Transferencia embrionaria: cómo se realiza y qué ocurre después
Al principio quizá intentaste adaptarte: comer algo antes de levantarte, evitar ciertos olores, beber a pequeños sorbos. Pero llega un momento en que la pregunta deja de ser «¿cómo puedo aliviar las náuseas?» y se convierte en otra mucho más concreta: «¿estoy consiguiendo beber lo suficiente?».
Cuando el agua vuelve casi inmediatamente, la orina se hace más escasa y levantarse provoca mareo, ya no estamos hablando únicamente de una incomodidad propia del embarazo. Tampoco es necesario esperar a haber perdido mucho peso o a encontrarse al límite para pedir ayuda.
La hiperémesis gravídica es la forma más intensa de las náuseas y los vómitos del embarazo. Puede impedir comer y beber con normalidad, alterar la hidratación y hacer que actividades tan sencillas como ducharse, caminar por casa o tomar una medicación requieran un esfuerzo considerable.
Reconocerla pronto permite tratarla antes de que el organismo acumule un desequilibrio mayor. Ese es el objetivo de este artículo: ayudarte a entender qué está ocurriendo, qué señales conviene vigilar y qué puede hacer el equipo sanitario para que recuperes estabilidad.
Idea clave:
La hiperémesis gravídica no se define solo por el número de veces que se vomita ni exige haber perdido más del 5 % del peso. Se sospecha cuando las náuseas o los vómitos son intensos, comienzan habitualmente antes de la semana 16, impiden comer o beber con normalidad y limitan de forma importante la vida diaria.
Si no puedes retener líquidos, orinas muy poco o con un color muy oscuro, sientes mareo al levantarte, estás perdiendo peso o no consigues tomar la medicación pautada, contacta ese mismo día con tu médico, matrona o unidad obstétrica. No es necesario esperar a que aparezcan todos esos signos.
Qué es la hiperémesis gravídica
Las náuseas y los vómitos son muy frecuentes durante las primeras semanas del embarazo. Pueden aparecer por la mañana, pero también por la tarde, por la noche o mantenerse durante buena parte del día. Por eso la expresión «náuseas matutinas» describe bastante mal lo que experimentan muchas mujeres.
El Royal College of Obstetricians and Gynaecologists estima que las náuseas y los vómitos afectan, con distinta intensidad, hasta al 90 % de las embarazadas. La hiperémesis gravídica es mucho menos frecuente: se calcula que aparece aproximadamente en un 0,3–3,6 % de los embarazos. La guía clínica del RCOG sobre náuseas, vómitos e hiperémesis gravídica la describe como una forma grave que interfiere con la capacidad de comer, beber y realizar las actividades habituales.
Durante mucho tiempo se utilizaron criterios como perder más del 5 % del peso previo al embarazo, presentar deshidratación o detectar cuerpos cetónicos en la orina. Todos ellos pueden aparecer y siguen aportando información, pero hoy sabemos que esperar a que estén presentes puede retrasar el diagnóstico y el tratamiento.
La definición internacional de Windsor, elaborada con participación de profesionales sanitarios, investigadores y mujeres que habían vivido la enfermedad, propone fijarse en cuatro elementos: aparición durante las primeras semanas —generalmente antes de la semana 16—, náuseas o vómitos intensos, incapacidad para comer o beber normalmente y una limitación marcada de las actividades cotidianas.
Esto incorpora algo esencial: la gravedad no se encuentra únicamente en una analítica. También se reconoce en lo que el cuerpo ya no consigue hacer.
La diferencia entre unas náuseas intensas y la hiperémesis
No existe una línea idéntica para todas las mujeres. Dos personas pueden vomitar el mismo número de veces y presentar un estado de hidratación muy diferente. Una puede tolerar pequeñas cantidades de líquido y alimento entre episodios; otra puede sentir una náusea continua tan intensa que apenas consigue beber, aunque no vomite constantemente.
En las náuseas habituales sigue existiendo, por lo general, alguna posibilidad de adaptación. Puede costar encontrar alimentos tolerables, pero se mantienen pequeñas ingestas, la orina conserva una cantidad razonable y la mujer puede continuar buena parte de sus actividades, aunque necesite modificar horarios y descansar más.
En la hiperémesis, la capacidad de compensar empieza a perderse. Beber desencadena nuevos vómitos, la ingesta disminuye mucho, el peso puede bajar y las actividades diarias quedan seriamente limitadas.
Si los síntomas son todavía manejables y buscas medidas dietéticas y cotidianas para aliviar el malestar, el artículo de Fertinotas sobre náuseas del embarazo, sus causas y formas de aliviarlas desarrolla esa situación más frecuente. Cuando esas medidas dejan de ser suficientes, la prioridad ya no es encontrar otro truco doméstico, sino recibir una valoración médica.
No es necesario vomitar continuamente para tener hiperémesis
La palabra hiperémesis parece señalar exclusivamente al vómito. Sin embargo, algunas mujeres presentan una náusea persistente y abrumadora que les impide acercarse a la comida, beber o tragar una pastilla, aunque no vomiten muchas veces delante de otras personas.
Por eso los profesionales no deberían valorar la gravedad contando únicamente los episodios de vómito. También importa cuánto tiempo permanece la náusea, si existen arcadas, qué cantidad de líquido se consigue retener, cuánta orina se produce, si se ha perdido peso y hasta qué punto los síntomas impiden levantarse, trabajar o realizar el autocuidado básico.
Herramientas clínicas como las escalas PUQE o HELP ayudan a ordenar esta información, pero no sustituyen la valoración completa. Tampoco hace falta que calcules una puntuación antes de consultar. Explicar con precisión qué has podido beber, cuándo orinaste por última vez y cómo han cambiado tus actividades aporta información muy valiosa.
Por qué aparece la hiperémesis gravídica
La hiperémesis no se debe a una falta de fortaleza, a una alimentación inadecuada ni a una mala adaptación emocional al embarazo. Su origen es biológico y en él parecen intervenir señales producidas por la placenta, la sensibilidad del organismo materno y determinados factores genéticos.
Una de las protagonistas de la investigación actual es la GDF15, una proteína que puede actuar sobre una región del tronco cerebral relacionada con la náusea, la aversión a determinados alimentos y la regulación del apetito.
Una investigación publicada en Nature sobre GDF15 y las náuseas del embarazo mostró que gran parte de la GDF15 presente en la sangre materna durante la gestación procede de la unidad fetoplacentaria. Los resultados sugieren que no importa solamente cuánto aumenta esta señal, sino también el grado de sensibilidad que tenía previamente el organismo materno.
En 2026, un amplio estudio genético realizado en distintas poblaciones reforzó la relación con GDF15 e identificó otras regiones genéticas vinculadas con el apetito, la señalización metabólica y el funcionamiento cerebral. Estos hallazgos ayudan a comprender mejor la enfermedad, aunque todavía no se traducen en una prueba genética rutinaria ni en un tratamiento específico dirigido a esta vía.
Saber que existe una base biológica no cambia por sí solo los síntomas, pero permite entender algo importante: el cuerpo no está «rechazando» el embarazo ni la mujer está provocando lo que sucede.
Quién tiene más probabilidades de presentarla
La hiperémesis puede aparecer en cualquier embarazo. Sin embargo, es más probable cuando ya se padeció en una gestación anterior o existen familiares cercanas que también la presentaron. Los embarazos múltiples pueden asociarse con síntomas más intensos, aunque tener gemelos no significa necesariamente desarrollar hiperémesis.
La ecografía puede ayudar a confirmar la edad gestacional, comprobar si existe un embarazo múltiple y descartar situaciones menos frecuentes asociadas con concentraciones hormonales elevadas, como la enfermedad trofoblástica gestacional.
Los antecedentes sirven para planificar el seguimiento, pero no predicen con exactitud quién desarrollará la enfermedad ni cuál será su intensidad.
Cuándo pedir ayuda médica sin esperar más
La recomendación más útil es observar lo que el organismo consigue conservar, no cuánto malestar se supone que debería soportarse.
Conviene contactar ese mismo día con la matrona, el médico, el obstetra o la unidad que controla el embarazo si aparece alguna de estas situaciones:
- No consigues retener comida o líquidos durante aproximadamente 24 horas.
- La orina es muy oscura, escasa o han pasado más de ocho horas sin orinar.
- Sientes debilidad marcada, mareo o sensación de desmayo al levantarte.
- Estás perdiendo peso con rapidez.
- No puedes mantener la medicación o los suplementos pautados.
- Los vómitos se repiten y cada vez resulta más difícil recuperarse entre ellos.
- Los síntomas impiden de forma clara levantarte, ducharte o realizar las actividades básicas.
Estos tiempos son orientativos. Si el deterioro está siendo rápido, no es necesario esperar 24 horas para consultar. El servicio británico de salud detalla estas señales de deshidratación y consulta porque el tratamiento temprano puede evitar que el cuadro progrese.
Cuándo acudir a urgencias
Algunos síntomas necesitan una valoración urgente porque pueden indicar una deshidratación importante o porque no son característicos de la hiperémesis y obligan a descartar otra causa.
Acude a urgencias si se produce un desmayo, confusión, somnolencia anormal, dificultad para respirar, dolor en el pecho, vómito con sangre, fiebre alta o dolor abdominal intenso. También debe valorarse rápidamente la combinación de vómitos con sangrado vaginal, dolor localizado en un lado del abdomen o sensación de desvanecimiento.
Si junto a los vómitos aparece dolor, puede ayudarte a ordenar la situación la información de Fertinotas sobre dolor abdominal en el embarazo y cuándo conviene consultar. Si aparece una pérdida de sangre, el artículo sobre sangrado durante el embarazo explica qué aspectos tienen en cuenta los profesionales.
En España, ante una pérdida de conciencia, dificultad respiratoria, dolor torácico intenso o un deterioro grave, debe llamarse al 112.
Qué estudian los médicos cuando sospechan hiperémesis
No existe una única prueba que confirme la hiperémesis. El diagnóstico comienza escuchando la evolución de los síntomas: cuándo aparecieron, qué se consigue beber, cuántas veces se vomita, si ha cambiado el peso, qué medicamentos se están tomando y cómo afecta todo ello a la actividad diaria.
Después se valoran el pulso, la tensión arterial, la temperatura, el peso y los signos físicos de deshidratación. La caída de la tensión al incorporarse, la sequedad de las mucosas y la disminución de la orina pueden mostrar que el organismo está perdiendo más líquido del que consigue reponer.
Los análisis de sangre permiten estudiar los electrolitos —como sodio y potasio—, la función renal, el hígado y otros parámetros que pueden alterarse cuando los vómitos son prolongados. La orina se analiza, entre otras razones, para descartar una infección urinaria, que también puede causar vómitos durante el embarazo.
Estas pruebas no son iguales que las analíticas rutinarias del embarazo. Se solicitan según la intensidad de los síntomas y buscan conocer el efecto que están teniendo sobre el organismo o identificar otra enfermedad.
En ocasiones se encuentran cuerpos cetónicos en la orina cuando el cuerpo ha utilizado grasa como fuente de energía debido a la escasa ingesta. Sin embargo, la guía actualizada del RCOG señala que la cetonuria no es un buen indicador de deshidratación ni debe utilizarse para determinar por sí sola la gravedad. Una tira de orina con pocas cetonas no invalida unos síntomas importantes.
La ecografía comprueba la localización y evolución del embarazo, ajusta la edad gestacional y permite saber si existe más de un embrión. No se hace porque la hiperémesis signifique necesariamente que exista un problema con el bebé, sino para completar la valoración y descartar otras situaciones.
Cuando los síntomas no encajan con el patrón habitual
Las náuseas propias del embarazo suelen comenzar durante el primer trimestre. Si los vómitos aparecen por primera vez después de la semana 16, se acompañan de fiebre, dolor abdominal importante, dolor al orinar, diarrea intensa, cefalea neurológica o signos de enfermedad tiroidea, los profesionales buscarán otras posibles explicaciones.
Entre ellas se encuentran las infecciones urinarias o digestivas, la migraña, los problemas de vesícula, la hepatitis, la pancreatitis, determinadas alteraciones metabólicas y algunas enfermedades relacionadas con el propio embarazo.
Esto no significa que cada síntoma adicional anuncie una complicación. Significa que el diagnóstico de hiperémesis debe hacerse con contexto y no utilizarse para explicar automáticamente cualquier vómito durante la gestación.
Cómo se trata la hiperémesis gravídica
El tratamiento se adapta a la intensidad del cuadro. En casos moderados puede realizarse seguimiento ambulatorio con medicación contra las náuseas, pautas de hidratación e indicaciones para volver a consultar. Algunas unidades ofrecen hidratación intravenosa durante unas horas sin necesidad de ingreso.
El objetivo inicial no siempre es que desaparezca por completo la náusea. A veces la primera mejoría importante consiste en poder beber, retener la medicación, recuperar la producción de orina y comenzar a tolerar pequeñas cantidades de alimento.
Existen distintos antieméticos que pueden utilizarse durante el embarazo, también durante el primer trimestre cuando están indicados. Entre las opciones se encuentran combinaciones de doxilamina y vitamina B6, determinados antihistamínicos y otros medicamentos como metoclopramida u ondansetrón. Cada uno presenta indicaciones, efectos adversos y precauciones diferentes, por lo que la elección debe realizarla el profesional sanitario.
En ocasiones un solo medicamento no es suficiente y se combinan fármacos que actúan mediante mecanismos distintos. También puede ser necesario cambiar la vía de administración: si no se retienen las tabletas, algunos tratamientos pueden administrarse mediante inyección, vía intravenosa o supositorio.
La información para pacientes del RCOG sobre el tratamiento de la hiperémesis recuerda que dejar una hiperémesis grave sin tratar puede suponer más riesgo que utilizar un medicamento recomendado después de valorar sus beneficios y posibles efectos adversos.
No conviene comenzar, suspender ni combinar antieméticos por cuenta propia. Si una medicación no funciona o produce un efecto inesperado, lo adecuado es comunicarlo para ajustar la pauta.
Cuándo puede ser necesario el hospital
El ingreso puede recomendarse cuando existe deshidratación, no se retienen líquidos ni medicamentos, las analíticas muestran alteraciones, se ha perdido peso rápidamente o hay una enfermedad previa que requiere medicación oral imprescindible.
En el hospital se administran líquidos y, cuando es necesario, electrolitos por vía intravenosa. También pueden emplearse antieméticos por una vía que no dependa del estómago.
Cuando la ingesta ha sido muy reducida o los vómitos se han prolongado, las guías recomiendan administrar tiamina o vitamina B1, especialmente antes de soluciones que contengan glucosa o de iniciar nutrición artificial. Esta medida previene una complicación neurológica infrecuente, pero potencialmente grave, asociada a una deficiencia intensa de esta vitamina.
También puede ser necesario prevenir la formación de coágulos si coinciden deshidratación, ingreso y poca movilidad. La nutrición mediante sonda o por vía intravenosa se reserva para situaciones graves que no responden a las medidas habituales y requiere seguimiento multidisciplinar.
Ingresar no significa necesariamente que el embarazo esté evolucionando mal. Significa que el cuerpo necesita una vía más eficaz para recuperar agua, sales, vitaminas y control de los vómitos.
Qué se puede comer y beber durante la recuperación
En las náuseas leves pueden ayudar las comidas pequeñas, los alimentos poco grasos, las preparaciones frías y los sorbos frecuentes. En la hiperémesis, sin embargo, la alimentación no debería convertirse en una prueba de disciplina.
Durante la fase más intensa, el mejor alimento es con frecuencia aquel que se consigue tolerar. La prioridad inmediata es recuperar la hidratación y evitar un deterioro nutricional, no alcanzar una dieta perfecta en cada comida.
Algunas mujeres toleran mejor líquidos muy fríos; otras, bebidas a temperatura ambiente, hielo, caldos o soluciones de rehidratación. Beber entre las comidas puede resultar más fácil que hacerlo mientras se come. Los olores de la cocina, las comidas calientes y las raciones grandes suelen agravar los síntomas, pero no existe una pauta idéntica para todas.
Si ni siquiera los pequeños sorbos permanecen, seguir probando alimentos no sustituye la valoración médica. En ese punto puede ser necesaria hidratación intravenosa.
Cómo puede ayudar la pareja o la familia
La ayuda más útil suele ser concreta. Preparar comida quizá no sirva si el olor desencadena náuseas; encargarse de la cocina, ventilar la casa o mantener los alimentos fuera de la habitación puede ser mucho más eficaz.
La pareja o la familia pueden ayudar a anotar la medicación, la cantidad aproximada de líquido retenido y la última vez que se orinó. No se trata de vigilar a la mujer, sino de conservar información cuando el cansancio y el malestar hacen difícil recordar cada detalle.
También pueden acompañarla a la consulta y explicar los cambios observados si ella está demasiado débil para sostener una conversación larga. Llevar una lista breve con los medicamentos probados, los vómitos, el peso reciente y los síntomas asociados permite aprovechar mejor la valoración.
Insistir en que coma, comparar su embarazo con otros o proponer continuamente nuevos remedios puede añadir presión. Suele ser más útil asumir tareas domésticas, cuidar de otros hijos si los hay, reducir olores y preguntar qué alimento o bebida parece tolerable en ese momento.
La familia tampoco tiene que decidir si la situación es «lo bastante grave». Si existe duda sobre la hidratación, el peso o el estado general, puede llamar al equipo sanitario y pedir orientación.
¿Puede afectar al bebé?
Las náuseas leves o moderadas no se han relacionado con un aumento del riesgo para el bebé. En la hiperémesis tratada, la evolución también suele ser favorable.
Cuando los vómitos graves se prolongan y producen una pérdida considerable de peso, puede aumentar la probabilidad de que el bebé presente un peso menor del esperado. Por eso, si los síntomas continúan después de la semana 20 o ha existido una afectación nutricional importante, el equipo puede proponer ecografías para vigilar el crecimiento fetal.
Necesitar medicación, suero o incluso un ingreso no significa que se haya causado daño al bebé. Son medidas destinadas precisamente a proteger la salud materna y mantener las mejores condiciones posibles para el embarazo.
Cuánto tiempo puede durar
Las náuseas y los vómitos habituales mejoran antes de la semana 20 en aproximadamente nueve de cada diez mujeres. La hiperémesis también puede aliviarse durante el segundo trimestre, pero en algunas gestaciones continúa durante más tiempo y, ocasionalmente, hasta el parto.
La mejoría no siempre es lineal. Puede haber días razonables seguidos de una recaída. Si vuelven los vómitos, disminuye otra vez la orina o deja de tolerarse la medicación, conviene solicitar una nueva valoración. Haber recibido tratamiento anteriormente no significa que deba esperarse más durante una recaída.
Tras el alta, es útil salir con una pauta clara: qué medicamentos continuar, cómo renovarlos antes de que se terminen, qué hacer si reaparecen los síntomas y dónde consultar fuera del horario habitual.
Recuperar estabilidad también forma parte del embarazo
Cuando beber un vaso de agua vuelve a ser posible, puede parecer un avance pequeño. Clínicamente, no lo es. Significa que el organismo empieza a recuperar una función esencial.
La hiperémesis no necesita demostrarse mediante sufrimiento acumulado ni mediante una cifra aislada. Lo importante es reconocer qué está dejando de funcionar: beber, orinar, alimentarse, mantenerse en pie o conservar la medicación.
Pedir ayuda antes de alcanzar una deshidratación importante no es exagerar. Es utilizar el tratamiento en el momento en que puede resultar más eficaz.
Preguntas frecuentes sobre la hiperémesis gravídica
¿Cómo puedo saber si tengo hiperémesis y no solo náuseas normales?
La diferencia principal está en la capacidad de mantener líquidos y alimentos y en el impacto sobre la vida diaria. Si apenas puedes beber, orinas poco, pierdes peso o los síntomas impiden actividades básicas, necesitas una valoración médica. No se distingue únicamente contando cuántas veces has vomitado.
¿Tengo que perder más del 5 % de mi peso para que me diagnostiquen hiperémesis?
No. Una pérdida superior al 5 % puede indicar una afectación importante, pero la definición actual no exige esperar a alcanzar ese porcentaje. Las náuseas o los vómitos intensos, la incapacidad para comer o beber normalmente y la limitación marcada de la actividad ya justifican una valoración.
¿Puede haber hiperémesis si tengo náuseas muy intensas pero vomito poco?
Sí. La náusea continua puede impedir beber, comer o tomar medicamentos aunque los episodios de vómito no sean muy numerosos. El diagnóstico considera el conjunto de los síntomas y sus consecuencias, no solo la frecuencia del vómito.
¿Debo ir a urgencias si no retengo agua?
Si no consigues retener líquidos, la orina se ha vuelto muy escasa u oscura o sientes mareo al levantarte, debes contactar ese mismo día con tu equipo sanitario. Acude a urgencias si existe desmayo, confusión, debilidad extrema, sangre en el vómito, fiebre o dolor abdominal intenso.
¿Los cuerpos cetónicos en la orina indican la gravedad?
No por sí solos. Pueden aparecer cuando la ingesta ha sido escasa, pero las guías actuales señalan que la cetonuria no permite medir adecuadamente la deshidratación ni la gravedad. La valoración debe incluir los síntomas, la hidratación, el peso, la exploración y, cuando proceda, los análisis de sangre.
¿Es seguro tomar medicamentos contra las náuseas durante el primer trimestre?
Existen antieméticos que pueden utilizarse durante el primer trimestre cuando están indicados. El profesional debe escoger el tratamiento teniendo en cuenta la intensidad de los síntomas, la semana de embarazo, los antecedentes y los posibles efectos adversos. No conviene iniciar o suspender medicación sin consultar.
¿Tener hiperémesis significa que el embarazo está en peligro?
No necesariamente. La mayoría de los embarazos evoluciona favorablemente cuando la enfermedad se reconoce y se trata. Si existen vómitos prolongados, pérdida importante de peso o síntomas después de la semana 20, el equipo puede realizar un seguimiento más estrecho del crecimiento fetal.
¿La hiperémesis se debe a la ansiedad?
No. La investigación actual indica que tiene una base biológica relacionada con señales placentarias, sensibilidad materna y factores genéticos. La enfermedad sí puede generar ansiedad, agotamiento o bajo estado de ánimo, especialmente cuando se prolonga, y estos efectos también merecen atención.
¿Es probable que vuelva a aparecer en otro embarazo?
Haber tenido hiperémesis aumenta la probabilidad de repetirla, aunque no permite predecir su intensidad. Antes de otro embarazo conviene hablar con el médico para preparar un plan, reconocer pronto los síntomas y valorar el inicio temprano del tratamiento si vuelve a ser necesario.
Sobre este contenido divulgativo
En Fertinotas hacemos un esfuerzo por ayudar a comprender situaciones médicas y reproductivas complejas desde un enfoque didáctico, divulgativo y científicamente riguroso.
Sin embargo, este contenido ofrece información general y no sustituye ni pretende sustituir la valoración, el diagnóstico, el tratamiento o el seguimiento realizados por un profesional sanitario.
Ante vómitos persistentes, dificultad para beber, signos de deshidratación, pérdida de peso, resultados médicos o cualquier duda relacionada con el embarazo, consulta con tu médico, matrona, ginecólogo, obstetra o equipo sanitario.
Si existe pérdida de conciencia, dificultad respiratoria, dolor torácico intenso o deterioro grave, llama al 112.
Autor
Francisco Carrera Sorensen
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).


