Desarrollo embrionario temprano: del cigoto al blastocisto
En un tratamiento de fecundación in vitro, en cambio, una parte de ese proceso puede observarse en el laboratorio. No se observa la vida como una escena espectacular, sino como una secuencia delicada de cambios celulares: una célula que se divide, células que empiezan a comunicarse entre sí, un embrión que se organiza y, si todo avanza, una estructura llamada blastocisto.
Comprender este recorrido ayuda a interpretar mejor muchas palabras que aparecen durante un tratamiento de reproducción asistida: cigoto, embrión de día 3, mórula, blastocisto, día 5 o día 6.
Pero también ayuda a algo más importante: entender que el desarrollo embrionario temprano no es una carrera perfecta. Es un proceso biológico complejo, lleno de precisión, pero también de variabilidad.
Esa variabilidad no significa desorden. Significa biología. Significa que el embrión temprano sigue una secuencia de acontecimientos muy regulada, pero que no todos los embriones avanzan con el mismo ritmo ni todos los cambios relevantes pueden verse al microscopio.
Por eso, cuando el laboratorio informa sobre la evolución embrionaria, no está leyendo un destino escrito, sino interpretando señales.
En pocas palabras
El desarrollo embrionario temprano es el proceso que va desde la fecundación del ovocito hasta la formación del blastocisto, habitualmente entre los días 5 y 6 tras la fecundación.
Durante ese tiempo, el embrión pasa por etapas como cigoto, segmentación, compactación, mórula y blastocisto.
En reproducción asistida, el laboratorio puede observar parte de este recorrido, pero la evolución embrionaria ofrece señales biológicas, no garantías absolutas de implantación o embarazo.
Qué es el desarrollo embrionario temprano
En reproducción asistida, suele referirse especialmente a los días que van desde la fecundación del ovocito en el laboratorio hasta la formación del blastocisto, que habitualmente ocurre alrededor del día 5 o 6, aunque en algunos casos puede retrasarse hasta el día 7.
Durante estos días, el embrión no crece como solemos imaginar que crece un organismo. Al principio, no aumenta de tamaño de forma evidente. Lo que hace es dividirse dentro de una envoltura que ya estaba presente en el ovocito, llamada zona pelúcida. Es como si una única habitación empezara a organizarse en varias estancias, sin que la casa se agrandara todavía.
Esta idea es importante porque permite mirar el proceso con más calma. El embrión temprano no es una versión diminuta de un bebé. Es una estructura celular en transformación, que va activando programas biológicos muy precisos y que necesita superar varias etapas antes de poder iniciar el diálogo con el endometrio.
El International Glossary on Infertility and Fertility Care, 2025 define los embriones en fase de segmentación como aquellos que van desde el estadio de 2 células hasta antes de la mórula, y describe el blastocisto como una etapa que suele comenzar en día 5 o 6, aunque puede retrasarse hasta día 7.
Esta precisión terminológica importa porque ayuda a que pacientes, embriólogos y médicos hablen el mismo idioma cuando se interpreta la evolución de un ciclo.
En otras palabras: llamar a cada etapa por su nombre no es un detalle académico. Ayuda a ordenar la espera. Ayuda a entender qué está observando el laboratorio. Y ayuda a no convertir cada palabra del informe embrionario en una fuente innecesaria de angustia.
La fecundación y la formación del cigoto
El cigoto es la primera célula resultante de esa fecundación, antes de que se complete la primera división celular. En términos sencillos, es el punto de partida del desarrollo embrionario. Todavía no hablamos de muchas células, ni de órganos, ni de tejidos. Hablamos de una célula única que contiene una combinación genética nueva y que, si las condiciones son adecuadas, iniciará su primera división.
El International Glossary on Infertility and Fertility Care, 2025 define la fecundación como una secuencia de procesos biológicos iniciada por la entrada del espermatozoide en el ovocito maduro y seguida por la formación de los pronúcleos. Dicho de forma sencilla: fecundar no es solo “entrar”, sino activar una maquinaria celular que debe reorganizar el material genético de ambos gametos y preparar la primera división.
En un laboratorio de FIV, la observación de la fecundación suele realizarse al día siguiente de la inseminación de la FIV convencional o de la ICSI. En ese momento, el equipo de embriología puede valorar si se han formado correctamente los pronúcleos. Esta observación no cuenta toda la historia del embrión, pero sí ofrece una primera señal de que la fecundación ha seguido un patrón esperable.
Para quien espera noticias del laboratorio, esta primera llamada puede tener un peso emocional enorme. A veces se vive como una confirmación; otras, como el inicio de nuevas preguntas. Conviene recordar que la fecundación es un paso necesario, pero no suficiente. A partir de ahí, el embrión debe iniciar una secuencia propia de divisiones y reorganización celular.
Segmentación embrionaria: dividirse sin crecer
A esas primeras células se las llama blastómeros. Durante esta etapa, el embrión pasa por lo que se conoce como fase de clivaje o fase de segmentación. Según el International Glossary on Infertility and Fertility Care, 2025, los embriones en fase de segmentación son aquellos que van desde el estadio de 2 células hasta antes de la mórula. Los blastómeros, a su vez, son las células que forman el embrión durante esa fase inicial, hasta que se completa la compactación.
Esta etapa suele observarse durante los primeros días tras la fecundación. En muchos laboratorios, el día 2 puede corresponder a un embrión de alrededor de 4 células y el día 3 a un embrión que, con frecuencia, puede tener unas 6 a 8 células. Sin embargo, estas cifras no deben interpretarse de forma rígida por la paciente. El desarrollo embrionario tiene ventanas de tiempo, ritmos y matices que el equipo de embriología interpreta dentro de un contexto.
Conviene detenerse en este punto. Que el embrión se divida no significa que todo esté garantizado. Y que un embrión avance a un ritmo algo diferente no significa necesariamente que no tenga posibilidades. La biología temprana no funciona como un reloj mecánico perfecto. Funciona más bien como una coreografía celular que debe mantener cierto orden, pero que puede mostrar variaciones.
Dividirse no es solo partirse en dos
La investigación moderna ha permitido mirar este proceso con herramientas que van más allá de la observación clínica convencional. El estudio The first mitotic division of human embryos is highly error prone, publicado por Currie y colaboradores en Nature Communications en 2022, utilizó imagen en vivo de embriones humanos donados para investigación para observar la segregación cromosómica durante las primeras divisiones.
Mediante marcadores fluorescentes y microscopía avanzada, los investigadores pudieron ver fenómenos que el laboratorio clínico habitual no observa directamente: cromosomas rezagados, errores de segregación y formación de micronúcleos durante las primeras mitosis.
La utilidad de este estudio es enorme. Nos recuerda que un embrión puede dividirse y, aun así, atravesar errores invisibles en una imagen estática. Por eso, una fotografía al microscopio no puede contarlo todo. La morfología aporta información, pero no permite ver cada cromosoma en movimiento ni cada decisión molecular del embrión.
Esto no debe leerse con miedo, sino con objetividad. El desarrollo embrionario temprano es extraordinariamente sofisticado, y precisamente por eso puede ser vulnerable. El laboratorio observa señales, ritmos, formas y patrones, pero hay capas biológicas que no siempre son visibles con las herramientas habituales de cultivo clínico.
Algunos errores cromosómicos tempranos pueden contribuir a que un embrión tenga líneas celulares diferentes, como es el caso del mosaicismo, un tema que ya hemos tratado de manera especial en el Mosaicismo embrionario: qué es, tipos y opciones de transferencia.
Día 2 y día 3: las primeras divisiones visibles
Para quien está esperando una llamada del laboratorio, cada día puede sentirse enorme. Un informe que menciona “embrión de 4 células”, “embrión de 8 células” o “evolución adecuada” puede generar alivio, dudas o una búsqueda inmediata en internet. Pero es importante recordar que estos datos no son una sentencia. Son piezas de información dentro de un proceso más amplio.
La evaluación morfológica del embrión es útil, pero tiene límites. Permite observar cómo se comporta el embrión en determinados momentos, no leer con certeza su destino.
La actualización del consenso ESHRE/ALPHA de Estambul, The Istanbul consensus update: a revised ESHRE/ALPHA consensus on oocyte and embryo static and dynamic morphological assessment, publicada en Human Reproduction en 2025, revisó los criterios de valoración morfológica y dinámica de ovocitos y embriones.
El grupo de trabajo estuvo formado por expertos internacionales en embriología clínica y se basó en una revisión sistemática de la literatura y en discusión de la evidencia disponible. El documento recuerda que la morfología embrionaria se ha estudiado por su relación con viabilidad, implantación, nacido vivo y estado cromosómico, pero también subraya que la valoración sigue teniendo variabilidad entre observadores y laboratorios.
La lectura práctica para la paciente es sencilla: que el laboratorio mire el embrión con criterios profesionales no significa que pueda reducirlo todo a una etiqueta perfecta. La embriología interpreta señales en un contexto, y ese contexto importa.
En muchos casos de infertilidad inexplicada o de causa desconocida la FIV permite observar fenómenos que en la concepción natural permanecen ocultos: fecundación, ritmo de división, formación de blastocistos o detención embrionaria.
La activación del genoma embrionario
Esta reserva inicial es una de las razones por las que la calidad ovocitaria tiene tanta importancia en reproducción asistida, aunque no sea algo que pueda medirse con una única prueba sencilla.
Durante décadas, una idea clásica en embriología humana fue que la activación del genoma embrionario ocurría de forma relevante entre los estadios de 4 y 8 células. Esa idea se apoyaba, entre otros, en el estudio de Braude, Bolton y Moore, Human gene expression first occurs between the four- and eight-cell stages of preimplantation development, publicado en Nature en 1988. Aquel trabajo ayudó a situar una ventana clave del desarrollo: el momento en que el embrión empieza a depender menos de los recursos heredados del ovocito y más de su propia actividad genética.
La ciencia posterior ha afinado mucho esa imagen. En 2013, Yan y colaboradores publicaron en Nature Structural & Molecular Biology el estudio Single-cell RNA-Seq profiling of human preimplantation embryos and embryonic stem cells. Analizaron células individuales mediante RNA-seq, una técnica que permite estudiar qué genes se expresan en cada célula. Esto permitió mirar el embrión no solo como una estructura visible al microscopio, sino como un conjunto de células con programas moleculares dinámicos.
Más recientemente, Asami y colaboradores publicaron en Cell Stem Cell el estudio Human embryonic genome activation initiates at the one-cell stage. Al analizar embriones humanos en fases iniciales, encontraron señales de que la transcripción embrionaria puede iniciarse ya en el estadio de una célula. Es decir, la activación del genoma embrionario no debería imaginarse como un interruptor que se enciende de golpe en día 3, sino como una transición progresiva, con señales tempranas y fases sucesivas.
Explicado de forma sencilla: al principio, el embrión viaja con una especie de equipaje preparado por el ovocito. Pero muy pronto empieza a abrir su propio cuaderno de instrucciones. Esa transición entre lo heredado del ovocito y lo activado por el embrión es una de las razones por las que el desarrollo temprano puede ser tan delicado.
La compactación y la mórula
La compactación suele preceder a la formación de la mórula. La palabra mórula viene de “mora”, porque el embrión puede recordar, de forma muy esquemática, a una pequeña agrupación de células compactadas.
Pero más allá de la imagen, lo importante es lo que significa biológicamente: las células ya no parecen simplemente estar una al lado de otra, sino que empiezan a coordinarse de manera más organizada.
El International Glossary on Infertility and Fertility Care, 2025 define la compactación como el proceso durante el cual se forman uniones estrechas entre blastómeros próximos, hasta el punto de que las membranas celulares se vuelven difíciles de distinguir mediante microscopía óptica.
La definición puede parecer muy técnica, pero describe una escena bastante clara: el embrión deja de parecer un conjunto de piezas separadas y empieza a adquirir una arquitectura más cohesionada.
La mórula suele observarse alrededor del día 4, aunque el ritmo puede variar. El consenso The Istanbul consensus update recuerda que existen desviaciones en los tiempos de desarrollo incluso entre embriones de una misma cohorte, y que un desarrollo algo más rápido o más lento no siempre se asocia por sí solo a un peor resultado.
El blastocisto: una estructura preparada para el siguiente paso
El blastocisto ya no es solo un conjunto de células parecidas entre sí. Es una estructura con una organización más definida. En términos generales, tiene una cavidad interna, una masa celular interna y una capa externa de células llamada trofoectodermo.
La masa celular interna dará lugar principalmente al embrión propiamente dicho, mientras que el trofoectodermo participará en la formación de estructuras relacionadas con la placenta.
El International Glossary on Infertility and Fertility Care, 2025 describe el blastocisto como una etapa que suele comenzar en día 5 o 6, aunque puede retrasarse a día 7, y que en una morfología normal presenta una cavidad llena de líquido, una capa externa de células y un grupo celular interno.
También define la expansión del blastocisto como el aumento de su volumen por acumulación de líquido en el blastocele, acompañado del adelgazamiento de la zona pelúcida.
Esta descripción ayuda a entender por qué el blastocisto suele considerarse una etapa especialmente informativa. Para llegar ahí, el embrión ha tenido que superar varios pasos: fecundación, primeras divisiones, activación progresiva de su programa de desarrollo, compactación, formación de cavidad y diferenciación inicial entre tipos celulares.
Pero conviene decirlo con mucha claridad: que un embrión llegue a blastocisto no garantiza que vaya a implantar, ni que vaya a dar lugar necesariamente a un embarazo evolutivo. El blastocisto puede tener mayor o menor calidad morfológica, puede presentar distintas velocidades de desarrollo y, en algunos casos, puede requerir estudios adicionales según la indicación clínica.
Día 5, día 6 o día 7: cuando el ritmo también importa, pero no lo explica todo
Esto puede generar inquietud. La pregunta suele surgir casi de inmediato: si mi embrión llegó más tarde, ¿significa que es peor? La respuesta responsable no puede ser absoluta. El ritmo de desarrollo aporta información, pero debe interpretarse junto con la morfología, la historia del ciclo, la edad, el tipo de tratamiento, las condiciones del laboratorio y, cuando se realiza, la información genética disponible.
Un estudio útil para entender este punto es Embryo morphology and live birth in the United States, de Awadalla y colaboradores, publicado en F&S Reports en 2022. Los autores analizaron datos clínicos de reproducción asistida en Estados Unidos para estudiar la relación entre edad materna, día de desarrollo embrionario, morfología y tasa de nacido vivo. Su utilidad no está en convertir cada dato en una regla rígida, sino en mostrar que día de desarrollo, morfología y edad interactúan en la probabilidad de nacido vivo.
Otro trabajo relevante es Association between blastocyst morphology and pregnancy and perinatal outcomes following fresh and cryopreserved embryo transfer, de Bakkensen y colaboradores, publicado en Journal of Assisted Reproduction and Genetics en 2019. El estudio analizó la asociación entre características del blastocisto —expansión, masa celular interna y trofoectodermo— y resultados de embarazo y perinatales tras transferencias en fresco y de embriones criopreservados. Los autores observaron que la expansión y la calidad del trofoectodermo se asociaban con embarazo clínico y nacido vivo, sin que una morfología inferior se tradujera automáticamente en peores resultados perinatales.
Dicho de forma sencilla: no basta con preguntar “¿es día 5 o día 6?”. También importa cómo está expandido, cómo se ve el trofoectodermo, cómo se aprecia la masa celular interna y qué información clínica rodea a ese embrión. La biología rara vez responde bien a una sola etiqueta.
Qué observa el laboratorio durante estos días
En embriología, a veces lo más importante es no perturbar lo que está ocurriendo.
El embriólogo observa los embriones en momentos concretos o, cuando el laboratorio dispone de tecnología time-lapse, puede seguir su evolución mediante imágenes seriadas sin tener que sacarlos repetidamente del incubador.
Esta tecnología permite ver con más detalle los tiempos de división y determinados patrones de desarrollo, aunque tampoco convierte la evaluación embrionaria en una predicción perfecta.
El consenso The Istanbul consensus update: a revised ESHRE/ALPHA consensus on oocyte and embryo static and dynamic morphological assessment explica que el time-lapse ha introducido la morfocinética, es decir, la integración entre la forma del embrión y la dinámica de su desarrollo.
En lugar de ver solo fotografías aisladas, el laboratorio puede observar una secuencia: cuándo se divide, cuánto tarda en pasar de dos a cuatro células, cuándo compacta o cómo progresa hacia blastocisto.
Uno de los estudios clásicos sobre esta tecnología es Limited implantation success of direct-cleaved human zygotes: a time-lapse study, de Rubio y colaboradores, publicado en Fertility and Sterility en 2012. Mediante time-lapse, estudiaron embriones con división directa de dos a tres células y observaron que este patrón se asociaba con menor implantación que una división más ordenada.
La utilidad del estudio es clara: dos embriones pueden parecer similares en una observación puntual, pero haber seguido historias celulares muy distintas.
Aun así, conviene comunicar el time-lapse con prudencia. Permite ver más, pero no saberlo todo. La información dinámica puede enriquecer la valoración embrionaria, pero no transforma la embriología en una predicción matemática del embarazo. Por eso, su valor principal no es prometer éxito, sino aportar información más rica sobre la dinámica embrionaria.
Desarrollo embrionario y calidad embrionaria no son exactamente lo mismo
Decir que un embrión está en día 3, en mórula o en blastocisto describe una etapa del desarrollo. En cambio, hablar de calidad embrionaria implica valorar características más específicas, como el número y aspecto de las células, la fragmentación en fases tempranas, la expansión del blastocisto, la masa celular interna o el trofoectodermo.
El consenso The Istanbul consensus update distingue entre gradación, ranking y selección embrionaria. La gradación evalúa características concretas; el ranking ordena embriones clínicamente utilizables según distintos criterios; y la selección implica tomar decisiones sobre transferencia, vitrificación, biopsia o descarte en función del contexto. Esta diferencia es muy importante para evitar que una paciente interprete una palabra del informe como si fuera una conclusión absoluta.
Este artículo no pretende sustituir la explicación individual del laboratorio ni interpretar informes embrionarios concretos. Su objetivo es ayudar a comprender el recorrido general. La valoración de cada embrión depende del contexto y debe hacerse por el equipo especializado, porque un dato aislado rara vez cuenta toda la historia.
Desarrollo embrionario, transferencia e implantación: tres procesos relacionados, pero distintos
La transferencia embrionaria es el procedimiento mediante el cual el embrión se deposita en el útero. La implantación es el proceso biológico por el que el blastocisto inicia su interacción con el endometrio y comienza a establecerse en él.
Para que esto ocurra, no basta con que exista un embrión. También es necesario que haya una adecuada sincronía entre el embrión y el tejido endometrial, además de muchos mecanismos celulares y moleculares que siguen siendo objeto de investigación.
Por eso, cuando un embrión llega a blastocisto y se transfiere, puede haber esperanza, pero no certeza. Esta diferencia es emocionalmente importante. La ciencia permite seleccionar mejor, cultivar mejor y comprender mejor, pero no puede eliminar por completo la incertidumbre del proceso reproductivo.
Una mirada serena al inicio del desarrollo humano
Todo ocurre en una escala microscópica, pero con una enorme relevancia para quienes están buscando un embarazo.
Para una persona que atraviesa un tratamiento de reproducción asistida, estos días pueden vivirse con una intensidad difícil de explicar. Cada llamada del laboratorio, cada palabra nueva y cada cambio en la evolución embrionaria pueden sentirse como una señal decisiva. Por eso, entender el proceso ayuda.
No porque elimine la espera, sino porque permite habitarla con algo más de claridad.
Un embrión no es una estadística aislada ni una promesa escrita de antemano. Es una realidad biológica en desarrollo, observada por profesionales que intentan interpretar sus señales con el mayor rigor posible. Saber qué ocurre desde el cigoto hasta el blastocisto permite mirar esa etapa con respeto, con prudencia y con una esperanza mejor informada.
Preguntas frecuentes sobre desarrollo embrionario temprano
¿Qué es un cigoto?
El cigoto es la primera célula que resulta de la fecundación de un ovocito por un espermatozoide, antes de que se complete la primera división celular. Es el punto inicial del desarrollo embrionario.
¿Cuándo se forma el blastocisto?
El blastocisto suele formarse alrededor del día 5 o 6 tras la fecundación, aunque en algunos casos puede aparecer en día 7. La interpretación del ritmo de desarrollo debe hacerse siempre dentro del contexto del tratamiento y de la valoración del laboratorio.
¿Es mejor un embrión de día 5 que uno de día 3?
No necesariamente. Un embrión de día 5 ha llegado a blastocisto, lo que suele aportar información adicional sobre su capacidad de desarrollo. Sin embargo, la decisión entre transferencia en día 3 o cultivo hasta blastocisto depende de muchos factores, como el número de embriones disponibles, su evolución, la edad de la paciente, la historia clínica y la estrategia del equipo.
¿Llegar a blastocisto garantiza la implantación?
No. Llegar a blastocisto suele ser una señal favorable, pero no garantiza que el embrión vaya a implantar ni que el embarazo vaya a evolucionar. La implantación depende del embrión, del endometrio, de la sincronía entre ambos y de otros factores biológicos.
¿Qué significa que un embrión vaya más lento?
Un desarrollo más lento puede influir en la valoración embrionaria, pero no debe interpretarse de forma aislada. Algunos embriones alcanzan el blastocisto en día 6 o incluso día 7. El significado clínico depende de la calidad del blastocisto, del contexto del ciclo y de la valoración del equipo de reproducción asistida.
¿Qué diferencia hay entre mórula y blastocisto?
La mórula es una etapa en la que las células del embrión están compactadas y forman una estructura más integrada. El blastocisto aparece después, cuando se forma una cavidad interna llena de líquido y se distinguen estructuras como la masa celular interna y el trofoectodermo.
¿La calidad embrionaria se puede saber solo mirando el embrión?
No completamente. La morfología aporta información útil, pero tiene límites. Permite valorar rasgos visibles del desarrollo, como el número de células, la fragmentación, la compactación o la calidad del blastocisto. Sin embargo, no permite conocer con certeza todos los aspectos genéticos, moleculares o funcionales del embrión.
Nota informativa
Autor
Francisco Carrera Sorensen
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).




