Microplásticos, fertilidad y embarazo: qué sabemos sobre su presencia en el cuerpo humano

Ilustración de manos humanas mostrando microplásticos recolectados en el ambiente natural.
R
Durante décadas, el plástico ha sido uno de los grandes aliados de la vida moderna. Gracias a él conservamos alimentos, fabricamos material sanitario, reducimos infecciones y hacemos posible buena parte de la medicina actual. Es difícil imaginar nuestro día a día sin plásticos.

Por eso, cuando empezaron a aparecer estudios que hablaban de partículas de plástico dentro del cuerpo humano, la reacción fue, comprensiblemente, de inquietud. No porque el plástico sea nuevo, sino porque lo nuevo era el lugar en el que se estaba encontrando: en la sangre, en tejidos humanos y, de forma especialmente llamativa, en la placenta.

Antes de sacar conclusiones precipitadas, merece la pena detenerse y entender bien qué ha encontrado la ciencia, cómo lo ha investigado y qué significado real tiene todo esto para la fertilidad, el embarazo y la salud reproductiva.

Qué son los microplásticos y por qué preocupan durante el embarazo

R
Cuando hablamos de microplásticos no nos referimos a objetos visibles como botellas o bolsas. Hablamos de fragmentos diminutos de plástico, a menudo microscópicos, que se generan cuando los materiales plásticos se degradan con el tiempo por el sol, el agua o el simple desgaste.

Estos fragmentos pueden estar presentes en el aire, en el agua y en algunos alimentos. No aparecen porque alguien haya tomado una mala decisión individual, sino porque forman parte de un entorno en el que el plástico lleva décadas utilizándose y fragmentándose.

Cómo llegan los microplásticos al cuerpo humano

R
Las principales vías de entrada de los microplásticos en el organismo son la ingestión y la inhalación. Al beber agua, comer determinados alimentos o respirar aire que contiene partículas microscópicas, una pequeña cantidad puede acabar entrando en el cuerpo.

Esto no significa que podamos evitar completamente la exposición ni que debamos vivir con miedo. La exposición es ambiental y generalizada, y detectar partículas no equivale, por sí solo, a detectar daño.

Ilustración científica de la placenta humana mostrando la detección de microplásticos en distintos compartimentos.

Microplásticos en la placenta humana: el estudio que abrió el debate

R
Gran parte de la atención mediática y científica sobre este tema se remonta a un estudio publicado en 2021 por un equipo liderado por Antonio Ragusa, en la revista Science of the Total Environment, titulado Plasticenta: First evidence of microplastics in human placenta.

El objetivo del estudio no era evaluar riesgos clínicos ni establecer efectos sobre el embarazo. Era mucho más básico: comprobar si era posible detectar microplásticos en tejido placentario humano utilizando técnicas analíticas avanzadas.

Para ello, los investigadores analizaron placentas obtenidas tras partos sin complicaciones, extremando las precauciones para evitar contaminaciones externas. Utilizaron microspectroscopía Raman, una técnica que permite identificar la composición química de partículas microscópicas sin destruir la muestra.

Los resultados mostraron la presencia de fragmentos microscópicos de plástico en distintas zonas de la placenta, tanto en la cara materna como en la fetal y en las membranas. Entre los materiales identificados había polímeros de uso cotidiano, como polipropileno o polietileno, además de pigmentos industriales asociados a plásticos.

El hallazgo fue relevante, ya que demostraba que partículas ambientales pueden atravesar barreras biológicas complejas y llegar a un órgano clave del embarazo. Pero los propios autores subrayaron que no se observaron efectos adversos clínicos, y que se trataba de un estudio exploratorio.

 

Qué significa encontrar microplásticos en la placenta durante el embarazo

R
Detectar partículas microscópicas en la placenta no equivale a afirmar que exista un problema de salud. Significa, simplemente, que la placenta no es una barrera completamente impermeable a todas las partículas ambientales.

La mayoría de los estudios disponibles hasta ahora son exploratorios y observacionales. Detectan presencia, no consecuencias clínicas. Este matiz es fundamental para interpretar correctamente la información y evitar conclusiones apresuradas.

Ilustración científica sobre la detección de microplásticos en tejidos reproductivos masculinos y femeninos.

Microplásticos y reproducción humana: lo que empieza a saberse

R

Una vez demostrada la presencia de microplásticos en tejidos humanos como la placenta, la investigación ha empezado a ampliar el foco hacia una pregunta más concreta: qué ocurre cuando estas partículas alcanzan los tejidos directamente implicados en la fertilidad y la reproducción humana.

Uno de los trabajos que mejor resume el estado actual del conocimiento es una revisión publicada en Reproductive BioMedicine Online titulada “Plastic pollution in human reproduction: shall we worry?”, firmada por Martina Broggiato, Claudio Fenizia, Stefania Pezzana, Claudia Vanetti y colaboradores, del equipo de la Universidad de Milán. No se trata de un estudio alarmista, sino de una revisión crítica cuyo objetivo es ordenar la evidencia disponible y delimitar qué se sabe realmente y qué sigue siendo una incógnita.

Los autores analizan un conjunto creciente de estudios que han investigado la presencia de micro y nanoplásticos en tejidos relacionados con la reproducción masculina, femenina y con el embarazo, utilizando muestras humanas y técnicas analíticas avanzadas.

En el caso del sistema reproductor masculino, trabajos recientes como los de Montano et al. (2023) y Zhao et al. (2023) identificaron por primera vez partículas plásticas en semen humano y en tejido testicular. Las cantidades detectadas fueron pequeñas —del orden de décimas de partícula por mililitro de semen y unas pocas partículas por gramo de tejido— y los tamaños se situaban en el rango micrométrico. Los polímeros más frecuentes fueron poliestireno, polietileno y PVC, materiales de uso cotidiano presentes en envases, textiles o conducciones de agua.

Estos hallazgos no demuestran un efecto directo sobre la fertilidad masculina, pero sí confirman un punto relevante desde el punto de vista biológico: los tejidos reproductivos humanos no están completamente aislados del entorno.

Los autores sitúan estos datos dentro de un contexto más amplio y bien documentado, como el descenso progresivo de la concentración espermática media observado a nivel mundial en las últimas décadas.

Algunos investigadores han planteado que contaminantes ambientales, incluidos los plásticos y ciertos aditivos con actividad hormonal, podrían contribuir a este fenómeno, aunque subrayan que se trata de un proceso multifactorial y que no puede atribuirse a una única causa.

En mujeres, la evidencia es más reciente pero igualmente relevante. Estudios como los de Grechi et al. (2023) y Ni et al. (2025) detectaron micro y nanoplásticos en el líquido folicular humano, el entorno inmediato en el que madura el ovocito. Las partículas observadas eran microscópicas y procedían de fuentes de exposición habituales, como cosméticos, textiles o envases.

A partir de experimentos de laboratorio, otros trabajos han mostrado que estas partículas pueden inducir estrés oxidativo y alteraciones del ciclo celular en células ováricas, lo que sugiere una posible interferencia con procesos biológicos clave. Sin embargo, la revisión es clara al respecto: estos resultados no permiten afirmar que exista un impacto clínico demostrado sobre la fertilidad femenina en humanos.

Durante el embarazo, la evidencia disponible es todavía más incipiente. Algunos estudios han demostrado la presencia de microplásticos en la placenta humana, lo que indica que estas partículas pueden atravesar barreras biológicas complejas. No obstante, detectar partículas no equivale a demostrar daño, y no existen pruebas clínicas de efectos adversos demostrados sobre el desarrollo fetal en humanos.

El mensaje central de esta revisión es prudente. Los autores no concluyen que los microplásticos sean una causa demostrada de infertilidad o de complicaciones del embarazo. Lo que muestran es algo más básico y científicamente relevante: el sistema reproductor humano interactúa con el entorno, y esa interacción merece ser estudiada con rigor antes de extraer conclusiones clínicas.

Microplásticos y fertilidad: el caso del poliestireno en estudios experimentales

R
Una vez demostrada la posibilidad de detección en tejidos humanos, la investigación ha avanzado hacia una pregunta lógica: ¿es biológicamente plausible que algunas de estas partículas interfieran con procesos reproductivos?

Para abordarla, los científicos han recurrido a modelos experimentales, principalmente animales. Uno de los materiales más estudiados es el poliestireno, un plástico muy común en envases y productos de uso cotidiano.

En estos modelos, se ha observado que micro y nanoplásticos de poliestireno pueden acumularse en órganos reproductivos. En machos, algunos estudios describen alteraciones en la espermatogénesis, asociadas a estrés oxidativo y cambios en la calidad espermática. En hembras, se han observado modificaciones en la función ovárica y en la respuesta inflamatoria del tejido reproductivo.

Cuando la exposición ocurre durante la gestación en animales, estas partículas han demostrado ser capaces de atravesar la barrera placentaria y alcanzar tejidos fetales, donde se han descrito alteraciones sutiles del desarrollo temprano.

Es fundamental insistir en que estos resultados no pueden extrapolarse directamente a humanos. Las dosis utilizadas, las condiciones experimentales y las diferencias entre especies lo impiden, algo que los propios autores de estos trabajos señalan de forma explícita.

Lo que todavía no sabemos sobre microplásticos, embarazo y fertilidad

R
A día de hoy, la ciencia todavía no puede responder a muchas de las preguntas que inevitablemente surgen cuando se habla de microplásticos y salud reproductiva. No sabemos si la cantidad de partículas detectadas en tejidos humanos tiene una relevancia biológica real ni si existe un impacto directo sobre la fertilidad o el desarrollo embrionario en humanos.

Tampoco disponemos de guías clínicas ni de recomendaciones médicas específicas basadas en esta evidencia, precisamente porque los datos disponibles siguen siendo limitados y, en gran medida, exploratorios.

Este punto es clave para interpretar correctamente la información. La ciencia responsable no solo comunica hallazgos, sino que también explica con claridad hasta dónde llega el conocimiento actual y dónde empiezan las incertidumbres. En este campo, esas incertidumbres siguen siendo importantes y deben formar parte del mensaje divulgativo.

Un campo de investigación en evolución

R
La historia del plástico es compleja. Ha sido un motor de progreso y, al mismo tiempo, plantea nuevas preguntas científicas. Que hoy sepamos que fragmentos microscópicos pueden encontrarse en el cuerpo humano no es una llamada al miedo, sino a la investigación rigurosa y paciente.

Preguntas frecuentes sobre microplásticos y embarazo

R
¿Debo preocuparme si estoy embarazada?

En este momento, no existe evidencia clínica que demuestre que la presencia de microplásticos cause problemas durante el embarazo humano. Los estudios disponibles han detectado microplásticos en tejidos como la placenta, pero detectar una sustancia no equivale a demostrar un daño.

La investigación actual se encuentra en una fase exploratoria: describe la presencia de partículas y plantea preguntas sobre posibles mecanismos biológicos, pero no ha establecido efectos adversos demostrados sobre el desarrollo del embarazo o del feto en humanos. Por ello, no hay base científica para generar alarma, aunque sí interés en seguir investigando.

 

¿Puede esto afectar a la fertilidad?

Hasta la fecha, no se ha demostrado una relación causal directa entre la exposición a microplásticos y la infertilidad humana. Algunos estudios experimentales, realizados en modelos animales o celulares, sugieren posibles efectos biológicos bajo determinadas condiciones, pero estos resultados no pueden extrapolarse automáticamente a personas.

La fertilidad humana es un proceso complejo, influido por múltiples factores genéticos, hormonales, ambientales y de estilo de vida. En este contexto, los microplásticos son una línea de investigación emergente, no un factor de riesgo clínico establecido.

 

¿Se pueden evitar completamente los microplásticos?

No. Los microplásticos forman parte del entorno actual y la exposición es amplia y generalizada, a través del aire, el agua y algunos alimentos. No es realista —ni científicamente razonable— plantear una eliminación total de la exposición.

Algunas medidas de sentido común pueden reducir ciertas fuentes concretas, pero no existe una estrategia validada para evitar por completo los microplásticos, ni se ha demostrado que hacerlo tenga un impacto clínico medible sobre la salud reproductiva o el embarazo.

 

¿Existen recomendaciones médicas oficiales al respecto?

Actualmente, no existen guías clínicas ni recomendaciones médicas específicas sobre microplásticos y embarazo o fertilidad. Esto no se debe a desinterés, sino a que la evidencia disponible aún es insuficiente para establecer directrices claras.

En medicina, las recomendaciones se basan en resultados clínicos reproducibles y bien establecidos. En el caso de los microplásticos, la investigación sigue avanzando para comprender mejor su significado biológico antes de traducir los hallazgos en consejos clínicos.

Autor

Francisco Carrera

Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).

Sigue descubriendo la ciencia y las historias que hay detrás de la fertilidad