¿Podremos saberlo todo del embrión… sin tocarlo?
Durante años, el llamado diagnóstico genético preimplantacional (PGT-A) ha sido la herramienta de referencia para identificar embriones con buen pronóstico. Consiste en tomar una pequeña muestra de células del embrión y analizar si presenta alteraciones en el número de cromosomas, lo que permite reducir el riesgo de fallos de implantación o de aborto espontáneo.
Aunque se trata de una técnica segura y ampliamente utilizada, implica intervenir físicamente sobre el embrión, algo que genera dudas éticas y científicas. ¿Es realmente necesario tocarlo para conocer su viabilidad? ¿No podríamos obtener esa información de otra forma, sin interferir en su desarrollo natural?
La ciencia reproductiva lleva años trabajando en esa dirección, y por fin empezamos a ver resultados. Un artículo reciente publicado en Reproductive BioMedicine Online revisa tres líneas de investigación que podrían cambiar por completo la forma en que seleccionamos embriones: la inteligencia artificial, el análisis no invasivo del ADN embrionario y la metabolómica.
Inteligencia artificial para analizar el desarrollo embrionario
En lugar de basarse solo en la observación humana, los sistemas de inteligencia artificial permiten analizar imágenes del embrión con una precisión mucho mayor. Estos algoritmos, entrenados con miles de casos anteriores, pueden detectar patrones que pasan desapercibidos al ojo humano y predecir si un embrión tiene más o menos probabilidades de implantarse.
Aunque todavía no sustituyen al análisis genético convencional, superan con creces a la evaluación morfológica clásica. La IA abre la puerta a una toma de decisiones más objetiva, basada en datos y no solo en la experiencia visual del embriólogo.
Un buen ejemplo es iDAScore, desarrollado por Vitrolife, que analiza vídeos del embrión captados en incubadoras con cámaras especiales. En un estudio que incluyó más de 115.000 embriones de 18 clínicas, publicado en PLoS One, se demostró que este sistema automatizado podía igualar o incluso superar la capacidad del embriólogo para identificar los embriones con más probabilidades de éxito, sin necesidad de intervención directa .
ADN embrionario sin tocar al embrión: el avance del niPGT-A
Cuando el embrión se desarrolla en el laboratorio, libera fragmentos de ADN al líquido donde está creciendo, llamado medio de cultivo. Esta observación ha dado lugar a una técnica conocida como niPGT-A, que analiza ese ADN libre para obtener información genética sin extraer células del embrión. Este avance permite detectar alteraciones cromosómicas sin necesidad de realizar una biopsia.
Eso sí, para que sea fiable, hay que controlar variables como la posible contaminación con ADN materno. Pero en determinados grupos de pacientes, los resultados ya muestran una concordancia muy alta con la biopsia tradicional.
Según recoge la revisión publicada por Santiago Munneé, José Antonio Horcajadas y otros autores en Reproductive BioMedicine Online (julio de 2025), varios estudios han alcanzado una coincidencia del 80 al 84 % entre los resultados del niPGT-A y el diagnóstico genético convencional. Y lo más prometedor: con protocolos bien optimizados, esa cifra podría acercarse al 100 %.
Metabolómica: conocer la salud del embrión a través de su actividad bioquímica
Más allá del ADN y de las imágenes, el embrión también deja otras huellas mientras crece: pequeñas moléculas que produce, transforma o elimina, conocidas como metabolitos. La metabolómica es la disciplina que estudia estas sustancias para entender el funcionamiento interno del embrión, especialmente su capacidad para generar energía y sostener un desarrollo «saludable».
Lo interesante es que algunos embriones pueden ser genéticamente normales, pero carecer del empuje metabólico necesario para implantarse en el útero. Analizar el medio en el que crecen puede ofrecer pistas clave sobre su viabilidad, sin necesidad de intervenir.
Un estudio publicado en Frontiers in Cell and Developmental Biology (2023) exploró una técnica llamada espectroscopía Raman, que permite analizar la composición química del medio de cultivo simplemente haciendo pasar un haz de luz. Esta tecnología no invasiva detecta cómo vibran las moléculas presentes en el líquido, generando una especie de «firma bioquímica» del embrión.
En el estudio, los investigadores recogieron más de 500 muestras de embriones cultivados en laboratorio y, aplicando inteligencia artificial, identificaron patrones químicos que se repetían en aquellos que acabaron dando lugar a un embarazo. Gracias a este análisis, pudieron predecir con un 71,5 % de acierto qué embriones tenían más posibilidades de implantarse, sin tocar ninguno de ellos.
Más que una técnica: una estrategia combinada
Cada una de estas tecnologías aporta una parte del rompecabezas. La inteligencia artificial observa el comportamiento y la evolución. El análisis genético no invasivo ofrece información cromosómica. Y la metabolómica revela el estado funcional y energético. Pero su verdadero potencial surge cuando se combinan. Al integrar datos visuales, genéticos y metabólicos, los especialistas podrían lograr una selección embrionaria más completa, precisa y respetuosa.
Todo ello sin necesidad de tocar al embrión, sin biopsias y sin comprometer su viabilidad. Esta visión integradora es precisamente la que defienden los autores del artículo en Reproductive BioMedicine Online.
¿Qué falta para que este futuro sea realidad?
Aunque los avances son prometedores, aún hay desafíos importantes por delante. Estas tecnologías necesitan validación en estudios clínicos amplios, protocolos estandarizados y una implementación viable en términos de coste y accesibilidad.
La investigación avanza, pero la integración en la práctica diaria aún requiere tiempo. Aun así, los pasos que se están dando son sólidos. Estamos asistiendo a una transformación profunda de la medicina reproductiva: una que combina la tecnología más avanzada con un mayor respeto por la biología del embrión.
El futuro, cada vez más cercano, puede ser no solo más eficaz, sino también más humano.
Autor
Francisco Carrera
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).
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