¿Qué es la progesterona y por qué es tan importante en la fertilidad y el embarazo?
Cuando hablamos de hormonas del embarazo, mucha gente piensa en la HCG, la que detectan los test de orina. Pero hay otra igual de importante, aunque menos conocida: la progesterona.
Esta hormona no solo ayuda a mantener el embarazo en sus primeras semanas, sino que también juega un papel fundamental antes de que ocurra, preparando al cuerpo para que todo funcione cuando ese embarazo llega. Si estás buscando un embarazo, en tratamiento de fertilidad, o ya gestando, entender el papel de la progesterona puede ayudarte a tomar decisiones más informadas.
¿Qué es la progesterona?
La progesterona es una hormona sexual femenina que el cuerpo produce de forma natural. Se genera principalmente en los ovarios, después de la ovulación, gracias a una pequeña estructura que se forma en el lugar donde estaba el folículo: el cuerpo lúteo. Si el embarazo sigue adelante, la placenta se encarga de mantener su producción durante los nueve meses.
Su función principal es transformar el endometrio —el tejido que recubre el interior del útero— para que sea capaz de acoger a un embrión. Es decir, lo vuelve más espeso, vascularizado y secretor: un entorno rico y receptivo, preparado para que el embrión pueda implantarse y desarrollarse. Si no hay fecundación, los niveles de progesterona descienden y aparece la menstruación.
También influye en otros aspectos, como la temperatura basal corporal, el estado de ánimo antes de la regla y la regulación de otras hormonas. En resumen: es una hormona discreta, pero fundamental.
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¿Cuáles son los valores normales de progesterona?
Los niveles de progesterona varían mucho a lo largo del ciclo menstrual y durante el embarazo. Para saber si están dentro de lo normal, hay que interpretarlos siempre en contexto:
En mujeres no embarazadas:
• Antes de la ovulación: niveles bajos, generalmente por debajo de 1,5 ng/mL
• Después de la ovulación (fase lútea): entre 5 y 20 ng/mL es lo esperado
En mujeres embarazadas:
• Primer trimestre: a partir de 11 ng/mL y hasta unos 44 ng/mL
• Segundo trimestre: entre 25 y 83 ng/mL
• Tercer trimestre: puede superar los 200 ng/mL, sobre todo en embarazos gemelares
Estos rangos son orientativos y pueden variar según el laboratorio. Lo importante no es tanto la cifra exacta, sino que los valores estén en el rango adecuado para el momento del ciclo o del embarazo.
¿Qué relación tiene la progesterona con la fertilidad?
Tras la ovulación, la subida de progesterona es la señal que indica al cuerpo que debe prepararse para una posible gestación. Y lo hace transformando el endometrio para que se vuelva receptivo, es decir, apto para que el embrión pueda implantarse con éxito.
Este periodo se llama ventana de implantación, y dura apenas unos pocos días. Es un momento crítico: si el embrión llega demasiado pronto o demasiado tarde, o si el endometrio no ha alcanzado el estado adecuado, la implantación no ocurre. La progesterona se encarga de que ese encuentro ocurra en el momento justo y en el entorno adecuado.
Cuando los niveles de progesterona no son suficientes —por ejemplo, si hay una fase lútea deficiente— el endometrio no llega a desarrollar esa receptividad. El resultado puede ser infertilidad o pérdidas gestacionales muy tempranas.
Por eso, en estudios de fertilidad es habitual medir la progesterona unos 6–8 días después de la ovulación, para comprobar si ha habido una ovulación eficaz y si el cuerpo está preparado. Y en los tratamientos de reproducción asistida, se controla cuidadosamente su administración para sincronizar el desarrollo del endometrio con la transferencia embrionaria.
Una revisión sistemática publicada en 2024 con más de 57.000 mujeres confirmó que ajustar la suplementación de progesterona en ciclos de FIV y TEC mejora significativamente las tasas de embarazo y nacidos vivos.
¿Qué papel tiene la progesterona en tratamientos de fertilidad y FIV?
En los tratamientos de reproducción asistida, la progesterona no es opcional: es una parte fundamental del protocolo. Tanto en la fecundación in vitro (FIV) como en la transferencia de embriones congelados (TEC), se administra progesterona para asegurarse de que el útero esté preparado y receptivo en el momento justo.
En ciclos de FIV con estimulación ovárica, después de la punción y la fecundación en el laboratorio, los niveles hormonales naturales pueden no ser suficientes para sostener el endometrio. Por eso, a partir de la punción ovárica (o del día de la transferencia, si es TEC), se prescribe progesterona en forma de óvulos vaginales, cápsulas orales o inyecciones intramusculares. En los ciclos sustitutivos (sin ovulación propia), esta suplementación es imprescindible, ya que el cuerpo no la produce por sí solo.
La dosis y la vía de administración se ajustan de forma personalizada, y se mantiene hasta que se confirma el embarazo y, en muchos casos, hasta la semana 10–12, cuando la placenta ya puede producirla por sí sola.
En transferencias de embriones congelados (TEC), el momento en que se empieza a administrar la progesterona es crítico para sincronizar el desarrollo del endometrio con la edad del embrión. Incluso una diferencia de horas puede afectar a la tasa de implantación. Por eso, en estos ciclos se sigue un calendario hormonal muy preciso.
Un estudio reciente demostró que el uso de inyecciones diarias de progesterona en mujeres con niveles bajos tras la transferencia permitía restaurar niveles adecuados y obtener tasas de embarazo similares a las pacientes con valores normales.
¿Y si hay sangrados o amenaza de aborto en el embarazo?
Durante las primeras semanas de embarazo, algunas mujeres presentan manchados o pequeños sangrados. Aunque no siempre indican un problema, sí pueden ser una señal de que el cuerpo necesita apoyo hormonal.
Los niveles bajos de progesterona sérica en el primer trimestre se han asociado a un mayor riesgo de aborto espontáneo. Un meta-análisis publicado en 2024 concluyó que una medición por debajo de 12 ng/mL predice el riesgo de amenaza de aborto espontaneo.
Otra revisión en la que se evaluaron más de 35.000 mujeres encontró que iniciar tratamiento hormonal en embarazos con amenaza de aborto natural puede reducir el riesgo de pérdida sin comprometer la seguridad del feto.
En esos casos, si la cifra está por debajo de lo esperado, se suele iniciar tratamiento con progesterona para ayudar a estabilizar el entorno uterino. Aunque no todos los abortos tempranos se deben a causas hormonales —y la mayoría están relacionados con alteraciones cromosómicas del embrión—, el uso de progesterona puede ser útil en embarazos en los que se ha detectado una deficiencia lútea o cuando hay antecedentes de pérdida gestacional.
Preguntas frecuentes sobre la progesterona
¿La progesterona es la hormona del embarazo?
Aunque muchas personas asocian el embarazo con la HCG, la progesterona es igual de crucial. Es la que prepara el útero para que pueda alojar al embrión y mantiene su desarrollo en las primeras semanas.
¿Se puede quedar embarazada con la progesterona baja?
Puede resultar difícil. La progesterona baja puede impedir que el endometrio sea receptivo, lo que reduce las probabilidades de implantación. También puede aumentar el riesgo de pérdida temprana del embarazo.
¿Cuándo se debe medir la progesterona?
En ciclos naturales, suele medirse unos 6 a 8 días después de la ovulación. En tratamientos de fertilidad, se controla en momentos específicos antes y después de la transferencia embrionaria.
¿Qué síntomas puede causar un déficit de progesterona?
Ciclos menstruales irregulares, síndrome premenstrual intenso, manchados antes de la regla o dificultades para mantener el embarazo son algunos signos frecuentes.
¿Tomar progesterona tiene efectos secundarios?
En general, es bien tolerada. Algunas mujeres notan somnolencia, hinchazón o sensación de retención de líquidos. La vía vaginal suele tener menos efectos secundarios sistémicos.
¿Se puede prevenir un aborto con progesterona?
En algunos casos, sí. Especialmente si se detecta un nivel bajo en fases iniciales del embarazo o si hay antecedentes de abortos previos. La decisión debe ser médica y personalizada.
Autor
Francisco Carrera
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).
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