Cuánto tiempo pueden permanecer congelados los óvulos
Cuánto tiempo pueden permanecer congelados los óvulos
Una de las dudas más habituales cuando una mujer se plantea congelar óvulos es muy directa: ¿cuánto tiempo pueden permanecer almacenados sin perder calidad?
Es una pregunta lógica. Si la idea de preservar la fertilidad consiste precisamente en ganar tiempo, resulta natural querer saber cuánto dura realmente esa posibilidad.
La respuesta puede sorprender a muchas personas: desde el punto de vista biológico, los óvulos pueden permanecer congelados durante muchos años sin deteriorarse, siempre que se mantengan en las condiciones adecuadas de laboratorio.
Esto es posible gracias a una técnica llamada vitrificación, que permite conservar las células reproductivas a temperaturas extremadamente bajas.
Qué ocurre realmente cuando un óvulo se vitrifica
La vitrificación es una técnica de congelación ultrarrápida que hoy se utiliza de forma habitual en los laboratorios de reproducción asistida para preservar óvulos.
Antes de congelarse, los óvulos se exponen durante unos minutos a unas sustancias especiales llamadas crioprotectores. Estas soluciones ayudan a proteger la célula frente al frío extremo y provocan una deshidratación controlada, es decir, permiten que parte del agua que contiene el óvulo salga al exterior.
Este paso es importante porque el óvulo es una de las células más grandes del cuerpo humano y contiene una gran cantidad de agua. Si se congelara de forma convencional, esa agua podría formar cristales de hielo que dañarían las estructuras internas de la célula.
Para evitarlo, después de esa preparación el óvulo se enfría de forma extremadamente rápida y se introduce en nitrógeno líquido a unos −196 °C. La velocidad del proceso es tan alta que el contenido celular no llega a formar cristales de hielo. En lugar de eso, el agua y los componentes celulares pasan a un estado parecido a un “vidrio biológico”, lo que da nombre al proceso de vitrificación.
En este estado, la estructura de la célula queda prácticamente inmovilizada. A temperaturas cercanas a −196 °C, las reacciones químicas que sostienen la vida —el metabolismo celular— se ralentizan hasta detenerse casi por completo. Desde el punto de vista biológico, es como si el tiempo celular quedara en pausa.
Por eso, cuando años más tarde el óvulo se descongela en el laboratorio, ese proceso puede revertirse de forma controlada: la célula se rehidrata, recupera su funcionamiento y puede volver a comportarse como lo hacía en el momento en que fue vitrificada.
Este principio es el que permite que la vitrificación conserve durante años las características biológicas que tenía el óvulo en el momento de su congelación.
Cuánto tiempo pueden mantenerse congelados
Desde el punto de vista biológico, no existe una fecha exacta a partir de la cual los óvulos congelados dejen de ser viables. Mientras se mantengan almacenados en nitrógeno líquido a temperaturas estables cercanas a −196 °C, pueden conservarse durante muchos años sin que se produzcan cambios significativos en su estructura celular.
A esas temperaturas, el metabolismo de la célula queda prácticamente detenido. En términos biológicos, el tiempo celular queda en pausa, lo que permite que el óvulo mantenga las características que tenía en el momento en que fue vitrificado.
La experiencia acumulada en los últimos años confirma esta idea. En la práctica clínica se han documentado embarazos y nacimientos a partir de ovocitos y embriones que habían permanecido congelados durante más de diez años, sin que el tiempo de almacenamiento pareciera afectar de forma relevante a los resultados reproductivos cuando las condiciones de conservación son adecuadas.
Uno de los trabajos con mayor experiencia en vitrificación ovocitaria, realizado con miles de ciclos de reproducción asistida, observó que la duración del almacenamiento no parecía influir de forma significativa en las tasas de supervivencia ni en las probabilidades de embarazo cuando los óvulos se conservaban correctamente.
Esto significa que, desde el punto de vista biológico, un óvulo congelado durante varios años puede comportarse de forma muy similar a uno congelado durante un periodo más corto.
Qué dice la legislación en España
Además de la viabilidad biológica, también es importante tener en cuenta el marco legal.
En España, la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida permite conservar los gametos criopreservados durante largos periodos de tiempo, siempre que se mantengan en condiciones adecuadas y que la persona titular renueve periódicamente su consentimiento para mantenerlos almacenados.
Esto significa que los óvulos pueden permanecer congelados durante años o incluso décadas, dependiendo de la decisión de la mujer y de las condiciones establecidas por el centro donde se conservan.
La legislación también establece que, en determinados momentos, la persona titular debe indicar cuál desea que sea el destino de esos gametos si finalmente no se utilizan. Entre las opciones que suelen contemplarse se encuentran seguir conservándolos, donarlos con fines reproductivos para otras personas, destinarlos a investigación científica o solicitar el cese de su conservación.
Estas decisiones forman parte del proceso de consentimiento informado y pueden revisarse con el tiempo, ya que las circunstancias personales y los proyectos reproductivos pueden cambiar a lo largo de la vida.
¿Se deterioran los óvulos con el paso del tiempo?
Una idea que a veces genera confusión es pensar que los óvulos podrían “envejecer” dentro del nitrógeno líquido.
En realidad, esto no ocurre.
Como la actividad celular queda prácticamente detenida a temperaturas extremadamente bajas, el paso del tiempo no produce el mismo efecto que tendría dentro del cuerpo.
Por eso, cuando un óvulo vitrificado se descongela años después, su calidad biológica está determinada sobre todo por la edad que tenía la mujer en el momento en que se congeló, no por el tiempo que ha pasado almacenado.
Qué influye realmente en las probabilidades de embarazo
Aunque los óvulos puedan permanecer congelados durante muchos años, las probabilidades de embarazo dependen sobre todo de las características que tenían esos óvulos cuando fueron vitrificados.
El factor que más influye es la edad en el momento de la congelación, ya que la calidad ovocitaria cambia gradualmente con el paso del tiempo.
Pero no es el único elemento que interviene. En el resultado final también influyen factores como la calidad de los espermatozoides, el desarrollo embrionario, la salud del útero o el estado general de salud de la mujer cuando decide intentar el embarazo.
En otras palabras, preservar óvulos permite conservar una parte importante del potencial reproductivo, pero la fertilidad siempre es el resultado de muchos factores que interactúan entre sí.
Cuando llega el momento de utilizarlos
Otra realidad importante es que no todas las personas que congelan óvulos llegan a utilizarlos.
Con el paso de los años pueden cambiar muchas cosas: la vida personal, la existencia de una pareja, la situación laboral o incluso el propio deseo de tener hijos.
En algunos casos también pueden aparecer circunstancias médicas que dificulten o desaconsejen un embarazo.
Por eso, la decisión de preservar la fertilidad no debe entenderse como un compromiso irreversible, sino como una opción que mantiene abierta una posibilidad reproductiva para el futuro.
Preservar óvulos: una forma de mantener abiertas las opciones
La vitrificación de óvulos ha cambiado de forma importante la forma en que muchas personas piensan sobre su fertilidad.
Permite conservar el potencial reproductivo de una etapa concreta de la vida y utilizarlo más adelante si las circunstancias personales lo hacen posible y deseable.
Congelar óvulos no congela el paso del tiempo ni garantiza un embarazo futuro. Pero sí puede preservar algo muy valioso: la oportunidad biológica de intentar tener hijos con óvulos que mantienen la edad que tenían cuando fueron vitrificados.
Entender cómo funciona este proceso ayuda a tomar decisiones más informadas y realistas sobre la propia fertilidad.
Autor
Francisco Carrera
Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).
