Alimentos prohibidos en el embarazo: qué evitar y por qué

Alimentos que hay que evitar durante el embarazo
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Estás embarazada. Tu cuerpo cambia, tus emociones se intensifican… y de repente todo el mundo parece tener una opinión sobre lo que puedes —y no puedes— comer.

Desde la vecina que te dice que ni mires un embutido, hasta el artículo que asegura que un café al día es casi una herejía. En medio de tanta información (y desinformación), es fácil sentirse confundida o incluso culpable por algo que comiste antes de saber que estabas embarazada.

Pero más allá de mitos, opiniones personales o consejos heredados, hay algo que sí está claro: algunos alimentos comunes pueden implicar riesgos específicos durante el embarazo, y evitarlos tiene sentido. No porque sean “malos” en general, sino porque tu cuerpo —y el del bebé— funcionan ahora de otra manera. Además de conocer los alimentos que debes evitar, es fundamental comprender cómo evoluciona tu embarazo mes a mes.

Este artículo no es una lista de prohibiciones. Es una guía pensada para ayudarte a entender qué alimentos conviene evitar, por qué, y cómo adaptar tu alimentación de forma segura, tranquila y realista. Sin miedo. Sin culpas. Con criterio.

Por qué hay alimentos que conviene evitar durante el embarazo

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Durante el embarazo, tu cuerpo entra en una etapa fascinante de adaptación. Una de las transformaciones más importantes ocurre en tu sistema inmunológico: se ajusta para no rechazar al feto, que en realidad es genéticamente diferente a ti. Este «modo tolerancia», tan sabio como complejo, también tiene un efecto secundario: puede hacerte más susceptible a infecciones que normalmente no representarían un problema.

Entre las más relevantes están la toxoplasmosis, la listeriosis o la salmonelosis. Aunque no son frecuentes, cuando ocurren durante el embarazo pueden tener consecuencias serias, como abortos espontáneos, partos prematuros o daños en el desarrollo fetal. Y lo más importante: muchas de estas infecciones se pueden prevenir simplemente prestando atención a lo que comes y cómo lo preparas.

Además, existen alimentos que, sin causar infecciones, pueden contener sustancias potencialmente dañinas en esta etapa. El alcohol, por ejemplo, atraviesa la placenta y puede interferir con el desarrollo neurológico del bebé.

El mercurio presente en algunos pescados grandes puede afectar al sistema nervioso en formación. Y aunque la cafeína no está prohibida, sí se recomienda limitarla para evitar efectos sobre el ritmo cardíaco del feto o el bajo peso al nacer.

Por eso no hablamos de modas ni exageraciones. Las recomendaciones sobre alimentación en el embarazo tienen una base científica y un objetivo claro: proteger la salud del bebé sin dejar de cuidar la tuya.

Se trata de conocer bien la información, elegir con criterio y seguir disfrutando de la comida con seguridad y sin ansiedad.

Lista de alimentos prohibidos en el embarazo y por qué evitarlos

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Durante el embarazo, algunos alimentos habituales pueden suponer riesgos que no siempre imaginamos. Por eso, hemos preparado esta lista con los más importantes: para que sepas qué evitar, por qué, y cómo hacer pequeños ajustes en tu dieta sin renunciar al placer de comer.
Aquí no se trata de prohibir por prohibir, sino de entender… y decidir con confianza.

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Carnes y pescados crudos o poco hechos

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Si estás embarazada y te han dicho que te olvides del sushi o del filete poco hecho, no es por fastidiar. Es simplemente una medida de precaución, pensada para protegerte a ti y al bebé. Y no, no significa que tengas que vivir con miedo o dejar de disfrutar de la comida.

Como mencionamos antes, durante el embarazo tu sistema inmunológico se adapta, lo que puede hacerte más susceptible a ciertas infecciones. Por eso, se recomienda evitar las carnes crudas o poco hechas y el pescado sin cocinar, ya que pueden contener microorganismos que en esta etapa conviene mantener lejos.

Uno de ellos es el Toxoplasma gondii, un parásito que puede encontrarse en carne poco cocinada y que, aunque muchas personas lo superan sin síntomas, durante el embarazo puede causar problemas si se contrae por primera vez. En el pescado crudo, el protagonista es el anisakis, otro parásito que puede provocar molestias digestivas y, en casos raros, reacciones alérgicas.

Pero esto no significa que tengas que obsesionarte con todo lo que comes. Se trata simplemente de cocinar bien la carne (hasta que no quede rosada por dentro) y de evitar platos como carpaccios, embutidos curados en frío, sushi o ceviche... salvo que el pescado haya sido congelado previamente a -20 °C durante al menos cinco días.

Y si algún día dudas sobre si un alimento era seguro o no, no te alarmes. La mayoría de las veces no pasa nada, y si necesitas orientación, tu matrona o ginecólogo sabrán ayudarte.

Lo importante es vivir esta etapa con calma y confianza. Comer bien no es vivir con miedo, sino con información y sentido común.

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Lácteos y quesos sin pasteurizar

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¿Hay que renunciar al queso en el embarazo? Para nada. Lo que se recomienda es tener cuidado con algunos tipos concretos: los quesos elaborados con leche cruda (no pasteurizada), especialmente si son blandos, como el camembert, el brie, el roquefort o ciertos quesos azules.

El motivo es simple: estos productos pueden contener Listeria monocytogenes, una bacteria que puede sobrevivir incluso en el frigorífico y que, aunque rara, puede atravesar la placenta y provocar listeriosis. Esta infección puede ser grave en el embarazo, sobre todo si ocurre en etapas avanzadas, porque puede afectar al desarrollo fetal o provocar complicaciones en el parto.

Ahora bien, esto no significa que tengas que eliminar los lácteos de tu dieta. Al contrario: son una fuente excelente de calcio, proteínas y vitaminas como la B12 y la D. La clave está en elegir bien: opta por quesos pasteurizados (la etiqueta debe indicar «leche pasteurizada»), yogures, leche tratada térmicamente y quesos curados duros como el manchego, el parmesano o el emmental, que son seguros y nutritivos.

Consejo práctico: si estás en un restaurante o no estás segura de cómo se ha elaborado un queso, pregunta sin miedo. Y si te apetece darte un capricho quesero, hay muchísimas opciones deliciosas y totalmente seguras.

Durante el embarazo hay cosas que conviene evitar… pero eso no significa vivir a base de restricciones. Se trata de hacer pequeños ajustes con sentido común y seguir disfrutando de la comida sin preocupaciones innecesarias.

Embutidos y fiambres curados

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Si hay un tema que genera dudas (y algún que otro disgusto gastronómico) en el embarazo, es el de los embutidos. ¿Jamón serrano? ¿Chorizo? ¿Salchichón? ¿Sí, no, depende?

La recomendación general es evitar los embutidos curados en frío que no hayan sido cocinados ni congelados previamente. ¿Por qué? Como comentamos antes, el parásito Toxoplasma gondii puede estar presente en carne cruda o curada sin tratamiento térmico suficiente. Y si no has pasado la toxoplasmosis antes del embarazo, es mejor no correr riesgos innecesarios.

Un estudio publicado en Parasites & Vectors evaluó la viabilidad del parásito en embutidos listos para el consumo (como salchichón, fuet o jamón curado) y concluyó que el proceso de curado tradicional no garantiza la inactivación completa de los quistes de Toxoplasma gondii. Sin embargo, el estudio confirma que la congelación a -20 °C durante al menos 2 días sí logra eliminar su viabilidad, haciendo estos productos seguros tras ese tratamiento .

En resumen: si los embutidos se han cocinado, o si se han congelado previamente al menos 48 horas a -20 °C, podrían consumirse sin problema durante el embarazo. También puedes optar por embutidos cocidos como jamón de york o pechuga de pavo al natural, que son seguros desde el inicio.

Si echas de menos el bocata de jamón serrano, congelarlo en casa podría ser una salida, pero recuerda que asegurarse que llega a esa temperatura es dificil en los congeladores de uso doméstico.  Si prefieres esperar, no te preocupes: el postparto también tiene sus recompensas.

No se trata de renunciar a tus costumbres, sino de adaptar algunas durante un tiempo. Con un poco de información y previsión, puedes seguir disfrutando de lo que comes sin sobresaltos.

Pescados y mercurio en el embarazo que comer y que no

Pescados grandes con alto contenido en mercurio

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El pescado es un alimento muy recomendable durante el embarazo: aporta proteínas de calidad, ácidos grasos omega-3 (fundamentales para el desarrollo cerebral y ocular del bebé), yodo y vitamina D. Pero no todos los pescados son iguales.

Algunas especies grandes y longevas —como el pez espada, el tiburón, el lucio o el atún rojo— acumulan en su organismo niveles más altos de mercurio, un metal pesado que puede afectar al desarrollo neurológico fetal si se consume en exceso.

Por esta razón, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda evitar completamente estos pescados durante la gestación y optar por variedades más seguras.

Entre las opciones recomendadas están los pescados azules pequeños como las sardinas, la caballa o los boquerones, y los pescados blancos como la merluza, el bacalao o el lenguado.

Incluso si te gusta el atún, puedes seguir tomando atún claro enlatado de forma moderada (una o dos veces por semana), ya que contiene niveles mucho más bajos de mercurio que el atún rojo.

Y si no consumes pescado —porque no te gusta, sigues una dieta vegetariana o tienes alguna intolerancia— también puedes cubrir tus necesidades de nutrientes clave como el omega-3, el yodo o la vitamina D a través de otras fuentes.

Por ejemplo, las nueces, las semillas de lino o chía, los huevos, los lácteos enriquecidos y la sal yodada son aliados muy útiles en este periodo. En algunos casos, también puede ser necesario el uso de suplementos, siempre bajo indicación médica.

Sin embargo, para asegurar una ingesta adecuada de nutrientes esenciales como sucede con el ácido fólico, es importante conocer su papel durante la gestación.

En definitiva, no se trata de tenerle miedo al pescado, sino de saber elegir el tipo más adecuado para esta etapa. Y si te surgen dudas, tu profesional sanitario podrá ayudarte a resolverlas o a revisar el etiquetado de forma segura.

Hígado y productos ricos en vitamina A

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Durante el embarazo, algunas vitaminas son especialmente importantes… y otras hay que saber dosificar. Es el caso de la vitamina A. Aunque es esencial para el desarrollo del bebé —especialmente en la formación de los órganos, los ojos y el sistema inmunológico—, en exceso puede ser perjudicial, sobre todo durante el primer trimestre.

El principal alimento que concentra esta vitamina en su forma más activa (retinol) es el hígado. Por darte una idea: 100 gramos de hígado de ternera pueden aportar más de 13.000 microgramos de retinol, lo que supera ampliamente el límite máximo de 3.000 microgramos al día recomendado por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) para mujeres embarazadas.

Por eso se desaconseja su consumo durante la gestación, así como el de patés elaborados con hígado o suplementos que contengan altas dosis de vitamina A preformada.

Ahora bien, eso no significa que tengas que evitar todos los alimentos que contienen algo de retinol. Los huevos, los lácteos enteros y algunos pescados grasos también lo aportan, pero en cantidades mucho menores y, en general, compatibles con una alimentación segura y equilibrada.

Lo importante es tenerlo en cuenta especialmente si además tomas suplementos multivitamínicos: siempre conviene revisar su composición con un profesional antes de empezar.

Y un último punto clave: no confundas el retinol con el betacaroteno, que es la forma vegetal de la vitamina A. Esta se encuentra en frutas y verduras de color naranja o verde intenso, como la zanahoria, la calabaza, el mango o las espinacas, y no supone ningún riesgo, ya que el cuerpo solo convierte lo que necesita. Así que no solo puedes tomarlas: son muy recomendables.

En resumen: evita los productos que concentran grandes cantidades de retinol, como el hígado y los suplementos no pautados, pero sigue disfrutando de una alimentación rica y variada, donde frutas y verduras coloridas también son una fuente de salud para ti y para tu bebé.

Alcohol y cafeína

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Ni el café ni el vino son imprescindibles para un embarazo saludable. Pero es verdad que, para muchas personas, forman parte de momentos sociales o rituales cotidianos: una sobremesa, una cena especial, una pausa a media mañana. Por eso, más allá de lo nutricional, hablar de ellos también es hablar de costumbres, placer y vínculos.

Empecemos por el alcohol: durante el embarazo, se desaconseja totalmente. La razón es clara: el alcohol atraviesa la placenta y puede interferir en el desarrollo del sistema nervioso del bebé. Y aunque los mayores riesgos se asocian a consumos elevados, no existe una cantidad mínima segura establecida, especialmente durante el primer trimestre.

Por eso, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) recomiendan evitarlo por completo. La buena noticia es que hoy en día existen vinos, cervezas y cócteles 0,0 % que permiten seguir compartiendo sin renunciar al cuidado.

La cafeína, en cambio, no está prohibida, pero sí conviene moderarla. Las recomendaciones de organismos como la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) y la OMS señalan que un consumo diario inferior a 200 miligramos de cafeína es seguro durante el embarazo. Esto equivale, aproximadamente, a una taza grande de café de filtro, dos cafés solos tipo espresso, tres tazas de té negro o dos latas de refresco con cafeína. También hay que tener en cuenta el chocolate, el té verde y algunas bebidas energéticas.

Consejo Fertinotas: si el café forma parte de tu día a día, puedes pasarte al descafeinado, al café de cereales o al rooibos. Y si te apetece un poco de chocolate, date el gusto sin culpas.

En el embarazo no se trata de contar miligramos al detalle, sino de tener una pauta sensata y sostenible en el tiempo.

Huevos crudos, salsas caseras y mayonesa no pasteurizada

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Puede que no lo pienses todos los días, pero los huevos crudos o poco cocinados están presentes en más platos de lo que parece: desde una mayonesa casera hasta una mousse de chocolate, un tiramisú o una tortilla poco cuajada.

Durante el embarazo, conviene prestar especial atención a estas preparaciones porque, si el huevo no ha sido completamente cocinado, puede contener Salmonella, una bacteria que causa salmonelosis.

En personas sanas suele provocar una infección intestinal leve, pero en el embarazo puede provocar deshidratación intensa, fiebre, malestar general y, en los casos más graves, riesgo de parto prematuro o aborto espontáneo.

Según el EU One Health Zoonoses Report 2021, se notificaron más de 60.000 casos de salmonelosis en Europa, con una tasa de hospitalización del 38,1 % y una tasa de letalidad del 0,18 %. Los huevos y ovoproductos se identificaron como la fuente principal en muchos brotes registrados, lo que refuerza la importancia de tomar precauciones durante el embarazo.

¿Dónde puede estar el riesgo? En la mayonesa casera, en salsas tipo alioli, en postres con huevo sin cocción, en tortillas poco hechas o en huevos pasados por agua si no han sido pasteurizados.

La solución, por suerte, es sencilla: usa siempre huevos pasteurizados para preparaciones crudas, cocina bien los huevos hasta que la clara y la yema estén firmes, y asegúrate de que cualquier mayonesa comercial esté etiquetada como “pasteurizada” (como lo están la mayoría en supermercados).

En restaurantes o casas ajenas, si tienes dudas, pregunta sin vergüenza. Estás cuidando de ti y de tu bebé, y cualquier persona lo entenderá. Porque sí, puedes seguir disfrutando de una buena tortilla de patatas o de una crema casera… solo que, durante un tiempo, mejor bien cuajada.

Por qué conviene limitar los alimentos ultraprocesados en el embarazo

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En el embarazo, igual que en cualquier otra etapa de la vida, no se trata de comer perfecto todos los días, sino de tomar decisiones que sumen. Y aquí es donde entran los ultraprocesados: no están prohibidos, pero tampoco son lo que más necesitas ahora. 

Los alimentos ultraprocesados —bollería industrial, snacks salados, refrescos, galletas azucaradas, cereales comerciales, embutidos tipo salchichas o comidas precocinadas— suelen tener algo en común: mucho azúcar, mucha sal, grasas de mala calidad y una larga lista de aditivos que poco aportan y que, en grandes cantidades, pueden restar más que sumar.

Varios estudios han asociado su consumo habitual con un mayor riesgo de desarrollar diabetes gestacional, obesidad, hipertensión y otros trastornos metabólicos durante el embarazo.

No es que un día puntual con pizza congelada o un antojo de croissant sea un problema, pero sí es importante que estos productos no se conviertan en protagonistas del menú.

Y si un día te tomas un refresco con azúcar, meriendas bollos o cenas cualquier cosa rápida, no te castigues. Lo importante es el conjunto, no el capricho puntual.

Una alimentación equilibrada es clave para el bienestar de la madre y el bebé, pero comer bien no es una gincana de perfección: es una manera de cuidarte, también desde la flexibilidad.

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Consejo Fertinotas: si te apetece algo dulce o salado entre horas, prueba a versionarlo en casa.

Un bizcocho con avena y plátano, unas galletas de coco sin azúcar, unos dátiles rellenos de crema de cacahuete… A veces el cuerpo pide lo mismo, pero de forma más nutritiva.

Qué hacer si comiste un alimento prohibido en el embarazo

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Te enteras de que no se recomienda comer embutido crudo… justo después de haberte comido un bocata de jamón serrano. O descubres que la mousse del postre llevaba huevo sin pasteurizar. Y entonces aparece esa sensación incómoda en el estómago (y no es hambre): ¿he hecho algo mal? ¿He puesto en riesgo al bebé?

Respira. Lo primero que debes saber es que la mayoría de las veces no pasa nada.

Los alimentos que se desaconsejan durante el embarazo lo hacen por un principio de precaución, no porque un solo bocado implique automáticamente un problema.

De hecho, la probabilidad de contraer toxoplasmosis, listeriosis o salmonelosis por una única exposición es muy baja, especialmente si vives en un entorno con buenos controles sanitarios, como España.

Aun así, es natural que te preocupe. Por eso, si comiste algo que ahora sabes que era mejor evitar:

  • No te alarmes. La ansiedad no ayuda, y la mayoría de los casos no tienen consecuencias.

  • Observa cómo te sientes. Si aparece fiebre, diarrea intensa, malestar general o cualquier síntoma inusual, consulta con tu matrona o ginecólogo.

  • Coméntalo en tu próxima consulta. Muchas veces, con saber lo que ocurrió y cómo te encuentras, el profesional podrá valorar si es necesario hacer algo o simplemente tranquilizarte.

Y sobre todo, no te sientas culpable. El embarazo es una etapa de aprendizaje continuo. Casi todas cometemos algún “despiste” en el camino, y eso no te convierte en una mala madre. Cada gesto que haces para cuidar lo que comes ya es una forma de proteger.

Conclusión: cómo comer tranquila y segura durante el embarazo

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Comer bien durante el embarazo no debería convertirse en una fuente de ansiedad. Se trata, simplemente, de informarte, adaptar algunas costumbres y cuidar lo que comes con un poco más de intención. Pero sin miedo, sin culpa y sin perder el disfrute por el camino.

Algunos alimentos, como las carnes crudas, ciertos embutidos o los quesos sin pasteurizar, pueden suponer riesgos evitables. Pero eso no significa que tengas que vivir con un listado rígido en la cabeza ni que cada comida se convierta en una preocupación. No es una lista de prohibiciones: es una brújula para decidir con confianza.

Y si en algún momento comiste algo sin saberlo, o no recuerdas bien si era seguro, recuerda esto: lo más probable es que no pase nada. Y si necesitas orientación, siempre puedes consultar con tu profesional sanitario.

El embarazo es un viaje único. Llénalo de calma, de pequeños gestos que suman y de decisiones que te hagan sentir bien. Porque también se cría desde lo que comes, desde lo que eliges, y desde la forma en que te cuidas.

Preguntas frecuentes sobre alimentos prohibidos en el embarazo

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¿Puedo comer jamón serrano si estoy embarazada?
Solo si ha sido congelado previamente durante al menos 48 horas a -20 °C o si se ha cocinado. El riesgo está en la toxoplasmosis, que puede estar presente en embutidos curados en frío sin tratamiento.

¿Qué pasa si tomé una copa de vino antes de saber que estaba embarazada?
Tranquila. Si fue algo puntual y al inicio del embarazo, la probabilidad de que haya causado daño es muy baja. Coméntalo en tu próxima consulta, pero no te castigues por algo que no sabías.

¿Puedo comer sushi en el embarazo?
Sí, si el pescado ha sido congelado previamente o si eliges opciones vegetales o cocidas (como tempura o nigiris de tortilla). El objetivo es evitar el anisakis y la listeria.

¿Puedo tomar café durante el embarazo?
Sí, pero con moderación. Se recomienda un máximo de 200 mg de cafeína al día, lo que equivale a una taza grande de café de filtro o dos cafés tipo espresso.

¿Qué hago si comí algo que ahora sé que debía evitar?
No te alarmes. Observa cómo te sientes, consulta si aparecen síntomas y coméntalo con tu matrona o ginecólogo. La mayoría de las veces no ocurre nada.

Si tienes dudas sobre cómo llevar un control adecuado durante tu embarazo, te recomendamos leer nuestras notas sobre cuidados prenatales.

Autor

Francisco A. Carrera S.

Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).

Todo sobre el embarazo, el parto y el posparto