PGT-A y mosaicismo: por qué no todos los diagnósticos son iguales

Ilustración científica que representa el análisis genético mediante PGT-A y la interpretación del ADN en el diagnóstico de embrión mosaico.
R

Cuando una paciente recibe un informe de PGT-A en el que su embrión aparece clasificado como “mosaico”, lo habitual es pensar que se trata de un dato objetivo, casi absoluto. Que ese embrión es, sin matices, diferente de uno euploide. Que cualquier laboratorio del mundo habría llegado exactamente a la misma conclusión.

Sin embargo, la realidad técnica es más compleja.

Para entender por qué, conviene empezar por lo esencial: qué analiza realmente el PGT-A y cómo se genera ese diagnóstico.

Qué estamos buscando cuando analizamos un embrión

R

El PGT-A, o test genético preimplantacional para aneuploidías, tiene como objetivo detectar alteraciones en el número de cromosomas del embrión. Una aneuploidía significa que falta o sobra algún cromosoma completo, algo que puede impedir la implantación o provocar un aborto temprano.

El análisis se realiza cuando el embrión ha alcanzado el estadio de blastocisto, aproximadamente cinco días después de la fecundación. En ese momento se toma una pequeña muestra de entre cinco y diez células del trofoectodermo, la capa externa que más adelante formará la placenta. No se analiza el embrión completo, sino una fracción muy limitada del mismo.

A partir de esa muestra, el ADN debe multiplicarse millones de veces en un proceso llamado amplificación para que pueda ser estudiado. Después se secuencia mediante tecnologías de nueva generación que permiten estimar la cantidad relativa de material genético en cada cromosoma.

Lo que el laboratorio obtiene no es una imagen directa de los cromosomas, como podría imaginarse intuitivamente. Es un patrón de señal. Una lectura cuantitativa que debe interpretarse.

Cuando la señal no es completamente clara

R

En muchos casos, el resultado es nítido. La señal indica que todos los cromosomas están presentes en la proporción esperada. En otros, muestra una alteración evidente.

Pero existe una zona intermedia en la que la proporción de señal sugiere que no todas las células analizadas comparten la misma dotación cromosómica. Es ahí donde aparece la categoría de mosaicismo.

En términos biológicos, el mosaicismo describe la coexistencia de poblaciones celulares distintas dentro de un mismo embrión. Sin embargo, en el contexto del PGT-A, esa coexistencia no se observa directamente. Se infiere a partir de la intensidad relativa de la señal genética en la muestra analizada.

Y aquí es donde el proceso se vuelve más delicado.

Trabajar con cantidades tan pequeñas de ADN implica variabilidad inevitable. Parte de las fluctuaciones pueden deberse a factores biológicos normales, como el momento del ciclo celular en el que se encontraban las células biopsiadas. Otras derivan de características propias del genoma, ya que algunas regiones se amplifican de manera menos uniforme. Además, cualquier procedimiento de amplificación introduce cierto grado de ruido estadístico.

Antes de emitir un diagnóstico, los datos deben compararse con patrones de referencia, ajustarse mediante modelos estadísticos y procesarse para reducir fluctuaciones aleatorias. El equilibrio es fino. Un filtrado excesivo puede ocultar anomalías reales; uno insuficiente puede convertir pequeñas oscilaciones técnicas en diagnósticos de mosaicismo.

como se detecta el mosaicismo

¿Por qué no todos los laboratorios informan lo mismo?

R

Esta dimensión técnica no es meramente teórica. Un estudio internacional coordinado por Mina Popovic y publicado en Human Reproduction en 2024 analizó más de 36.000 blastocistos evaluados por ocho laboratorios de PGT-A en distintos países.

Las tasas de mosaicismo oscilaron entre un 3% y un 25% según el laboratorio.

Lo relevante es que esa variabilidad no se explicaba por diferencias biológicas en las muestras ni por la edad materna. Los autores concluyeron que las discrepancias apuntaban a diferencias técnicas en los procesos de análisis e interpretación.

Además, no existe un consenso universal sobre el porcentaje exacto que define cuándo una señal debe clasificarse como mosaico. Los umbrales pueden variar ligeramente entre centros, y pequeñas diferencias en ese límite pueden cambiar la categoría final del embrión.

Esto no significa que el diagnóstico sea arbitrario. Significa que es técnicamente complejo y que depende de modelos estadísticos que aún están evolucionando.

Qué sabemos sobre la evolución clínica de los embriones mosaico

R

Durante años, muchos embriones clasificados como mosaicos fueron descartados o relegados en la priorización de transferencia. Sin embargo, la evidencia clínica más reciente ha introducido matices importantes.

Un ensayo prospectivo dirigido por Antonio Capalbo y publicado en The American Journal of Human Genetics en 2021 transfirió embriones euploides y mosaicos de bajo o medio nivel sin que el equipo clínico conociera su clasificación genética. De esta manera se evitaba el sesgo en la toma de decisiones.

Los resultados mostraron tasas de implantación y nacimiento vivo comparables cuando el nivel de mosaicismo era inferior al 50%. Además, análisis adicionales del mismo blastocisto indicaron que algunas alteraciones detectadas en la biopsia no estaban presentes en otras regiones del embrión.

Estos datos sugieren que, en determinados casos, el mosaicismo puede reflejar variabilidad localizada o incluso limitaciones técnicas del análisis, más que una alteración embrionaria generalizada.

Precisión técnica y responsabilidad interpretativa

R

El PGT-A ha mejorado la eficiencia y la seguridad de los tratamientos de reproducción asistida. Su aportación es indiscutible. Pero cuanto mayor es la capacidad tecnológica, mayor es la responsabilidad en la interpretación.

Cuando un embrión se clasifica como mosaico, esa etiqueta no es simplemente un dato biológico puro. Es el resultado de un proceso analítico complejo que combina biología molecular, estadística y criterio profesional.

En pacientes con pocos embriones disponibles o con edad materna avanzada, la decisión de transferir o no un mosaico de bajo nivel puede tener implicaciones relevantes. Por eso el asesoramiento genético y la contextualización clínica son esenciales.

La comunidad científica está avanzando hacia una mayor estandarización de criterios y algoritmos más transparentes. Reducir la variabilidad técnica no implica cuestionar la herramienta, sino fortalecerla.

Comprender para decidir mejor

R

Un embrión mosaico no es automáticamente inviable, pero tampoco es equivalente a uno claramente euploide. Es una categoría intermedia cuyo significado depende del nivel de afectación, del cromosoma implicado y del contexto clínico global.

Entender cómo se genera ese diagnóstico permite situarlo en su justa medida. Ni dramatizarlo ni trivializarlo.

Porque detrás de cada informe genético no hay solo gráficos y porcentajes. Hay decisiones reproductivas reales. Y esas decisiones merecen la máxima precisión científica, pero también una interpretación prudente y consciente de sus límites.

Autor

Francisco Carrera

Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).

Explora otros temas que pueden interesarte