.
Qué puede observar el laboratorio durante una FIV
Cuando se realiza una ICSI, las células que rodean al ovocito se retiran antes de introducir el espermatozoide. En ese momento, el equipo de embriología puede observar algunos rasgos de su apariencia: el contorno, el citoplasma, el espacio que lo rodea o ciertas estructuras relacionadas con su madurez.
Estas observaciones aportan información, pero no constituyen una prueba completa de calidad. La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE), una de las principales organizaciones científicas europeas especializadas en fertilidad y reproducción asistida, recuerda en su consenso sobre evaluación de ovocitos y embriones que el valor predictivo de muchas alteraciones visibles continúa siendo limitado y que la evidencia es, en algunos casos, escasa o contradictoria.
Un ovocito con algún rasgo poco habitual puede fecundarse y desarrollarse. Otro que presenta un aspecto aparentemente normal puede no hacerlo. El microscopio permite observar la superficie y algunas estructuras, pero no muestra con certeza cómo se repartirán los cromosomas, cómo funcionará toda la maquinaria celular ni qué sucederá después de la fecundación.
A medida que avanza el proceso de una FIV, el laboratorio obtiene más información: cuántos ovocitos estaban maduros, cuántos fecundaron y cómo evolucionaron los embriones. Estos resultados ayudan a comprender mejor un ciclo, pero siguen necesitando contexto.
Si se recuperaron uno o dos ovocitos, por ejemplo, puede resultar difícil distinguir un patrón biológico de la variabilidad propia de una muestra tan pequeña. Las conclusiones necesitan todavía más prudencia cuando se pretende atribuir todo lo sucedido a una única causa.
Si un embrión deja de desarrollarse, ¿significa que el ovocito era de mala calidad?
No necesariamente.
Después de la fecundación, el desarrollo depende de la interacción entre el material aportado por el ovocito y el espermatozoide, de la activación de los procesos embrionarios y de una sucesión de divisiones celulares muy compleja.
Cuando un embrión deja de desarrollarse, el momento de la detención puede aportar pistas, pero rara vez permite identificar por sí solo un responsable. Pueden intervenir factores procedentes del ovocito, del espermatozoide, de la combinación de ambos o del propio embrión después de la fecundación.
También influyen los procedimientos utilizados y las condiciones del cultivo, aunque los laboratorios trabajan con controles estrictos para mantenerlas estables.
Por eso expresiones como «fallo por mala calidad ovocitaria» deberían utilizarse con cautela. En algunas situaciones pueden resumir una sospecha clínica razonable, especialmente cuando se repite un patrón en varios ciclos. Pero no describen necesariamente una causa demostrada.
La pregunta más útil no siempre es si los ovocitos son buenos o malos, sino qué información concreta ofrece el ciclo: cuántos se recuperaron, cuántos estaban maduros, cómo fecundaron, en qué momento se detuvo el desarrollo y qué otros factores podrían haber participado.
Qué puede decir el PGT-A y qué no puede medir
Una aneuploidía es una cantidad cromosómica diferente de la esperada. Estas alteraciones son una de las razones por las que algunos embriones no implantan, dejan de desarrollarse o dan lugar a una pérdida gestacional.
Sin embargo, el PGT-A no es una prueba general de calidad ovocitaria. Analiza una muestra del embrión después de varios días de desarrollo y no examina todas las capacidades que necesitó el ovocito para llegar hasta ese momento.
Tampoco permite afirmar automáticamente que una alteración encontrada se originó en el ovocito. Puede proceder de este, del espermatozoide o aparecer durante las primeras divisiones embrionarias.
La ASRM señala que no se ha demostrado el beneficio de utilizar PGT-A de manera rutinaria en todas las pacientes. Por eso su indicación necesita considerar la edad, los antecedentes, el número de embriones y la situación clínica. La explicación completa sobre qué estudia el PGT-A y cuáles son sus límites pertenece a ese contexto, no a una clasificación global de los ovocitos.
Encontrar un embrión con una alteración cromosómica aporta información relevante sobre ese embrión. No permite calificar definitivamente todos los ovocitos obtenidos, los que permanecen en los ovarios ni las posibilidades de un ciclo posterior.
¿Se puede mejorar la calidad ovocitaria?
Cuidar la salud general sí tiene sentido. No fumar, mantener una alimentación suficiente, realizar actividad física adaptada, descansar razonablemente y tratar los problemas médicos identificados forma parte de una preparación adecuada para el embarazo y los tratamientos de fertilidad.
Eso no significa que estas medidas puedan rejuvenecer los ovocitos ni revertir los cambios cromosómicos asociados a la edad. Tampoco debería trasladarse a la mujer la idea de que un resultado desfavorable se produjo porque no comió, descansó o gestionó el estrés de la manera correcta.
Algunos antioxidantes, como la coenzima Q10, se investigan porque podrían intervenir en la producción de energía y en la protección frente al daño celular. Existen estudios pequeños que sugieren cambios en ciertos resultados del laboratorio, pero no se ha demostrado de forma consistente que aumenten la probabilidad de nacimiento ni se ha establecido una pauta universal.
Cochrane, red internacional independiente que analiza la evidencia sobre intervenciones sanitarias, considera muy incierta la información disponible sobre los antioxidantes en mujeres con problemas de fertilidad.
Con la DHEA debemos ser todavía más claros. Aunque en algunos lugares se comercialice como suplemento, es una hormona y puede producir efectos adversos o no ser adecuada en determinadas situaciones. ESHRE desaconseja utilizarla de manera rutinaria antes o durante la estimulación, tanto en mujeres con una respuesta baja como en aquellas con una respuesta esperada normal. Esta recomendación forma parte de la guía europea sobre estimulación ovárica en FIV e ICSI.
La investigación sobre las mitocondrias resulta prometedora porque estas estructuras proporcionan energía al ovocito y participan en numerosos procesos celulares. Comprender cómo funcionan las mitocondrias del ovocito puede abrir futuras vías de investigación, pero una explicación biológica plausible no equivale a disponer de un tratamiento eficaz.
Las técnicas destinadas a transferir o reemplazar componentes mitocondriales con la intención de tratar la infertilidad continúan en el terreno experimental. La donación mitocondrial autorizada en algunos contextos tiene como finalidad evitar la transmisión de determinadas enfermedades mitocondriales graves, no rejuvenecer de forma rutinaria los ovocitos.
Algo parecido sucede con el llamado rejuvenecimiento ovárico mediante plasma rico en plaquetas. La Autoridad de Fertilización Humana y Embriología del Reino Unido (HFEA), organismo público encargado de regular los tratamientos de fertilidad en ese país, concluye que no existe evidencia de calidad suficiente para demostrar que la inyección intraovárica de plasma rico en plaquetas aumente la probabilidad de nacimiento y advierte de posibles riesgos.
Que una intervención esté siendo investigada no significa que nunca vaya a incorporarse a la medicina. Significa que todavía no conocemos con suficiente seguridad quién podría beneficiarse, cuál sería la técnica adecuada ni si modifica el resultado que realmente importa: la posibilidad de tener un hijo sano.
Cómo interpretar la información antes de tomar decisiones
Una respuesta baja a la estimulación no es lo mismo que obtener muchos ovocitos inmaduros. Una fecundación reducida plantea preguntas distintas de una detención embrionaria. No conseguir blastocistos en un ciclo con dos ovocitos tampoco tiene el mismo significado que observar el mismo patrón repetidamente después de varios tratamientos con un número mayor.
El protocolo de estimulación puede ajustarse para intentar obtener una respuesta más adecuada o favorecer la recuperación de ovocitos maduros. Sin embargo, modificar la medicación no permite corregir directamente todos los procesos celulares ni eliminar las alteraciones cromosómicas relacionadas con la edad.
Conviene distinguir entre mejorar las condiciones del tratamiento y prometer una transformación biológica que la medicina todavía no puede ofrecer.
Ante una propuesta terapéutica, puede resultar útil preguntar qué resultado pretende modificar. No es lo mismo aumentar el número de folículos que obtener más ovocitos maduros; mejorar una tasa de laboratorio que aumentar los embarazos; o encontrar una diferencia estadística que demostrar más nacimientos.
También merece la pena preguntar qué evidencia existe en mujeres con una edad, una reserva y unos antecedentes semejantes. En reproducción asistida, un tratamiento puede ser razonable para una situación concreta y no aportar ningún beneficio demostrado cuando se aplica de manera universal.
Cuando todavía no se ha realizado una valoración completa, el estudio de la fertilidad femenina ayuda a situar cada prueba dentro del conjunto. Ninguna analítica puede resumir por sí sola la capacidad reproductiva, y ningún ciclo debería interpretarse sin considerar también el semen, la anatomía, la historia clínica y el tiempo.
Una probabilidad no es una identidad
La biología no suele ofrecer conclusiones tan limpias.
La edad modifica probabilidades. La reserva ovárica condiciona el número de oportunidades. El laboratorio permite observar una parte del recorrido. Los embriones aportan información sobre lo sucedido en ese ciclo. Ninguno de estos elementos, por separado, describe todo el potencial reproductivo de una mujer.
Puede haber situaciones en las que las probabilidades sean bajas y sea necesario hablar de ellas con claridad. La cercanía no consiste en ocultar esa realidad, sino en explicarla sin transformar una estimación en una condena ni una dificultad biológica en una culpa personal.
Comprender qué sabemos y qué no podemos medir permite hacer preguntas mejores, evaluar con más criterio los tratamientos complementarios y tomar decisiones más informadas.
La calidad ovocitaria pertenece al terreno de la probabilidad biológica. No es una medida del valor del cuerpo ni de la persona que habita en él.
Preguntas frecuentes sobre la calidad ovocitaria
¿Cómo puedo saber si mis ovocitos tienen buena calidad?
No existe una prueba que permita conocer por completo la calidad de los ovocitos antes de utilizarlos. La edad aporta una estimación estadística y, durante una FIV, la madurez, la fecundación y el desarrollo de los embriones ofrecen información indirecta. Ninguno de estos datos permite clasificar individualmente todos los ovocitos como buenos o malos.
¿Una AMH baja significa que mis ovocitos son de mala calidad?
No. Una AMH baja suele indicar que queda una población folicular menor o que podría obtenerse un número reducido de ovocitos durante la estimulación. No permite analizar sus cromosomas ni conocer directamente su capacidad para formar un embrión. Puede haber pocos ovocitos y que alguno de ellos tenga potencial reproductivo.
¿Se puede tener una reserva ovárica normal y una calidad ovocitaria reducida?
Sí. La reserva ovárica y la calidad ovocitaria describen aspectos diferentes. Una reserva normal puede facilitar la obtención de más ovocitos, pero no garantiza que todos estén maduros, tengan el número esperado de cromosomas o puedan dar lugar a un embarazo.
¿Todos los ovocitos de una misma mujer tienen la misma calidad?
No. Los ovocitos obtenidos de una misma mujer, incluso durante un mismo ciclo, pueden diferir en su madurez, organización cromosómica y capacidad de desarrollo. Por eso la edad modifica las probabilidades generales, pero no determina el destino de cada ovocito.
¿El aspecto del ovocito permite saber si formará un buen embrión?
No con certeza. El laboratorio puede valorar su madurez y describir algunos rasgos visibles, pero la apariencia no muestra todo su funcionamiento interno ni permite anticipar cómo se repartirán los cromosomas. Un ovocito con aspecto normal puede no desarrollarse y otro con alguna particularidad visible puede fecundarse y evolucionar.
Si un embrión deja de desarrollarse, ¿significa que el problema estaba en el ovocito?
No necesariamente. En la detención embrionaria pueden intervenir factores procedentes del ovocito, del espermatozoide, de la combinación de ambos o del propio desarrollo después de la fecundación. El momento de la detención aporta información, pero rara vez permite identificar una causa única.
¿El PGT-A mide la calidad de los ovocitos?
No. El PGT-A utilizado habitualmente estudia una muestra de células del embrión para estimar su estado cromosómico. No analiza todas las funciones del ovocito ni permite determinar siempre si una alteración se originó en él, en el espermatozoide o durante las primeras divisiones embrionarias.
¿Es posible mejorar la calidad ovocitaria con alimentación o suplementos?
Cuidar la salud general y corregir problemas médicos concretos forma parte de una adecuada preparación reproductiva, pero ninguna dieta o suplemento ha demostrado rejuvenecer los ovocitos o revertir los cambios cromosómicos relacionados con la edad. La evidencia sobre antioxidantes y coenzima Q10 sigue siendo limitada y no permite recomendar una pauta universal.
¿Debería tomar DHEA para mejorar mis ovocitos?
No debería tomarse sin una indicación médica individualizada. La DHEA es una hormona y puede producir efectos adversos o no resultar adecuada en determinadas situaciones. Las guías de ESHRE desaconsejan utilizarla rutinariamente antes o durante la estimulación ovárica tanto en mujeres con respuesta baja como en aquellas con una respuesta esperada normal.
Sobre este contenido divulgativo
Sin embargo, este contenido ofrece información general y no sustituye ni pretende sustituir la valoración, el diagnóstico, el tratamiento o el seguimiento realizados por un profesional sanitario.
Ante dudas sobre la reserva ovárica, los resultados de una FIV, la conveniencia de tomar suplementos o cualquier decisión relacionada con la fertilidad y la reproducción asistida, consulta con tu médico, ginecólogo, embriólogo clínico o equipo sanitario
Autor
Francisco Carrera Sorensen
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).


