Fase folicular: qué ocurre antes de la ovulación y por qué es tan importante para la fertilidad
¿Qué es la fase folicular y cuándo comienza?
La fase folicular es la primera etapa del ciclo menstrual. Comienza el primer día de la menstruación y termina con la ovulación. Durante este periodo, varios folículos ováricos empiezan a crecer, uno suele convertirse en dominante y el ovocito que contiene completa parte de la maduración necesaria para poder ser fecundado.
Pero la menstruación no representa el verdadero comienzo de esta historia biológica.
Mientras el útero elimina el endometrio que no llegó a albergar un embarazo, en los ovarios ya existe un pequeño grupo de folículos preparado para responder a las señales hormonales del nuevo ciclo. Cada uno contiene un ovocito y forma parte de un proceso de desarrollo iniciado muchos meses antes.
Durante la fase folicular, el organismo no solo prepara una posible ovulación. También coordina al cerebro, los ovarios, el útero y el cuello uterino para crear las condiciones más favorables para una fecundación.
No se trata de una cuenta atrás idéntica cada mes. Esta fase puede durar más o menos según el tiempo que necesite el ovario para seleccionar y madurar el folículo dominante. Comprenderla ayuda a explicar por qué la ovulación no ocurre siempre el día 14, cómo cambia la ventana fértil y por qué muchos tratamientos de reproducción asistida actúan precisamente sobre los mecanismos que se ponen en marcha antes de ovular.
Idea clave:
La fase folicular comienza el primer día de la menstruación y termina con la ovulación.
Durante este periodo, varios folículos responden a las hormonas, uno suele convertirse en dominante y el aparato reproductor se prepara para una posible fecundación.
Sin embargo, ese folículo no empezó a desarrollarse con la menstruación: su crecimiento comenzó muchos meses antes.
Mucho antes de este ciclo, el ovario ya había empezado a trabajar
Los ovarios contienen desde antes del nacimiento prácticamente toda la dotación de ovocitos de la que dispondrá una mujer a lo largo de su vida. Sin embargo, cada ovocito no permanece aislado: está rodeado por células que lo protegen, lo nutren y regulan su desarrollo.
El conjunto formado por el ovocito y esas células recibe el nombre de folículo ovárico.
Durante años, la mayoría de los folículos permanece en reposo. Solo una pequeña proporción abandona progresivamente ese estado e inicia un proceso de crecimiento lento y escalonado.
Uno de los trabajos que permitió poner un calendario aproximado a este recorrido fue el modelo publicado en 1986 por el investigador Alain Gougeon. En el artículo científico Dynamics of follicular growth in the human: a model from preliminary results, Gougeon estimó que un folículo primordial puede tardar alrededor de 290 días en alcanzar una fase preantral avanzada. Después todavía debe completar su crecimiento antral antes de llegar al estado preovulatorio.
No se trata de un cronómetro exacto aplicable por igual a todos los folículos. Es un modelo biológico que ayuda a comprender una idea esencial: el folículo que ovula no empezó a crecer con la última menstruación. Su historia comenzó muchos meses antes y puede acercarse, en conjunto, a un año.
Durante las primeras etapas, el crecimiento depende sobre todo de señales locales producidas dentro del propio ovario. Más adelante, algunos folículos desarrollan una pequeña cavidad llena de líquido y alcanzan la denominada fase antral.
A partir de entonces pueden responder de forma más evidente a las hormonas procedentes del cerebro. Son estos folículos antrales los que pueden observarse mediante una ecografía al inicio del ciclo menstrual.
Conviene precisar una idea que suele expresarse de forma confusa: no compiten los ovocitos, sino los folículos que los contienen.
Cada ovocito permanece protegido en el interior de su estructura folicular. La capacidad de ese conjunto para responder a las señales hormonales es la que condicionará qué folículo continúa creciendo.
Al comienzo de la fase folicular, varios folículos antrales forman una pequeña cohorte. Todos tienen cierto potencial, pero habitualmente solo uno alcanzará la madurez suficiente para ovular. Los demás detendrán su desarrollo mediante un proceso natural llamado atresia.
Esta reducción no constituye un error del organismo. Forma parte de la fisiología normal del ovario: a lo largo de la vida reproductiva, la inmensa mayoría de los folículos no llega a ovular.
¿Cómo se elige el folículo que llegará a ovular?
La fase folicular visible depende de una conversación continua entre el cerebro y los ovarios.
En el hipotálamo, una pequeña región cerebral, se liberan pulsos de una hormona llamada GnRH. Esta señal estimula a la hipófisis para producir dos mensajeros esenciales: la FSH, u hormona foliculoestimulante, y la LH, u hormona luteinizante.
Al final del ciclo anterior, si no se ha producido un embarazo, disminuye la actividad del cuerpo lúteo y caen las concentraciones de progesterona y estradiol. Esa retirada hormonal permite que la FSH aumente ligeramente y estimule a la cohorte de folículos antrales disponible.
Todos reciben la señal, pero no responden de la misma manera.
Algunos folículos poseen más receptores para la FSH, producen estradiol con mayor eficacia o cuentan con un entorno celular más favorable. Una ventaja que al principio puede ser pequeña se amplía conforme avanza el ciclo.
A medida que crecen, las células foliculares producen cantidades crecientes de estradiol y de inhibina B. Estas señales hacen que la hipófisis reduzca progresivamente la liberación de FSH.
Cuando la concentración de FSH disminuye, los folículos menos sensibles dejan de recibir estímulo suficiente para continuar creciendo y entran en atresia. Uno, sin embargo, suele mantener el desarrollo incluso cuando la cantidad de FSH disponible es menor.
Es el folículo dominante.
No se convierte en dominante porque contenga necesariamente el «mejor» ovocito ni porque el organismo haya evaluado de forma consciente su calidad. Se impone porque, dentro de la cohorte de ese ciclo, ha desarrollado una mayor capacidad para responder al entorno hormonal.
Esta distinción es importante. El crecimiento del folículo y su producción de estradiol ofrecen información sobre su desarrollo, pero no permiten conocer por sí solos la calidad cromosómica del ovocito que contiene.
El ovocito no es un pasajero pasivo
Durante mucho tiempo se describió al ovocito como una célula silenciosa que esperaba en el interior del folículo mientras las células que la rodeaban hacían todo el trabajo.
Hoy sabemos que esa imagen era incompleta.
El ovocito mantiene una comunicación constante con las células de la granulosa que lo rodean. Libera moléculas como GDF-9 y BMP-15, que ayudan a regular la multiplicación, diferenciación y actividad de estas células.
A su vez, las células foliculares suministran al ovocito nutrientes, energía y señales imprescindibles para continuar su desarrollo.
La revisión científica Molecular Aspects and Clinical Relevance of GDF9 and BMP15 in Ovarian Function describe estas moléculas como factores secretados por el propio ovocito con un papel relevante en el control de la función ovárica y en el diálogo con las células de la granulosa.
Folículo y ovocito forman, por tanto, una auténtica unidad biológica.
Las células foliculares construyen el entorno que necesita el ovocito, pero el ovocito también dirige parte del comportamiento de esas células. No es simplemente una carga protegida en el interior del folículo: participa activamente en la regulación de su propio desarrollo.
Esta cooperación ayuda a comprender por qué no basta con que un folículo alcance un determinado tamaño. En su interior debe producirse también una maduración cuidadosamente coordinada que no puede observarse por completo mediante una ecografía.
Un ovario más dinámico de lo que se creía
Durante décadas, los libros de texto describieron el crecimiento folicular como una única oleada que comenzaba al principio del ciclo y terminaba con la ovulación.
Sin embargo, a comienzos de este siglo, un equipo dirigido por la investigadora Angela Baerwald decidió observar los ovarios con mucha más continuidad.
En el estudio A new model for ovarian follicular development during the human menstrual cycle, publicado en 2003, los investigadores realizaron ecografías transvaginales diarias a 50 mujeres con ciclos menstruales regulares durante un intervalo completo entre dos ovulaciones.
El seguimiento mostró que el 68 % de las mujeres presentó dos ondas de crecimiento folicular y el 32 %, tres ondas. En cada una de ellas aparecía un grupo de folículos que comenzaba a crecer, aunque la onda que culminaba en la ovulación era la última del ciclo.
Esto no significa que se produzcan dos o tres ovulaciones separadas durante el mismo ciclo.
Significa que pueden aparecer varias cohortes de folículos que inician su crecimiento y después regresan, mientras que normalmente solo una de esas ondas genera el folículo dominante que finalmente ovulará.
El hallazgo transformó la imagen de un ovario que supuestamente se activaba una sola vez al mes. Ahora sabemos que su actividad es más continua y dinámica de lo que sugería el modelo clásico.
Esta nueva comprensión también ha influido en la reproducción asistida. En determinadas circunstancias clínicas, los especialistas pueden aprovechar folículos que aparecen en distintos momentos del ciclo para iniciar una estimulación ovárica sin tener que esperar necesariamente a la siguiente menstruación.
¿Cómo prepara el estradiol al aparato reproductor?
A medida que el folículo dominante crece, deja de ser únicamente la estructura que alberga al ovocito. Se convierte también en una pequeña unidad endocrina capaz de producir cantidades cada vez mayores de estradiol.
Esta hormona viaja por la sangre y comunica al resto del aparato reproductor que la ovulación se aproxima. Gracias a esa señal, varios tejidos comienzan a prepararse antes de que el ovocito abandone el ovario.
Mientras el folículo madura una única célula, el resto del organismo modifica silenciosamente el escenario que podría recibirla.
El endometrio vuelve a crecer
Durante la menstruación se desprende la capa funcional del endometrio, pero permanece una capa basal desde la que el tejido puede reconstruirse.
Bajo el efecto del estradiol, las células endometriales se multiplican, las glándulas se alargan y el tejido recupera progresivamente su espesor. Esta etapa recibe el nombre de fase proliferativa del endometrio.
El endometrio, sin embargo, todavía no está plenamente preparado para recibir un embrión.
Durante la fase folicular se reconstruye y prepara el terreno. La transformación que permitirá alcanzar la receptividad dependerá, después de la ovulación, de la progesterona producida por el cuerpo lúteo.
Dicho de otra manera: el estradiol reconstruye la casa; la progesterona se encargará más tarde de acondicionarla.
El moco cervical facilita el paso de los espermatozoides
El cuello uterino también responde al aumento del estradiol.
En los días próximos a la ovulación, el moco cervical suele hacerse más abundante, transparente y elástico. Su composición crea un entorno más favorable para que los espermatozoides sobrevivan y se desplacen desde la vagina hacia el útero y las trompas de Falopio.
Muchas mujeres reconocen este cambio porque el flujo adquiere una consistencia parecida a la clara de huevo.
Puede ser una señal útil de que se acercan los días de mayor fertilidad, aunque no aparece con la misma intensidad en todas las personas ni en todos los ciclos.
No observar ese tipo de moco no demuestra que no se esté produciendo una ovulación. La cantidad visible puede variar por múltiples razones y ningún signo aislado permite confirmar por sí solo lo que ocurre en el ovario.
La American Society for Reproductive Medicine señala que la probabilidad de concepción suele ser mayor cuando el moco es claro y resbaladizo, aunque su ausencia visible no excluye la posibilidad de embarazo.
El cerebro cambia de respuesta
Durante buena parte de la fase folicular, el estradiol ejerce una retroalimentación negativa sobre el cerebro y la hipófisis: a medida que aumenta, contribuye a reducir la producción de FSH.
Esta disminución permite que el folículo dominante conserve su ventaja mientras los demás detienen su crecimiento.
Sin embargo, cuando el folículo alcanza una madurez suficiente y mantiene una producción elevada de estradiol durante el tiempo necesario, la respuesta del eje hormonal cambia.
Lo que antes funcionaba como freno comienza a actuar como estímulo.
El hipotálamo y la hipófisis aumentan su actividad y se produce una liberación brusca de hormona luteinizante: el conocido pico de LH.
La ovulación no aparece simplemente porque se alcance una cifra hormonal concreta. Depende de la intensidad y duración de la señal de estradiol, de la sensibilidad del cerebro y del grado de madurez alcanzado por el folículo.
Ese cambio de retroalimentación negativa a positiva marca el final de la selección folicular y pone en marcha la secuencia que conducirá a la ovulación.
¿Qué ocurre justo antes de la ovulación?
El pico de LH no provoca que el ovocito salga del ovario de forma instantánea. Primero activa una cadena de cambios dentro del folículo.
Hasta ese momento, el ovocito había permanecido detenido durante años en una fase temprana de la meiosis, la división celular mediante la cual reducirá a la mitad su número de cromosomas.
La señal ovulatoria permite que reanude ese proceso y avance hacia la madurez necesaria para poder ser fecundado.
Este paso resulta esencial. Un folículo puede crecer y, sin embargo, contener un ovocito que todavía no haya completado adecuadamente su maduración. El tamaño folicular ofrece una pista, pero no cuenta toda la historia.
Al mismo tiempo, las células del folículo cambian su actividad. Producen sustancias que remodelan el tejido que las rodea, debilitan una zona concreta de la pared folicular y modifican la superficie del ovario.
La expansión de las células del cúmulo, la presión del líquido folicular y la remodelación del tejido permiten finalmente la apertura del folículo.
Cuando se rompe, libera el ovocito rodeado por un pequeño grupo de células que lo han acompañado durante su desarrollo.
Eso es la ovulación.
El ovocito no entra directamente en la trompa de Falopio. Es liberado en el espacio situado junto al ovario y las fimbrias, unas prolongaciones móviles del extremo de la trompa, contribuyen a captarlo y conducirlo hacia su interior.
¿Cuándo comienza la ventana fértil?
Una vez liberado, el ovocito conserva durante un tiempo limitado la capacidad de ser fecundado, generalmente durante unas doce a veinticuatro horas.
Los espermatozoides, en cambio, pueden sobrevivir varios días dentro del aparato reproductor femenino cuando encuentran un moco cervical y un entorno favorables.
Por eso, los días anteriores a la ovulación también forman parte de la ventana fértil. Mantener relaciones sexuales antes de que el ovocito sea liberado permite que ya haya espermatozoides presentes cuando llegue a la trompa.
La American Society for Reproductive Medicine define la ventana fértil como un intervalo aproximado de seis días que termina el día de la ovulación. La probabilidad de concepción suele ser mayor cuando las relaciones sexuales tienen lugar durante los dos días anteriores.
Esta es una de las razones por las que intentar identificar un único «día perfecto» puede resultar innecesariamente rígido. La fertilidad no aparece y desaparece en unas pocas horas, sino que se distribuye a lo largo de varios días.
Tras la ovulación, el folículo vacío no desaparece. Sus células se reorganizan y forman una nueva estructura, el cuerpo lúteo, que comienza a producir progesterona.
Con esta transformación termina la fase folicular y empieza la fase lútea.
¿Cuánto dura la fase folicular?
No existe una duración única que pueda aplicarse a todas las mujeres y a todos los ciclos.
La fase folicular comienza el primer día de la menstruación y termina con la ovulación. Por tanto, dura tantos días como necesite el ovario para seleccionar el folículo dominante, completar su crecimiento y generar la señal hormonal que desencadena la ovulación.
Por qué la ovulación no ocurre siempre el día 14
La idea de que todas las mujeres ovulan el día 14 procede de un modelo teórico: un ciclo de 28 días dividido en dos mitades de aproximadamente dos semanas.
En la práctica, los ciclos menstruales muestran bastante más variabilidad.
La fase folicular suele ser la parte más variable. Puede alargarse o acortarse según el tiempo que necesite el folículo dominante para crecer, producir suficiente estradiol y provocar el pico de LH.
Una mujer con ciclos de 24 días puede ovular antes del día 14, mientras que otra con ciclos de 32 o 35 días puede hacerlo después. Incluso en una misma persona, la fecha puede desplazarse de un mes a otro sin que eso implique necesariamente un problema.
El estrés intenso, algunas enfermedades, los viajes, los cambios importantes de peso, el ejercicio excesivo o determinadas alteraciones hormonales pueden retrasar la selección o maduración folicular.
Los ciclos también pueden ser más variables durante la adolescencia, la lactancia, después de abandonar los anticonceptivos hormonales o durante los años de transición hacia la menopausia.
Cuándo puede ser conveniente consultar
Una fase folicular larga no significa automáticamente que exista infertilidad. En ocasiones, el ovario simplemente necesita más tiempo para alcanzar la ovulación.
Sin embargo, puede ser conveniente solicitar una valoración profesional cuando los ciclos son muy irregulares, duran de forma repetida más de lo habitual, desaparecen durante varios meses o existen dudas sobre si se está ovulando.
También conviene consultar cuando las alteraciones del ciclo se acompañan de otros síntomas, como sangrado muy abundante, dolor intenso, pérdida o aumento importante de peso, secreción de leche fuera de la lactancia o signos de exceso de andrógenos.
La duración del ciclo tampoco permite conocer por sí sola la calidad del ovocito, la reserva ovárica ni la probabilidad de embarazo. Es una pista útil, pero debe interpretarse junto con la edad, la historia clínica y, cuando esté indicado, las pruebas de fertilidad.
¿Qué relación tiene la fase folicular con la fertilidad?
Entender la fase folicular permite mirar el ciclo menstrual con menos rigidez.
La fertilidad no depende de un único día señalado en una aplicación, sino de una secuencia de cambios que comienza antes de la ovulación y cuya duración puede variar.
Las aplicaciones pueden ayudar a reconocer patrones, pero suelen hacer sus predicciones a partir de la duración de ciclos anteriores. Incluso en mujeres con ciclos aparentemente regulares, la ovulación puede desplazarse y las aplicaciones no siempre aciertan el día exacto.
Conocer la fase folicular también ayuda a interpretar algunas de las pruebas utilizadas en el estudio de la fertilidad.
La ecografía basal permite observar y contar los folículos antrales disponibles al inicio del ciclo. Las determinaciones hormonales ofrecen información sobre la comunicación entre la hipófisis y los ovarios. Las ecografías de seguimiento muestran cómo crecen los folículos y cuándo uno de ellos se convierte en dominante.
Ninguna de estas pruebas, por separado, describe toda la fertilidad de una persona.
El recuento de folículos antrales y la hormona antimülleriana aportan información sobre la cantidad de folículos disponibles y pueden ayudar a anticipar la respuesta a una estimulación ovárica. Sin embargo, no miden directamente la calidad de los ovocitos ni garantizan la posibilidad de conseguir un embarazo.
¿Cómo utilizan esta fisiología los tratamientos de reproducción asistida?
Muchos tratamientos de reproducción asistida se apoyan en los mismos mecanismos que actúan durante un ciclo espontáneo.
En un ciclo natural, la disminución de FSH permite que solo el folículo dominante siga creciendo. Durante una estimulación ovárica, se administran gonadotropinas para mantener una concentración hormonal suficiente y favorecer que varios folículos continúen desarrollándose en lugar de entrar en atresia.
Las ecografías y los análisis hormonales permiten vigilar su evolución. Cuando los folículos alcanzan un grado adecuado de desarrollo, una medicación final —con frecuencia hCG o un agonista de la GnRH, según el protocolo— intenta reproducir la señal que impulsa la maduración final de los ovocitos.
No se sustituye por completo la fisiología del ovario: se interviene sobre ella, se amplifica y se controla dentro de ciertos límites.
Esto también explica por qué dos mujeres con una edad o una reserva ovárica parecidas pueden responder de forma diferente.
El número de folículos disponibles, su sensibilidad hormonal, la comunicación entre el ovocito y las células foliculares y otros factores individuales influyen en cada ciclo. Ninguna cifra aislada puede anticipar con absoluta certeza el resultado.
Un proceso silencioso que prepara todo lo demás
La fase folicular no suele recibir tanta atención como la menstruación o la ovulación. Sin embargo, durante esos días se organiza buena parte de lo que sucederá después.
Varios folículos responden a la FSH. Uno adquiere ventaja y se convierte en dominante. El ovocito mantiene una comunicación activa con las células que lo rodean. El estradiol reconstruye el endometrio, modifica el moco cervical y cambia la respuesta del cerebro. Finalmente, el pico de LH completa la maduración y desencadena la ovulación.
Nada de esto ocurre como un mecanismo rígido ni con un calendario idéntico todos los meses.
La ovulación es el desenlace visible de una historia que comenzó muchos meses antes y que depende de una conversación continua entre el cerebro, el ovario, el ovocito y el útero.
Comprender esa conversación no permite controlar cada ciclo, pero sí interpretarlo con mayor precisión y serenidad.
El cuerpo no está incumpliendo un calendario cuando ovula antes o después del día 14. Está siguiendo un proceso biológico flexible, complejo y cuidadosamente coordinado.
Preguntas frecuentes sobre la fase folicular
¿Qué sucede durante la fase folicular?
Durante la fase folicular, varios folículos ováricos empiezan a responder a la FSH. Uno suele convertirse en dominante, produce cantidades crecientes de estradiol y prepara el ovocito para la ovulación. Al mismo tiempo, el endometrio vuelve a crecer y el moco cervical puede hacerse más favorable para el desplazamiento de los espermatozoides.
¿Cuándo empieza y cuándo termina la fase folicular?
Empieza el primer día de la menstruación y termina cuando se produce la ovulación. Su duración no es idéntica en todos los ciclos, porque depende del tiempo que necesite el ovario para seleccionar y madurar el folículo dominante.
¿La fase folicular dura siempre 14 días?
No necesariamente. El día 14 es una referencia basada en un ciclo teórico de 28 días. En ciclos más cortos, la ovulación puede producirse antes; en ciclos más largos, puede llegar después. Incluso en una misma mujer, la duración de esta fase puede cambiar de un mes a otro.
¿Qué significa tener una fase folicular larga?
Suele significar que el ovario ha necesitado más tiempo para seleccionar o madurar el folículo dominante. Esto puede ocurrir de forma ocasional sin indicar un problema. Cuando se repite, los ciclos son muy irregulares o no existen signos de ovulación, puede ser recomendable realizar una valoración médica.
¿Una fase folicular corta afecta a la fertilidad?
Depende de su duración, de si se produce una ovulación adecuada y del contexto clínico. Una fase algo más corta no implica necesariamente una dificultad reproductiva. Si los ciclos son repetidamente muy breves, puede ser útil valorar la función ovárica y otros factores junto con un profesional.
¿Qué hormonas actúan durante la fase folicular?
Las principales son la GnRH, la FSH, la LH, el estradiol y la inhibina B. También intervienen numerosas señales locales dentro del ovario, entre ellas GDF-9 y BMP-15, producidas por el propio ovocito. Todas participan en la selección folicular, el crecimiento del folículo y la preparación de la ovulación.
¿Se puede saber que la fase folicular está terminando?
Pueden aparecer cambios como un moco cervical más transparente y elástico o un resultado positivo en un test de LH. Sin embargo, estas señales no confirman por sí solas que la ovulación se haya producido. Cuando es necesario comprobarla con mayor precisión, pueden utilizarse ecografías o determinaciones hormonales.
¿El tamaño del folículo permite saber la calidad del ovocito?
No. El tamaño folicular ayuda a estimar su grado de desarrollo y el momento aproximado de la ovulación, pero no permite conocer directamente la calidad cromosómica del ovocito. Un folículo de tamaño adecuado puede contener un ovocito maduro, inmaduro o con alteraciones que no son visibles mediante ecografía.
¿Una fase folicular irregular significa que existe infertilidad?
No necesariamente. La duración puede variar por estrés, enfermedad, viajes, cambios de peso, lactancia, edad o alteraciones hormonales. La irregularidad adquiere mayor relevancia cuando es persistente, cuando los ciclos son muy largos o cuando existen dificultades para identificar la ovulación o conseguir un embarazo.
¿Es posible quedarse embarazada durante la fase folicular?
Sí, especialmente durante los días finales. Los espermatozoides pueden permanecer viables varios días dentro del aparato reproductor femenino, por lo que una relación sexual mantenida antes de la ovulación puede dar lugar a un embarazo si los espermatozoides siguen presentes cuando se libera el ovocito.
Nota informativa
Autor
Francisco Carrera Sorensen
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).




