Estudio de la fertilidad femenina: qué pruebas se realizan y qué información aportan
Hay preguntas que aparecen de forma silenciosa.
A veces llegan después de varios meses intentando conseguir un embarazo. Otras veces surgen incluso antes de comenzar a buscarlo, cuando una mujer desea conocer mejor su situación reproductiva para planificar el futuro. También pueden aparecer tras escuchar términos como «reserva ovárica», «AMH» o «folículos antrales» durante una consulta médica.
En cualquiera de estos escenarios suele surgir la misma duda: ¿Cómo se estudia realmente la fertilidad femenina?
La respuesta no se encuentra en una única prueba ni en un único resultado.
La fertilidad es un proceso complejo que depende de la coordinación de numerosos factores biológicos. Los ovarios deben producir óvulos capaces de madurar correctamente, las hormonas tienen que comunicarse entre sí con precisión, las trompas de Falopio deben permitir el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide y el útero debe estar preparado para recibir un embrión.
Cuando alguna de estas piezas no funciona como debería, el embarazo puede tardar más en llegar.
Por eso existe el estudio de fertilidad femenina: un conjunto de pruebas diseñadas para comprender cómo está funcionando el sistema reproductor y detectar posibles factores que puedan influir en la capacidad de conseguir un embarazo.
Además, es importante recordar que la fertilidad rara vez se estudia de forma aislada. Cuando existen dificultades para lograr una gestación, los especialistas suelen evaluar tanto los factores femeninos como los masculinos para obtener una visión completa de la situación reproductiva.
¿Cuándo conviene realizar un estudio de fertilidad?
La mayoría de las parejas consiguen un embarazo durante el primer año de relaciones sexuales regulares sin utilizar métodos anticonceptivos. Sin embargo, cuando el embarazo no llega, es razonable comenzar a buscar respuestas.
La American Society for Reproductive Medicine (ASRM) recomienda iniciar una evaluación de fertilidad después de doce meses de búsqueda en mujeres menores de 35 años. A partir de esa edad, el estudio suele adelantarse a los seis meses, ya que la fertilidad femenina disminuye progresivamente con el paso del tiempo.
Existen además circunstancias que justifican una consulta más temprana. Los ciclos muy irregulares, la ausencia de menstruación, la endometriosis, el síndrome de ovario poliquístico, determinadas cirugías ginecológicas previas o antecedentes de tratamientos oncológicos pueden influir sobre la capacidad reproductiva y aconsejar una valoración precoz.
En otras ocasiones, el objetivo no es buscar un embarazo inmediato. Cada vez más mujeres desean conocer su situación reproductiva para planificar la maternidad o valorar estrategias de preservación de la fertilidad antes de que aparezcan limitaciones relacionadas con la edad.
La primera consulta: donde comienza la investigación
Aunque solemos asociar el estudio de fertilidad a análisis y ecografías, el primer paso suele ser una conversación.
Durante la consulta, el especialista recopila información sobre los ciclos menstruales, antecedentes médicos y familiares, embarazos previos, intervenciones quirúrgicas, hábitos de vida y posibles síntomas ginecológicos.
Puede parecer una entrevista sencilla, pero cada respuesta aporta información valiosa.
Un ciclo menstrual muy irregular puede sugerir alteraciones de la ovulación. Una cirugía abdominal previa puede hacer sospechar adherencias. Un antecedente familiar de menopausia precoz puede orientar hacia una evaluación más detallada de la reserva ovárica.
La medicina reproductiva moderna intenta personalizar cada estudio. Por eso esta primera valoración resulta tan importante: ayuda a decidir qué pruebas son realmente necesarias y evita exploraciones innecesarias.
Analítica hormonal: escuchar la conversación entre el cerebro y los ovarios
Cada ciclo menstrual es el resultado de una conversación biológica extraordinariamente compleja.
El cerebro envía señales a los ovarios, los ovarios responden produciendo hormonas y el útero se prepara para una posible implantación. Todo ello ocurre de forma coordinada y precisa, mes tras mes.
Cuando los especialistas solicitan una analítica hormonal, en realidad están intentando escuchar ese diálogo invisible.
Entre los marcadores más conocidos se encuentra la hormona antimulleriana (AMH), producida por los pequeños folículos presentes en los ovarios. Esta hormona se ha convertido en una herramienta fundamental para estimar la reserva ovárica, es decir, la cantidad aproximada de folículos disponibles en un momento determinado.
Sin embargo, es importante interpretar correctamente su significado.
La ASRM recuerda que la AMH es especialmente útil para estimar la respuesta ovárica a una estimulación y el número de ovocitos que podrían obtenerse en determinados tratamientos, pero tiene limitaciones importantes para predecir la probabilidad de embarazo de forma individual. Una AMH baja no equivale automáticamente a infertilidad, ni una AMH elevada garantiza la concepción.
Junto a ella se estudian otras hormonas que ayudan a comprender cómo se están comunicando los distintos órganos implicados en la reproducción.
La FSH y la LH, producidas por la hipófisis, participan directamente en la maduración folicular y en la ovulación. El estradiol aporta información sobre la actividad ovárica y el crecimiento de los folículos. La progesterona, medida en el momento adecuado del ciclo, permite confirmar si la ovulación se ha producido correctamente.
La analítica suele completarse con la evaluación de la prolactina y de la función tiroidea mediante la determinación de la TSH, ya que alteraciones en estos sistemas pueden afectar a la regularidad menstrual, la ovulación e incluso a la implantación embrionaria.
Ninguna de estas hormonas ofrece una respuesta definitiva por sí sola.
Su verdadero valor aparece cuando se interpretan conjuntamente y se relacionan con la edad, los síntomas y el resto de las pruebas.
Ecografía basal: una ventana directa a la reserva ovárica
Si la analítica permite escuchar las señales químicas de la fertilidad, la ecografía basal permite observar directamente algunos de sus protagonistas.
Se realiza habitualmente mediante una ecografía transvaginal durante los primeros días del ciclo menstrual, generalmente entre el segundo y el quinto día. Es una exploración breve, bien tolerada y capaz de proporcionar una enorme cantidad de información en pocos minutos.
Mientras observa la pantalla, el especialista puede valorar la anatomía del útero, el aspecto del endometrio y la estructura de los ovarios.
Pero uno de los datos más importantes es el llamado recuento de folículos antrales.
Los folículos antrales son pequeñas estructuras que contienen óvulos inmaduros. Durante la ecografía aparecen como pequeñas imágenes redondeadas y oscuras distribuidas en el interior de los ovarios. Su número ofrece una estimación bastante fiable de la reserva ovárica.
Actualmente, las principales guías científicas consideran que el recuento de folículos antrales y la AMH son los dos marcadores más útiles para valorar la reserva ovárica.
Podría decirse que ambos ofrecen perspectivas complementarias de una misma realidad. La AMH proporciona una estimación mediante un análisis de sangre, mientras que la ecografía permite observar directamente la actividad ovárica.
Además, la ecografía puede revelar hallazgos que ayudan a explicar dificultades reproductivas. Miomas, pólipos endometriales, quistes ováricos, signos sugestivos de endometriosis o determinadas malformaciones uterinas pueden identificarse durante esta exploración y aportar información relevante para comprender posibles dificultades reproductivas.
Por este motivo, muchos especialistas consideran que la ecografía basal constituye una de las herramientas más valiosas de todo el estudio de fertilidad.
Histerosalpingografía: comprobar que el camino está abierto
Las trompas de Falopio desempeñan un papel esencial en la reproducción natural.
Es precisamente en ellas donde suele producirse el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide. Si existe una obstrucción, el embarazo puede resultar difícil o imposible incluso cuando la ovulación, la reserva ovárica y el semen presentan parámetros aparentemente normales.
Para estudiar esta parte del proceso reproductivo se utiliza la histerosalpingografía.
Durante la prueba, la mujer permanece tumbada en una mesa de radiología. A través del cuello uterino se introduce suavemente un contraste que permite visualizar el interior del útero y comprobar si las trompas son permeables.
A medida que el contraste avanza, las imágenes muestran el recorrido que seguirían los espermatozoides y el óvulo durante una concepción natural.
Aunque muchas mujeres sienten preocupación antes de realizarla, suele tratarse de una exploración breve y ambulatoria. Algunas pacientes describen molestias similares a las de una menstruación intensa, especialmente durante el paso del contraste, pero habitualmente desaparecen poco después de finalizar la prueba.
Gracias a la histerosalpingografía es posible detectar obstrucciones tubáricas, hidrosálpinx, alteraciones de la cavidad uterina y determinadas malformaciones anatómicas que podrían influir en la fertilidad.
Existe además un aspecto poco conocido de esta exploración.
En 2017, un ensayo clínico multicéntrico publicado en The New England Journal of Medicine comparó el uso de contraste oleoso frente a contraste acuoso durante la histerosalpingografía en más de mil mujeres con infertilidad. Los investigadores observaron mayores tasas de embarazo evolutivo y de recién nacido vivo en el grupo que recibió contraste oleoso. En el estudio, el 39,7 % de las mujeres del grupo de contraste oleoso consiguió un embarazo evolutivo frente al 29,1 % del grupo de contraste acuoso. Las tasas de recién nacido vivo también fueron superiores (38,8 % frente a 28,1 %).
Esto no significa que la histerosalpingografía sea un tratamiento de fertilidad, pero sí pone de manifiesto la importancia clínica de estudiar adecuadamente las trompas dentro del proceso reproductivo.
¿Qué otras pruebas pueden formar parte del estudio?
No todas las mujeres necesitan exactamente las mismas exploraciones.
La medicina reproductiva actual intenta adaptar el estudio a cada situación clínica, evitando pruebas innecesarias y personalizando la evaluación.
Dependiendo de los hallazgos iniciales, pueden recomendarse exploraciones complementarias como la histeroscopia, determinados estudios genéticos, cariotipos o pruebas dirigidas a patologías concretas cuando existe una sospecha clínica justificada.
¿Qué ocurre cuando se unen todas las piezas?
Cada prueba aporta una parte de la información, pero ninguna ofrece una respuesta definitiva por sí sola.
La AMH ayuda a estimar la reserva ovárica. La ecografía permite observar directamente los ovarios y el útero. La histerosalpingografía muestra si las trompas son permeables. La analítica hormonal ayuda a comprender cómo está funcionando el sistema endocrino reproductivo.
El verdadero valor del estudio aparece cuando todos estos datos se interpretan conjuntamente.
De forma similar a un investigador que reúne diferentes pistas para reconstruir una historia, el especialista integra toda la información disponible para comprender qué factores podrían estar influyendo en la fertilidad y cuáles son las opciones más adecuadas en cada caso.
Por eso una cifra aislada rara vez tiene significado suficiente fuera de su contexto.
¿Qué ocurre después del estudio de fertilidad?
Los resultados pueden conducir a escenarios muy diferentes.
En algunas mujeres se confirma que los principales parámetros reproductivos son normales. En otras, el estudio permite identificar alteraciones que pueden corregirse, tratarse o tenerse en cuenta para planificar los siguientes pasos.
En determinados casos los hallazgos orientan hacia cambios en el estilo de vida, tratamientos médicos o técnicas de reproducción asistida. En otros, simplemente aportan tranquilidad al descartar problemas importantes.
Pero incluso cuando no se encuentra una causa evidente, el estudio suele proporcionar algo muy valioso: información.
Y comprender lo que ocurre suele ser el primer paso para afrontar el camino reproductivo con menos incertidumbre.
Preguntas frecuentes sobre el estudio de la fertilidad de la mujer
¿Cómo puedo saber si soy fértil?
No existe una única prueba capaz de determinar si una persona es fértil.
La fertilidad depende de múltiples factores, como la ovulación, la reserva ovárica, el estado de las trompas de Falopio, la salud del útero y también los factores masculinos. Por eso suele ser necesario combinar historia clínica, analíticas hormonales y pruebas de imagen.
En la práctica, el estudio de fertilidad no busca etiquetar a una mujer como fértil o infértil, sino comprender qué factores pueden estar favoreciendo o dificultando la posibilidad de embarazo.
¿Una AMH normal garantiza el embarazo?
No. Una AMH normal no garantiza el embarazo.
La hormona antimulleriana aporta información principalmente sobre la cantidad aproximada de folículos presentes en los ovarios, pero no evalúa directamente la calidad de los óvulos ni otros factores fundamentales para la concepción.
Por este motivo, una AMH normal suele considerarse una noticia positiva, pero siempre debe interpretarse junto con la edad, la ecografía y el resto de las pruebas del estudio de fertilidad.
¿Una AMH baja significa que no podré quedarme embarazada?
No necesariamente.
Una AMH baja suele indicar una disminución de la reserva ovárica, es decir, un menor número de folículos disponibles. Sin embargo, algunas mujeres con valores bajos consiguen embarazos espontáneos, mientras que otras pueden necesitar ayuda reproductiva.
La AMH informa sobre cantidad de folículos, pero no permite predecir por sí sola la capacidad de lograr un embarazo.
¿La ecografía basal permite ver la calidad de los óvulos?
No. La ecografía basal no puede evaluar directamente la calidad ovocitaria.
Lo que sí permite es observar los ovarios, contar los folículos antrales y detectar alteraciones anatómicas que podrían influir en la fertilidad.
Actualmente no existe ninguna prueba capaz de medir directamente la calidad de todos los óvulos de una mujer. La edad sigue siendo uno de los factores que más se relacionan con ella.
¿La histerosalpingografía duele?
La mayoría de las mujeres describen molestias transitorias similares a las de una menstruación intensa o a cólicos menstruales.
La intensidad puede variar mucho de una persona a otra. Algunas apenas notan molestias, mientras que otras experimentan dolor más intenso durante unos minutos, especialmente cuando el contraste atraviesa el útero y las trompas.
En cualquier caso, suele tratarse de una exploración breve y las molestias desaparecen poco después de finalizar la prueba.
¿Cuánto tiempo tarda en completarse un estudio de fertilidad?
En muchos casos, las pruebas básicas pueden completarse en pocas semanas.
El tiempo exacto depende de las pruebas necesarias, de la disponibilidad para realizarlas y de la complejidad de cada situación clínica.
Algunas exploraciones deben programarse en momentos concretos del ciclo menstrual, por lo que el proceso puede variar ligeramente entre unas mujeres y otras.
¿Puedo hacerme un estudio de fertilidad aunque no esté buscando embarazo?
Sí.
Cada vez más mujeres desean conocer mejor su situación reproductiva para planificar el futuro o valorar opciones de preservación de la fertilidad.
Sin embargo, es importante recordar que ninguna prueba puede predecir con exactitud la fertilidad futura, por lo que los resultados siempre deben interpretarse dentro de su contexto clínico.
¿Cuál es la prueba más importante del estudio de fertilidad?
No existe una única prueba fundamental.
La información más útil surge de la combinación de la historia clínica, la analítica hormonal, la ecografía y, cuando es necesario, el estudio de las trompas de Falopio.
Precisamente porque la fertilidad depende de muchos factores, ninguna prueba aislada puede ofrecer una visión completa de la situación reproductiva.
¿Es necesario estudiar también al hombre?
Sí. En la mayoría de los casos es recomendable.
La fertilidad es un proceso compartido y los factores masculinos participan en aproximadamente la mitad de las dificultades reproductivas identificadas en las parejas.
Por este motivo, las principales sociedades científicas recomiendan que la evaluación de la fertilidad incluya tanto a la mujer como al hombre cuando existe dificultad para conseguir un embarazo.
Si todas las pruebas son normales, ¿por qué puede no llegar el embarazo?
Porque las pruebas actuales no pueden medir todos los aspectos implicados en la reproducción humana.
En algunas parejas no se identifica una causa concreta a pesar de que el embarazo tarda en llegar. Esta situación se conoce como infertilidad sin causa aparente o infertilidad inexplicada.
Aunque puede resultar frustrante, unos resultados normales siguen siendo información valiosa y ayudan a orientar las decisiones médicas posteriores.
Autor
Francisco Carrera
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).

