Cómo influye la edad del hombre en su fertilidad y en el embarazo

Ilustración sobre la influencia de la edad del hombre en la fertilidad masculina y la calidad del esperma.
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Cada vez más hombres se plantean la paternidad en etapas más avanzadas de la vida. La estabilidad profesional, los cambios en la vida en pareja o simplemente el momento vital hacen que la decisión de ser padre llegue más tarde que en generaciones anteriores.

A diferencia de las mujeres, los hombres no tienen una menopausia ni un final brusco de su capacidad reproductiva. Esto ha alimentado durante años la idea de que la edad no juega un papel relevante en la fertilidad masculina. Sin embargo, la investigación científica de las últimas décadas ha ido matizando esta visión.

Hoy sabemos que la fertilidad masculina no desaparece de forma repentina, pero sí cambia con el paso del tiempo, especialmente en aspectos que no siempre se detectan en un análisis básico. Comprender estos cambios permite situar la edad del hombre dentro del contexto real de la fertilidad y tomar decisiones mejor informadas.

Un sistema extraordinario: cómo se producen los espermatozoides

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A partir de la pubertad, los testículos comienzan a desempeñar un papel central en la biología reproductiva masculina. En su interior funciona un sistema altamente especializado que se mantiene activo durante décadas.

Cada testículo está formado por cientos de túbulos microscópicos muy enrollados, organizados en pequeños compartimentos. Si se desenrollaran por completo, su longitud total alcanzaría varios cientos de metros. En este entorno se produce de forma continua la espermatogénesis: cada día se generan millones de espermatozoides, células diseñadas para transportar información genética y llegar hasta un óvulo.

Este proceso se repite de manera constante durante gran parte de la vida adulta. Por eso, desde un punto de vista biológico, lo realmente llamativo no es que el paso del tiempo acabe dejando huella, sino que un sistema tan complejo consiga mantenerse operativo durante tantos años.

Comprender esta base ayuda a entender por qué la edad puede influir en la fertilidad masculina, especialmente en la calidad del esperma, sin que ello implique una pérdida repentina de la capacidad reproductiva.

¿Existe un reloj biológico masculino?

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Hablar de “reloj biológico” en el hombre no significa que exista una edad límite clara para ser padre. La producción de espermatozoides comienza en la pubertad y se mantiene durante décadas, incluso a edades avanzadas.

Sin embargo, producir espermatozoides no es lo mismo que producirlos con la misma calidad a lo largo de toda la vida. Con el paso de los años, las células implicadas en la espermatogénesis se dividen millones de veces, y ese proceso continuo puede dar lugar a cambios progresivos en la calidad del semen y en la integridad genética del espermatozoide.

Por eso, más que un reloj que se detiene, en el hombre hablamos de un proceso de envejecimiento gradual, variable entre individuos y condicionado por la salud general, los hábitos de vida y las exposiciones ambientales.

Infografía sobre cómo la edad afecta a la calidad del semen, la fragmentación del ADN y la fertilidad masculina.

Cómo cambia el semen del hombre con la edad

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Los cambios en el semen asociados a la edad no suelen ser bruscos ni evidentes de un año para otro. Muchos hombres mantienen valores dentro de la normalidad durante años, lo que explica que estas alteraciones pasen desapercibidas.

Sin embargo, cuando se analizan grandes grupos de población, el patrón es consistente.
Un estudio publicado en 2025 que analizó 6.805 muestras de semen de hombres entre 20 y 63 años observó que el volumen seminal y la motilidad de los espermatozoides disminuyen progresivamente con la edad, con un descenso más evidente a partir de los 40 años.

En la práctica, estos cambios no implican necesariamente infertilidad, pero ayudan a entender por qué el tiempo para lograr embarazo puede aumentar y por qué otros factores adquieren mayor peso con los años.

 

El cambio que no se ve: el ADN del espermatozoide

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Más allá de los parámetros clásicos del semen, la edad influye en un aspecto menos visible pero especialmente relevante: la integridad del ADN del espermatozoide.

El mismo estudio mostró que la fragmentación del ADN espermático se mantiene relativamente estable en hombres jóvenes, pero aumenta de forma significativa a partir de la cuarta década de la vida.

Qué es la fragmentación del ADN espermático

La fragmentación del ADN significa que la información genética que transporta el espermatozoide presenta roturas o daños. Es un daño interno: el espermatozoide puede tener un aspecto normal, moverse correctamente e incluso fecundar el óvulo.

De forma sencilla, se distinguen dos situaciones:

  • Daño leve o simple, que en algunos casos puede ser reparado por el óvulo.

  • Daño más complejo o acumulado, más difícil de corregir y con mayor impacto en el desarrollo embrionario.

Por qué este daño importa

Cuando el ADN está fragmentado, el problema no suele ser la fecundación, sino lo que ocurre después: embriones que no evolucionan correctamente, fallos de implantación o pérdidas muy tempranas del embarazo, a veces incluso antes de que llegue a detectarse.

Esto no significa que todos los espermatozoides estén dañados ni que el embarazo sea imposible. La mayoría de los hijos de padres de mayor edad nacen sanos. Pero estos hallazgos ayudan a comprender por qué la edad del hombre forma parte del contexto reproductivo.

Edad masculina y fertilidad natural

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En la vida real, separar el impacto de la edad del hombre y de la mujer no es sencillo. La fertilidad es siempre una experiencia compartida y depende de múltiples factores que interactúan entre sí.

Aun así, los estudios que controlan la edad femenina muestran que la edad del varón también influye. A partir de los 40–45 años, aumenta el tiempo necesario para lograr embarazo y disminuye la probabilidad mensual de concepción. Es un efecto más discreto que el femenino, pero clínicamente relevante.

Edad del hombre y reproducción asistida

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La reproducción asistida no se indica por la edad en sí misma, sino por causas concretas de infertilidad. Durante años se asumió que estas técnicas podían neutralizar el efecto de la edad masculina, pero la evidencia actual es más matizada.

Un estudio presentado en el congreso de la European Society of Human Reproduction and Embryology (ESHRE) en 2025 analizó más de 1.700 ciclos de FIV con óvulos de donante joven. En hombres mayores de 45 años se observó una mayor tasa de aborto y una menor tasa de recién nacido vivo, pese a utilizar óvulos jóvenes.

Esto sugiere que la reproducción asistida puede facilitar el encuentro entre óvulo y espermatozoide, pero no siempre puede compensar completamente los cambios genéticos asociados al envejecimiento masculino.

Qué significa que el esperma “envejezca” por dentro

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Un estudio publicado en Nature en 2025 utilizó técnicas avanzadas de secuenciación para analizar esperma de hombres entre 24 y 75 años. Los investigadores observaron una acumulación progresiva de mutaciones genéticas con la edad.

En hombres de mediana edad y mayores, entre un 3 % y un 5 % de los espermatozoides podían portar mutaciones asociadas a trastornos del desarrollo infantil o a predisposición a ciertas enfermedades.

En términos absolutos, el riesgo sigue siendo bajo, pero estos datos explican por qué la edad paterna se tiene cada vez más en cuenta en el asesoramiento reproductivo.


Qué conviene saber sobre la edad y la fertilidad masculina

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La fertilidad masculina no desaparece de forma brusca ni tiene una edad límite marcada. Los hombres pueden producir espermatozoides durante toda su vida adulta, y eso explica por qué la paternidad es posible a edades avanzadas.

Sin embargo, la evidencia científica actual muestra que el paso del tiempo puede influir en la calidad del semen y, sobre todo, en la integridad genética del espermatozoide. Estos cambios suelen ser progresivos, variables entre individuos y no implican necesariamente un problema.

Conocer cómo funciona este proceso no busca generar alarma ni urgencia, sino ofrecer información clara para tomar decisiones conscientes, ya sea al intentar un embarazo de forma natural o al valorar opciones de reproducción asistida.

En fertilidad, el tiempo no actúa solo. La edad se combina con la salud general, los hábitos de vida y las circunstancias personales. Entenderlo permite situar cada caso en su contexto real y avanzar con mayor tranquilidad y confianza.


Preguntas frecuentes sobre edad y fertilidad masculina

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1. ¿A partir de qué edad empieza a disminuir la fertilidad del hombre?

No existe una edad exacta en la que la fertilidad masculina “caiga en picado”. En lugar de un límite claro, lo que se observa es un proceso gradual de envejecimiento reproductivo.

La evidencia científica muestra que, a partir de los 40 años, pueden comenzar a apreciarse cambios más consistentes en la calidad del semen y, sobre todo, en la integridad genética del espermatozoide. Estos cambios no afectan a todos los hombres por igual y dependen también de la salud general y los hábitos de vida.

2. ¿Puede un hombre mayor tener hijos de forma natural?

Sí. Muchos hombres consiguen embarazo de forma natural a edades avanzadas. La producción de espermatozoides se mantiene durante toda la vida adulta y la fertilidad masculina no desaparece de manera brusca.

Sin embargo, con la edad puede aumentar el tiempo necesario para lograr embarazo y disminuir ligeramente la probabilidad mensual de concepción. Por eso, aunque sea posible, el proceso puede requerir más tiempo o más apoyo médico en algunos casos.

3. ¿La edad del hombre influye en el riesgo de aborto?

La mayoría de los embarazos con padres de mayor edad evolucionan con normalidad. Aun así, los estudios poblacionales muestran que la edad paterna avanzada se asocia a un ligero aumento del riesgo de aborto, incluso cuando la edad de la mujer se controla.

Este mayor riesgo parece estar relacionado con alteraciones genéticas del espermatozoide, especialmente con la fragmentación del ADN. Es importante entender que el aumento del riesgo es relativo y no implica que el embarazo no pueda llegar a término.

4. Si el seminograma es normal, ¿la edad deja de ser importante?

No necesariamente. Un seminograma evalúa parámetros como la concentración, la movilidad y la morfología de los espermatozoides, pero no analiza la calidad del ADN.

Con la edad, el espermatozoide puede presentar daño genético interno aunque su aspecto y movimiento sean normales. Por eso, en determinados contextos —especialmente en hombres mayores de 40 años o ante fallos reproductivos— puede ser útil complementar el estudio con pruebas más específicas.

5. ¿La reproducción asistida elimina los efectos de la edad masculina?

La reproducción asistida puede ayudar a superar dificultades relacionadas con el número o la movilidad de los espermatozoides, pero no siempre neutraliza completamente los cambios genéticos asociados a la edad.

Los estudios más recientes muestran que, incluso en tratamientos con óvulos de donante joven, la edad del hombre puede influir en tasas de aborto o de recién nacido vivo. Por eso, la edad masculina se tiene cada vez más en cuenta en el asesoramiento reproductivo.

6. ¿Tiene sentido preocuparse por la edad del hombre si la mujer es joven?

Sí, aunque el impacto de la edad femenina suele ser mayor. Cuando se analiza la fertilidad en pareja, ambas edades importan, y la edad del hombre puede influir especialmente en la calidad genética del embrión.

En parejas con mujer joven, la buena calidad del óvulo puede compensar parcialmente algunos daños leves del espermatozoide, pero no siempre. Conocer este equilibrio ayuda a interpretar mejor los tiempos, los resultados y las opciones disponibles.

Autor

Francisco Carrera

Persona | Experto en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UAM) | Embriólogo Clínico certificado (ASEBIR) | Máster en Biología de la Reproducción Humana (IVIC) | Licenciado en Bioanálisis (UCV).

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